Friday, March 13, 2009

HISTORIA DE LA HOMOSEXUALIDAD


Wayne R. Dynes y Stephen Donaldson
(“Encyclopedia of homosexuality”, 1990)

Hasta el siglo XX no se conocía prácticamente nada sobre la historia mundial de la homosexualidad, ya que existía en la vieja mentalidad occidental un tabú de inspiración religiosa que impedía su investigación y divulgación. Sin embargo la investigación histórica de la homosexualidad, que empezó en Berlín en 1899, fue suprimida por los nazis en 1933 y volvió a renacer en Estados Unidos en 1950, ha conseguido sobrevivir y se ha convertido en un importante campo objeto de estudio.

Dos conclusiones destacan entre las extraídas de la información ahora existente: la primera es que en todas las sociedades humanas parece haber existido algún tipo de homosexualidad. La segunda es que existen tres tipos distintos de relaciones homoeróticas: sexo diferenciado, edad diferenciada y androfilia mutua.

Primer tipo

El tipo de sexo diferenciado es familiar para la mayoría de los europeos del Sur, pero poco a poco va perdiendo peso en el mundo occidental. En él existe una estricta división entre los papeles activos y pasivos. El macho activo (que penetra) es considerado un macho normal o típico, no está estigmatizado, y se espera que con el tiempo se case y tenga hijos. El compañero pasivo es tratado socialmente como mujer o, por lo menos, como un tercer sexo no masculino, y sigue desempeñando el mismo papel durante toda su vida. La relación imita a las relaciones heterosexuales.

Los antiguos babilonios, asirios fenicios, canaanitas y hebreos conocieron este tipo de homosexualidad, pero realmente dominó en el siglo XVIII en el Reino Unido, aunque desde el siglo XIX ha persistido como tipo de homosexualidad cada vez más minoritario en Europa y Estados Unidos. Eso sí, en Japón sigue persistiendo como tipo más característico.

Segundo tipo

En el tipo de edad diferenciada, más conocido en la antigua Grecia o en la moderna África y a menudo denominado pederastia, un hombre adulto (“normal”), se relaciona con un chico de entre 12 y 17 años, que normalmente permanece pasivo. El papel del joven termina cuando este alcanza la madurez, y lejos de encasillarse en un papel pasivo para toda la vida, la relación le prepara para convertirse en un típico hombre adulto activo. Aprendizaje que suele ir acompañado de un proceso educacional y formativo.

Hoy en día la pederastia está considerada como delito en el mundo occidental, pero es la principal forma de homosexualidad en el mundo musulmán y en zonas de Filipinas, Java y algunas regiones africanas.

Tercer tipo

Predomina absolutamente en la actualidad en EEUU y Europa, denominándose androfilia mutua. Implica una relación entre dos adultos que se identifican a sí mismos como hombres y que, al menos teóricamente, son iguales dentro de la pareja. Este tipo de homosexualidad se caracteriza por la reciprocidad en los temas sexuales más que por unos papeles prefijados.

Parece que la androfilia se extendió y desarrolló en el Reino Unido durante la revolución industrial, asentándose a principios del siglo XIX. Durante la mayor parte de este siglo, y a principios del XX, convivió con la efebofilia y otros tipos de homosexualidad previamente dominantes (pederastia y sexos Gran canarioparatorpesdiferenciados), pero a partir de la II Guerra Mundial se convirtió en el tipo dominante, siendo actualmente el tipo mayoritario.


La Grecia antigua

Según la mitología griega, Zeus está casado con Hera. Pero mientras Hera permanece fiel a su esposo, este se adentra en numerosas aventuras eróticas, como la que le llevó a secuestrar al príncipe frigio Ganímedes. Y es que los dioses del Olimpo estaban hechos a imagen y semejanza de la sociedad que los había creado, situación que cambiaría cientos de años más adelante, con la llegada de Jesús de Nazaret.

En la Grecia antigua las conductas homosexuales masculinas eran el pan nuestro de cada día. No olvidemos que los griegos practicaban simultáneamente las relaciones homosexuales y heterosexuales, tanto dentro como fuera del matrimonio. Pero a diferencia de lo que solemos pensar, la homosexualidad no fue siempre respetada en Grecia. El machismo y la hipocresía ya hacían de las suyas…

Los grandes pensadores, filósofos y, en general, los hombres famosos tenían sus amantes jóvenes (conocidos como éfebos), algo conocido y respetado socialmente, pues se concebía que el
maestro
(papel activo => masculino) enseña y quiere al alumno (papel pasivo => intersexual). Sin embargo, la figura del homosexual pasivo que sobrepasara los 16 o 17 años se veía como una perversión; un ejemplo era el desprecio que se profesaba a las ligas masculinas de este tipo, como el Tropel Sagrado de los 300 tebanos.

Esa aparente contradicción la encontramos reflejada, por ejemplo, en documentos de Platón. Por una parte afirma que “para el joven no hay felicidad mayor que un hombre valiente que le quiera, y para el hombre no hay felicidad mayor que un éfebo valiente de quien esté enamorado” (Banquete, 6). Eso sí, el mismo Platón confiesa que esas relaciones “provocarían vergüenza si sirviesen a otro fin que no fuera el cariño casto a lo espiritual y bello” (Banquete, 8,9). Para dejarlo claro, en su
Estado
(3,12) recoge que la homosexualidad es una “aberración contra la naturaleza”. Pero si a Platón no hay dios que lo entienda (solo justifica la homosexualidad pederasta), Aristóteles es más práctico; considera que las relaciones con éfebos son eficaces para evitar el exceso de población (Política, 2,10; 2,7,5), es decir que las considera como una simple satisfación sexual, lo contrario que Platón, que las justificaba por su pureza, pulcritud y espiritualidad.

De esos barros, vendrán lodos posteriores. En la sociedad occidental, se asimilarán los conceptos de homosexualidad y pederastia, lo que contribuirá decisivamente a desarrollar ideologías (fomentadas sobre todo por la judeocristiandad a partir del siglo I d.C.), que van a desplazar las conductas homosexuales al campo de la perversión o la patología, reprimiéndolas y, así, marginando a un importante sector de la población.

El hombre griego, a diferencia de la mujer, gozaba de gran libertad sexual. Las pretensiones
feministas
de Aristóteles, que proponía la igualdad de obligaciones morales, no triunfaron. En cuanto a la homosexualidad femenina, evidentemente no era admitida en ninguna de sus formas; es más, ni siquiera se hablaba de ella. Tan solo de la poetisa Safo, de la isla de Lesbos, se conservan algunos poemas que exaltan las bellezas y virtudes femeninas.

Y es que en la antigua Grecia no se comprendía la cultura de la mujer, ni el alma de las jóvenes. El interés por la formación espiritual sedirigía en exclusiva a la juventud masculina. Hermoso, en lengua griega, es el atributo con el cual se valora al joven varón. A él se le dedica la poesía amorosa, en la que se describe con todo detalle su belleza física. Por lo tanto, también en las artes menores, en los dibujos sobre jarros y vasos, se observan más figuras de adolescentes que de doncellas.

Era muy acentuada la relación del deseo y apetito sexual con la inclinación pedagógica y con la emoción estética; conceptos difícilmente comprensibles por la mentalidad moderna. A diferencia de los tiempos posteriores, en Grecia se consideraba al sexo masculino más bello que el femenino.
Para llegar a comprender el hedonismo juvenil-varonil que reinaba en Grecia, valga un ejemplo: llegó a extenderse la costumbre de que los hombres se presentaran completamente desnudos a los juegos olímpicos. Sin embargo, las mujeres no podían ser espectadoras de dichas competiciones, y ni siquiera podían acceder a los numerosos y abarrotados gimnasios.


Bibliografía:

Moral e historia (Ed. Daimon)

Escenarios de la Historia (El País Aguilar)

Larousse

Archivo mojual
Bibliografía complementaria:

Amor y sexo en la antigua Grecia, de Juan Eslava Galán (Temas de hoy)

Las bodas de la semejanza, de John Boswell (¿Mondadori?)
Posted by tomas_e at 08:25:18 | Permalink | No Comments »

HOMOSEXUALIDAD FEMENINA EN GRECIA Y ROMA


Juan Francisco Martos Montiel - Universidad de Malaga

Comparada con el ingente volumen de publicaciones científicas acumulado en los últimos veinticinco o treinta años sobre el tema general de la mujer y la sexualidad en el mundo antiguo, la bibliografía específica acerca de la homosexualidad femenina en este ámbito de estudios es, sin duda, todavía escasa 1 . Con anterioridad a esas fechas, y quitando algún lejano precedente como el capítulo VI (ipSobre las tríbadasle) del Manual de erotología clásica de Forberg, publicado en 1824, o el artículo de Kroll (ioLesbische Liebelb) para la Realencyclopädie der classischen Altertumswissenschaft, aparecido justo cien años después, más alguna que otra honrosa excepción, la cuestión del homoerotismo femenino en la Antigüedad ha sido (mal)tratada por los estudiosos básicamente de dos modos.

Uno de estos modos, probablemente el más extendido, encontraba su fundamento en un pudor hipócrita e intransigente que llevaba simplemente a evitar la cuestión o incluso a tratar de ocultarla omitiendo o tergiversando los textos. Recordemos, por no citar más que un par de ejemplos, la larga serie de enmiendas, conjeturas y otras filigranas filológicas soportadas durante todo el siglo XIX y una buena porción del XX por gran parte de los fragmentos de Safo, y especialmente por su conocida Oda a Afrodita (frag. 1), sobre todo por el participio final (ethéloisa) de su penúltima estrofa, único elemento del poema que explicita el género femenino del destinatario del amor de la poetisa:

¿A quién he de persuadir esta vez a sujetarse a tu cariño? - pregunta Afrodita a la poetisa, que le implora ayuda en sus cuitas amorosa - , Safo, ¿quién te agravia?. Porque si te rehuye, pronto te perseguirá, y si no acepta regalos, los dará, y si no te ama, pronto te amará, aunque no quiera ella.

Recordemos también, por citar un ejemplo patrio, el pudoroso escamoteo, en el volumen correspondiente de la edición agustiniana de la Biblioteca de autores cristianos (vol. III, pp. 247 ss., Madrid, 1949), de un inocente párrafo, dentro de una epístola dirigida a una 2 comunidad de mujeres cristianas, en el que el obispo de Hipona aconsejaba a las fieles abstenerse de los iotorpes juegosls de unas con otras en que suelen incurrir las mujeres (Epístolas, 211.14).

El otro modo de acercamiento a la cuestión del homoerotismo femenino en la Antigüedad, relacionado en cierta forma con el primero y extrañamente presente aún en algunos estudios recientes 2 , consiste precisamente en no acercarse en absoluto a la cuestión, sino más bien despacharla de un plumazo alegando la pretendida escasez de fuentes antiguas que tratan de la sexualidad femenina en general y de la homosexualidad en particular. Es cierto que, en comparación con la sexualidad (y la homosexualidad) del varón, la de la mujer cuenta con un número mucho menor de testimonios, la mayoría de ellos, además, escritos y concebidos por y para hombres, y a menudo imprecisos y confusos. Pero una serie de trabajos, aparecidos casi todos, como decíamos, en el último cuarto de siglo, han sabido indagar e interpretar con buen juicio las fuentes antiguas, tanto literarias como iconográficas, para demostrar, entre otras cosas, que, por muy parciales y oscuros que sean los testimonios conservados, no son en absoluto desdeñables ni inútiles para el investigador, y también que, pese a todo, no son tan escasos como a menudo se afirma. Me refiero a trabajos como los de Calame y Gentili, o los de Cantarella, Hallet o Krenkel, y en especial al extenso y documentado estudio de Brooten, por no citar más que unos pocos de los que recogemos en nuestra bibliografía final. El acopio y análisis de fuentes llevado a cabo por estos trabajos, así como la mayoría de sus conclusiones, nos permite tener hoy una visión de lo que fue la homosexualidad femenina en la antigüedad mucho más firme y nítida que la que se tenía hace tan sólo unas décadas.

Hoy sabemos, por ejemplo, o al menos es una opinión mayoritariamente aceptada, que la homosexualidad de Safo se manifiesta con claridad en sus poemas, y que, como demuestran también los partenios de Alcmán (especialmente los frags. 1 y 3) y algunas referencias posteriores 3 , debemos encuadrarla en el contexto de antiguas instituciones femeninas (existentes no sólo en Lesbos, también en Esparta y probablemente en otras zonas) en cuyo seno las relaciones homoeróticas tenían un carácter propedéutico y de iniciación, similar en muchos aspectos al que encontramos en la homosexualidad masculina. 3

Conocemos también mucho mejor la larga tradición que durante toda la antigüedad y todavía bastante después hacía de Safo una hetera homosexual (una tradición que remonta probablemente a la Atenas del siglo V a. C., donde se representaron ya algunas comedias tituladas con su nombre), y sabemos que la mala fama que tuvieron en general las mujeres de Lesbos se basaba al principio en su promiscuidad sexual (y especialmente en su virtuosismo en el sexo oral: irhacer el lesbioll ŒlesbiázeinŒ equivalía a lo que nosotros llamamos hoy iohacer el francésla) 4 , y sólo luego específicamente en su homosexualidad, en gran medida a resultas de la mala reputación de Safo: de hecho, el adjetivo lesbia siempre tuvo en la Antigüedad el sentido gentilicio, iede Lesboslc, y no el de ielesbianald (es decir, i–“homosexual femeninala), sentido que no se documenta hasta el siglo X, en un texto que luego comentaremos.

Se ha avanzado mucho, asímismo, en el análisis del material mitológico, logrando desterrar la idea, sostenida hasta hace relativamente poco por bastantes estudiosos, de que no existían mitos clásicos que se refirieran a relaciones homosexuales femeninas: la realidad es que noticias como las de Calímaco sobre las relaciones de especial afectuosidad entre Ártemis o Atenea y algunas ninfas de su séquito, o determinadas versiones de los mitos de Zeus y Calisto o de Leucipo y Dafne, en las que el travestismo del personaje masculino es el medio empleado para la seducción del personaje femenino, o episodios como el de las Dionisíacas de Nono de Panópolis, cuando Aura, una de las compañeras de Ártemis, acaricia los pechos de la diosa y alaba su belleza, o como la historia ovidiana de los amores de Ifis y Yante, en la que se describe perfectamente la pasión homosexual que abrasa a una de las protagonistas, apuntan más bien en la dirección contraria 5 .

Hemos asistido, en fin, en los últimos años a una exhaustiva recopilación de fuentes y a su estudio y análisis pormenorizado 6 , desde la poesía de Safo, de Aristófanes, de Marcial o Juvenal, desde la prosa de Platón (donde encontramos las primeras menciones totalmente explícitas a la homosexualidad femenina) 7 , de Séneca, de Plutarco o de Luciano, 4 oasando por un buen número de textos de magia, onirocrítica, astrología o medicina, hasta los abundantes textos cristianos (entre los cuales, a pesar del rechazo sin paliativos que merece esta práctica sexual, encontramos, paradójicamente, algunos de los testimonios más explícitos).

Y no podemos olvidarnos de las fuentes iconográficas, que cada vez aportan más imágenes interpretadas verosímilmente también como testimonios de la existencia de relaciones homoeróticas entre mujeres en la Antigüedad. Sin ir más lejos, ahí tenemos el importante hallazgo de las pinturas murales sacadas a la luz recientemente en las Termas Suburbanas de Pompeya 8 . En uno de esos frescos, a pesar de su deteriorado estado, puede identificarse aún un grupo erótico formado por cuatro personas desnudas, dos hombres y dos mujeres. El interés de la escena estriba para nosotros en que una de las mujeres, mientras practica la felación a uno de los hombres, está siendo a su vez estimulada oralmente por la otra: se trata, por tanto, de un cunnilingus lésbico, y es además la única representación de esta práctica que, hasta el momento, nos ha legado la Antigüedad. Debemos tener en cuenta, sin embargo, que, aunque la escena no admite objetivamente otras interpretaciones (como es el caso de otra escena de la misma serie de pinturas, que luego veremos), la relación entre las mujeres participantes puede enfocarse desde un punto de vista pornográfico más que homoerótico, pues la finalidad de la escena no parece ser otra que la de excitar la libido del espectador. Sobre esto volveremos más adelante. 5

Sin embargo, a pesar de todos esos avances en la investigación que venimos exponiendo, y aunque ya nadie pueda poner en duda o tratar de eludir la existencia de prácticas homosexuales femeninas en la Antigüedad, quedan aún algunos puntos oscuros o no lo suficientemente aclarados: cómo fue real y objetivamente la práctica del lesbianismo, cuáles eran sus motivaciones y sus consecuencias sociales, si hubo relaciones homoeróticas estables entre mujeres, si se puede hablar de matrimonios lésbicos 9 , qué papel desempeñaban las iniciaciones, ritos y celebraciones entre las jóvenes en el desarrollo de lazos homoerótcos duraderos, si estas relaciones se establecían entre mujeres de la misma edad o diferente, del mismo nivel socioeconómico y cultural o diferente, etc. A continuación vamos a centrarnos en uno de esos puntos, el de las prácticas sexuales propiamente dichas entre mujeres, y en concreto en la cuestión de la existencia o no de prácticas de coito lésbico artificial.

Según el citado Manual de erotología clásica, las prácticas homosexuales entre mujeres sólo pueden darse bajo la forma del tribadismo. Para Forberg, en efecto, las tríbadas propiamente dichas son “aquellas mujeres cuyo clítoris [–] crece hasta alcanzar un tamaño tan grande que les permite usarlo a modo de verga, tanto para la fornicación como para la pedicación” (pág. 108); este exceso de clítoris, debido, según Forberg, ioya a un capricho de la naturaleza, ya a un uso frecuentel,, impide que tales mujeres puedan ser penetradas, de modo que, cuando sienten deseo sexual, apenas pueden satisfacerse de otro modo que no sea comportándose como tríbadas (pág. 118, n. 30).

Algunos de los ejemplos más claros de estas prácticas tribádicas los encuentra Forberg entre los epigramas de Marcial. En uno de ellos, en efecto, se nos presenta a la casta Basa 10 , una mujer de cuya honestidad nadie habría osado sospechar, a la que nadie atribuía amante alguno, pues nunca se dejaba ver con hombres y siempre estaba rodeada de mujeres. Pero el poeta descubre la verdad: Basa es homosexual, y mantiene relaciones con sus amigas como si fuera un hombre (fututor). Ante esto, Marcial concluye diciéndole que «has inventado una monstruosidad digna del enigma tebano: que donde no hay hombre, haya adulterio». 6

Tanto a esta Basa como a la tribas Philaenis mencionada también por Marcial en otros epigramas 11 se le atribuyen actos que implican penetración. En la relación sexual con sus compañeras, Basa suplanta al varón con su prodigiosa Venus y se convierte, como decimos, en el jodedor (fututor); Filénide, por su parte, iatríbada entre las tríbadasl;, jode (futuis) a su amiga, imsodomiza (pedicat) a chavales (–) y, más rabiosa que un marido empalmado, se cepilla (dolat) once chavalas al día.

La mayoría de los traductores de Marcial suelen entender la expresión prodigiosa Venus referida a un clítoris anormalmente desarrollado, en la línea de la mencionada definición tribádica de Forberg. No obstante, el propio erudito alemán advierte de que no ha habido interpretes, en absoluto desdeñables, que un pasaje tan fácil como éste lo han entendido de forma tan pésima que han imaginado que Basa excitaba las vergüenzas de las otras mujeres con un pene de cuero, un ólisbosla o consolador (pág. 130). Sin embargo, a pesar de que Forberg niega vehementemente que éste fuera el caso de Basa y de Filénide, veremos a continuación que la cuestión no está tan clara.

Fijémonos, por ejemplo, en el quinto de los Diálogos de cortesanas de Luciano. Al comienzo, la cortesana Clonario pregunta a su compañera Leena si es cierto el rumor que ha oído acerca de sus relaciones con la lesbia Megila, que la ama “como un hombre”. Leena reconoce que es verdad, pero muestra su vergüenza por lo “anormal” de su relación con una mujer que es, según confiesa, “terriblemente varonil”. Ante esto interviene de nuevo Clonario:

No entiendo qué quieres decir, a menos que se trate de una invertida (hetairístria). Dicen que en Lesbos, en efecto, hay mujeres semejantes, de aspecto viril, que no quieren hacerlo con hombres y, en cambio, tienen trato con mujeres como si fueran hombres.

Luciano describe a continuación las explicaciones que, sobre su condición homosexual, da la lesbia Megila ante las preguntas de Leena, a quien intenta seducir ayudada porsu compañera Demonasa: 7

Primero me besaban como hombres, sin limitarse a juntar sus labios a los míos, sino entreabriendo la boca, y me abrazaban y oprimían mis senos; Demonasa incluso mordía mientras besaba, y yo no podía figurarme qué era aquello. Más tarde Megila, que estaba entrando ya en calor, se quitó de la cabeza la peluca, que llevaba puesta de modo muy aparente y con aspecto natural, y se dejó ver rapada hasta la piel, como los atletas muy viriles, y yo me quedé cortada. “Leenale”, me dijo, “ii¿has visto alguna vez a un joven tan hermoso?”. “No veo aquí a ningún joven, Megilal?, le respondí. “No me conviertas en hembra”, replicó, “porque yo me llamo Megilo, y llevo mucho tiempo casado con Demonasa, y ella es mi mujer”. Aquello, Clonario, me causó risa, y le dije: “iiEntonces, ¿tú, Megilo, nos has ocultado que eres un varón, como cuentan de Aquiles cuando se escondió entre las doncellas, y tienes el

miembro ese del hombre y haces a Demonasa lo que los hombres?”. “Eso no lo tengo, Leena”, respondió, “pero no lo necesito en absoluto, y vas a ver que tengo relaciones de un modo especial y mucho más grato”. “¿No serás un hermafrodita”, pregunté, “como muchos que dicen que hay, que tienen lo uno y lo otro?” [–] “¡¡Noll, contestó, “yo soy completamente varón”. “Ismenodora”,Gran canarioparatorpes le dije, “iila flautista beocia, en una ocasión en que refería cosas de su tierra, la oí contar que en Tebas una mujer se transformó en hombre, y fue un excelente adivino, creo, de nombre Tiresias. ¿No será, entonces, que a ti te ha ocurrido algo parecido?”. “No, qué va, Leena”, respondió, “yo nací igual que el resto de vosotras, pero mi forma de pensar, mis deseos y todo lo demás son de hombre”. “¿Te basta entonces con tus deseos?” le pregunté. “Entrégate pues, Leena, si no lo crees”, me respondió, “y te darás cuenta de que no me falta nada que tengan los hombres, porque tengo una cosa en lugar de miembro viril. Conque entrégate y lo verás”. Me entregué, Clonario [–]. Y luego, mientras yo la abrazaba como a un hombre, ella hacía, besaba, jadeaba, y me parecía que gozaba en extremo.

La lesbia Megila, pues, no es un travestido, ni un hermafrodita, ni tampoco una de esas raras personas que han experimentado un cambio de sexo por obra divina; ella nació mujer, pero piensa, siente y desea como un hombre. Y para actuar como tal en las relaciones sexuales con las mujeres a las que desea, se sirve de ieuna cosal, (ti) que palía su carencia meramente física y le permite tener una relación, al parecer, plenamente satisfactoria.

Por desgracia, cuando, después de su narración, Clonario pide a Leena que le aclare qué era

lo que hacía Megila, de qué modo ¡actuaba” (epoíei), Leena excusa contar esos detalles, porque son, dice, “cosas sucias” (aischrá).

Nos quedamos, pues, sin conocer detalles más precisos, y se nos plantea aquí, por tanto, con esa iscosals de Megila, el mismo problema que en el caso de Basa y su prodigiosa Venus: ¿se trata de un clítoris anormalmente desarrollado, o bien de un pene artificial, como apuntan algunos autores? 12 . La verdad es que muchos de los traductores y comentaristas de los pasajes que venimos viendo creen que en ellos se alude a un clítoris de anormales dimensiones, capaz de ejercer como un verdadero pene, en la línea de lo establecido por Forberg. Estaríamos entonces ante casos de megaloclítoris, una variante bien documentada del síndrome de Morris (malformación, normalmente hipertrófica, de los genitales, causante de la mayoría de los casos de hermafroditismo o más bien pseudohermafroditismo). Para muchos tratadistas médicos de la antigüedad, el remedio en tales casos era una expeditiva operación quirúrgica que, según éstos, eliminaba en la paciente el pretendido ardor viril que las llevaba a desear penetrar a otras mujeres. Acudamos, por ejemplo, a Pablo de Egina, un tratadista de medicina del siglo VII que escribió una Enciclopedia del saber médico en la que resumía los trabajos de Galeno y Oribasio. En esta obra, Pablo de Egina constata el hecho de que algunas mujeres tienen un clítoris excesivamente grande, lo que, según él, constituye una invergonzosa indecenciala, pues pueden llegar a tener erecciones y a mantener relaciones sexuales como los hombres. El tratamiento preceptivo en estos casos es la clitoridectomía o ablación del clítoris, una aberrante práctica, viva aún entre algunos pueblos africanos y árabes, cuya descripción, a pesar de la fría asepsia con que la expone este autor, no puede dejar de perturbarnos 13 .

Esta relación entre la afección conocida como megalocrítoris, por un lado, y el lesbianismo, por otro, tomó carta de naturaleza en los tratados médicos posteriores y ha llegado como tópico tradicional casi hasta nuestros días. De hecho, en bastantes diccionarios y enciclopedias de finales del XIX y comienzos del XX se sigue definiendo a la tríbada como “Mujer cuyo clítoris está muy desarrollado y que abusa de su sexo”.

Pero, como hemos apuntado, cada vez se va extendiendo más la sospecha de que nos hallamos en realidad ante casos de utilización de instrumentos fálicos para el coito lésbico artificial. Como es sabido, las referencias a falos artificiales (ólisboi) no son escasas en las fuentes antiguas, especialmente en las pinturas vasculares 14 . En efecto, encontramos 9 bastantes imágenes de mujeres que manejan o directamente se masturban con instrumentos fálicos, algunas en grupo (fig. 2 A), otras solas (fig. 3), o que son estimuladas con el ólisbos por un hombre (fig. 4); algunos de estos ólisboi son de doble falo (llamados amphísbainai, como el que vemos colgado en la parte superior derecha de la fig. 4), similares a esos artefactos compuestos por dos falos unidos por su base, de modo que un glande apunta en dirección opuesta a la del otro, y utilizados con frecuencia en los “números lésbicos” de la moderna pornografía, al estar diseñados para ser utilizados simultáneamente por dos mujeres. Estos consoladores dobles sugieren a Pomeroy la idea de que las prostitutas en Atenas recurrían también a diversiones homosexuales, aunque en seguida advierte que tal comportamiento no se debe extender a todas las ciudadanas atenienses: en efecto, de la constatación de que la vida sexual de estas mujeres era poco satisfactoria y las referencias, tanto en el arte como en la literatura, a la masturbación no se puede concluir de forma válida que debieran recurrir a las relaciones homosexuales para calmar su represión 15 . Téngase en cuenta, además, que la mayoría de las escenas eróticas de la ceramografía griega son probablemente fantasías masculinas, más que reflejo de las actividades sexuales preferidas por

las mujeres.

Parece razonable, no obstante, pensar que desde muy pronto se asociara la autoestimulación sexual con el lesbianismo, si tenemos en cuenta que el término usual desde época romana para designar a la homosexual femenina, tribás, proviene del verbo tríbein, “frotar, restregar”, que a menudo alude a la masturbación 16 . Y es muy probable también que desde muy pronto se asociara con la homosexualidad femenina el uso de instrumentos fálicos no sólo para la autoestimulación, sino también para la práctica del coito artificial entre mujeres, como corroboran algunos textos en los que se alude a artilugios similares al ólisbos, probablemente penes postizos, con los que ciertas mujeres se penetraban mutuamente.

Veamos a este respecto un pasaje de los Amores del Pseudo-Luciano. La obra consiste en una discusión, presentada en forma de diálogo, sobre qué tipo de amor, el heterosexual o el homosexual (por supuesto en su modalidad pederástica), es el mejor para un hombre. En una de sus intervenciones, el corintio Caricles, valedor del amor heterosexual, 11 hace en tono irónico la siguiente argumentación: si los hombres ven convenientes las relaciones con los hombres, ¿por qué las mujeres no van a tener la misma libertad para amarse entre sí?. Pero a continuación presenta una terrible imagen de todo lo que de pernicioso y rechazable tiene, en su opinión, la homosexualidad femenina, que le servirá luego para atacar con más fuerza la masculina:

¡Que se sometan al artificio de lascivos instrumentos, misteriosa monstruosidad estéril, y se acueste mujer con mujer como si fuera un hombre!. ¡Que aquel nombre que raramente llega a los oídos Œl sólo nombrarlo me avergüenz) de la lascivia tribádica se pasee triunfalmente!. ¡Que nuestros gineceos imiten a Filénide envileciéndose con amores lésbicos (androgynous éro !tas)! 17

Aunque el término tribás está ausente de las fuentes griegas hasta el siglo II d. C., sin embargo la lengua latina, a pesar de que dispuso también del calco semántico frictrix 18 , usó casi siempre el préstamo directo tribas (procedente con toda probabilidad del habla coloquial), cuyas primeras apariciones están documentadas en autores latinos del siglo I. El primero de éstos es Séneca el Viejo, en cuyas Controversias, una especie de manual de oratoria judicial, encontramos el caso de un marido que sorprendió a su esposa con otra mujer y las mató (tribadas deprehendit et occidit) 19 . El interés de Séneca por este suceso no es más que el de mostrar a sus lectores la conveniencia de que un rétor evite en sus discursos frases indecorosas, como la que pronunció el sofista griego Híbreas cuando, en su declamación sobre el caso, exponía la actitud del marido burlado, quien dijo: iiYo observé primero al hombre, por si era natural o artificiall, (engegéne !tai – è prosérrapta

¿Qué quieren decir estas oscuras palabras? ¿No será que el supuesto adúltero utilizó algún instrumento fálico en su relación homosexual? Así lo entendía Kroll, quien, tras constatar lo inseguro del texto, tradujo la oración condicional griega al latín como ioutrum penen natura habeat an adsueritla. Si fuera así, podría entenderse que el marido creyó en un primer momento que se trataba de un adúltero, lo mató, cegado por la ira, y luego, quizá sorprendido por su aspecto femenino, comprobó si el pene era natural o no. 12

Podemos pensar, pues, que tanto la prodigiosa Venus con que Basa penetra a sus amigas, como la iacosalo que tiene la lesbia Megila en lugar de miembro viril, o esos “lascivos instrumentos artificiales, misteriosa monstruosidad estéril” de los que habla el corintio Caricles, pueden ser muy bien algún tipo de artilugios fálicos, probablemente de cuero, como los conocidos ólisboi, que usarían algunas mujeres en sus relaciones homosexuales, de forma similar a esos penes artificiales, utilizados con frecuencia en los “números lésbicos” de la moderna pornografía, que disponen de un sistema de correas que permiten sujetarlos al cuerpo en la zona del pubis (su nombre técnico es “pene con arnés”, aunque a veces puede tratarse también de una pequeña faja con pene incorporado).

Aunque estos testimonios, y otros que veremos en seguida, han sido estudiados, obviamente, por Brooten y otros autores, creo sin embargo que no se ha profundizado lo bastante en este aspecto que acabo de mencionar, suficientemente atestiguado en mi opinión, y además se suele pasar por alto un texto que me parece particularmente revelador. Se trata de un pasaje del sexto Mimiambo de Herodas que confirma de modo indirecto el uso ocasional entre algunas mujeres del ólisbos como pene postizo. Como es sabido, el mimiambo gira en torno a las confidencias de dos amigas respecto a sus gustos sexuales y en concreto respecto a un consolador que una le prestó a la otra; pues bien, la alusión de Corito, una de las protagonistas, a la “suavidad de ensueño” de un par de hermosos ólisboi ilcuyas correítas son de lana y no de cuero no puede significar, en mi opinión, más que los consoladores, al menos los más sofisticados y de mayor calidad, como parecen ser éstos, incorporaban en ocasiones un accesorio indispensable para tales prácticas homosexuales 20 .

Como prueba gráfica de esto último, aparte de las representaciones de ólisboi de doble falo que ya vimos, contamos con el testimonio de una copa ática de finales del siglo VI a. C. (fig. 2 B), estudiada hace pocos años por Kilmer, en la que vemos a una mujer denuda que, apoyada en unos cojines, se inclina hacia delante con las piernas semiflexionadas (posición típica en las representaciones de coito heterosexual a tergo), mientras que otra mujer, de pechos prominentes y pezones erectos, se le acerca por detrás con lo que parece ser un ólisbos ceñido a su pelvis 21 . Más que la imagen de un hermafrodita, como pretende Brooten (pág. 58), creo que aquí es evidente la representación de un inminente coito lésbico con penetración artificial. Es cierto, sin embargo, y así lo ha advertido el propio Kilmer, 13 que esta copa, única en su género por las escenas tanto de su cara A como de su cara B, se ha conservado sólo en ilustraciones como la del Glossarium eroticum de Vorberg 22 , y que Beazley, aunque debía conocerla a través de esta obra, no la incluyó en su conocida recopilación de vasos de figuras rojas con atribución de autor 23, porque no aceptaba la atribución a Epicteto y quizás también, y sobre todo, por sospechar que se tratase de una falsificación, lo cual, unido al hecho de que actualmente la copa ha desaparecido de la Colección Castellani, en Roma, que la albergó hasta la década de los 40, podría suscitar dudas sobre la validez y autenticidad de este testimonio 24 .

Pero de lo que no cabe dudar es de que existieron prácticas de coito artificial entre mujeres, como corroboran los textos que hemos visto hasta ahora. Y aún hay otros textos, así como otras imágenes, que pueden interpretarse en este sentido y reforzar aún más esta idea. Comencemos por las imágenes. Una de ellas es una pintura al fresco procedente de los baños suburbanos de Pompeya (fig. 5), aunque debemos reconocer que su interpretación es insegura por lo que respecta a la identificación del sexo de una de las dos figuras representadas. En efecto, Jacobelli (o. c., pág. 47) la interpreta como una escena de coito heterosexual (el hombre de pie sobre el

suelo y la mujer tumbada en la cama, apoyándose en su codo izquierdo y con su pierna derecha descansando en el hombro izquierdo del hombre) mientras que Clarke (o. c., pág. 227) sugiere, creo que con razón, que “podría ser una escena de coito entre mujeres imitando una postura heterosexual bien conocida” y que “es probable que los antiguos romanos que vieran la imagen asumirían inmediatamente que la mujer que está en pie llevaría un consolador sujeto con correas a sus partes genitales”.14

Detengámonos también en una curiosa imagen que nos ofrece un kylix ático de figuras rojas procedente de Corinto y datado a finales del siglo V a. C. (fig. 6). En ella vemos a Dioniso que, vestido sólo con una túnica que le cubre las piernas y el sexo y tocado con una especie de diadema, está sentado cómodamente en una silla con respaldo, en el que apoya su brazo izquierdo, y empuña el tirso en su mano derecha; frente a él, de pie, en gesto de danza (según sugieren la posición de los pies, el gesto de las manos y dedos y el escorzo hacia atrás del tronco), una mujer que viste el taparrabo típico en las representaciones cómicas de sátiros, con falo y cola equina. La imagen, interpretada como una adoradora de Dioniso que ejecuta una danza ritual ante el dios, confirma la existencia de elementos de travestismo en los rituales dionisíacos 25. Pero, que sepamos, las interpretaciones no se han detenido en dilucidar la significación sexual que puede tener el falo postizo; todo lo más, se ha dicho, aunque de forma poco explícita, que, en el ámbito de los misterios de Dioniso, en los que «relaciones extrañas se establecen entre los sexos y subvierten las normas de la ciudad», el falo postizo de la danzarina «no deja de suscitar otras cuestiones» 26 . En mi opinión, entre esas “otras cuestiones” estaría el hecho de que tal prenda fálica podía usarse perfectamente para el coito lésbico artificial.15

Volvamos ahora a los textos, pero no sin hacer antes una pequeña reflexión sobre su naturaleza. Es cierto que la mayoría de los textos que hemos visto hasta ahora son abiertamente misóginos, y que en ellos, quizá buscando un elemento de fácil comicidad, casi de caricatura, como vemos en Marcial, se exagera bastante una práctica cuyo proceso efectivo debió de ser ampliamente ignorado. Las descripciones nunca son precisas, y esa falta de claridad podría deberse, tanto o más que a la intención del autor de no herir la sensibilidad de sus lectores, a un verdadero desconocimiento del detalle de tales prácticas. Con toda probabilidad, en este tema se vieron plasmadas las fantasías sexuales del varón y, sobre todo, los prejuicios machistas que asociaban necesariamente el goce de la mujer con el falo.

En efecto, aunque en los siglos arcaicos pudiera haber sido de otra manera, en la imaginación de griegos y romanos de época imperial la homosexualidad femenina no podía concebirse más que como ioel intento de una mujer de sustituir a un hombre, y de otra mujer de obtener de la relación homosexual, de modo completamente antinatural, el placer que sólo los hombres podían proporcionarld 27 . Sin embargo, aun siendo ciertas, como digo, todas estas consideraciones, objetivamente no podemos descartar, a la vista de los numerosos testimonios tanto textuales como iconográficos, la existencia efectiva de tales prácticas con instrumentos fálicos entre mujeres, sobre todo en los primeros siglos de nuestra era, aunque sin generalizar, desde luego, su posible uso a todas y cada una de las relaciones de homofilia femenina, sino centrándolo sobre todo en el ámbito del libre amor ejercido por algunas cortesanas y prostitutas.

Como decíamos, podemos encontrar otros textos en los que, con mayor o menor claridad, parece aludirse a tales prácticas de coito lésbico artificial. Veamos, por ejemplo, la conocida clasificación de los sueños eróticos de Artemidoro de Éfeso (Onirocrítica I 78- 16 80), que divide los actos sexuales (synousías) en: 1) según la naturaleza, la ley y la costumbre, donde incluirá la homosexualidad masculina; 2) contra la ley, y 3) contra natura. En esta última categoría, Artemidoro incluye el lesbianismo, pero, como es habitual en los textos que venimos analizando, visto desde la óptica masculina, siempre con penetración (la relación sexual entre dos mujeres es descrita con el verbo peraíno !, usado en su sentido de “traspasar, penetrar”) 28 y con claros tintes negativos (soñar con ello tiene invariablemente consecuencias desagradables) 29 .

Veamos otro texto que puede interpretarse en el sentido que estamos investigando. Pertenece a Celio Aureliano, médico y escritor romano del siglo V, traductor y divulgador de la obra principal del famoso médico griego del siglo II Sorano de Éfeso: el tratado Sobre las enfermedades agudas y crónicas. La compilación de Celio Aureliano dedica un capítulo (titulado De mollibus sive subactis, quos Graeci malthacos vocant) a tratar las características y etiología de la homosexualidad masculina, ofreciendo de paso una breve fenomenología de la actividad lésbica. La alusión a la homosexualidad femenina constituye en realidad una comparación, un ejemplo para mostrar que tal afección es propia de una mente perversa y depravada (malignae ac foedissimae mentis passio). En efecto, este autor encuentra la causa de la homosexualidad, tanto masculina como femenina, en una perturbación de las facultades mentales originada por un defecto congénito (la mezcla inadecuada del esperma del varón y el óvulo femenino) o bien por una enfermedad heredada. En las mujeres que la padecen (las mujeres llamadas tríbadas, porque practican ambos tipos de amor), la enfermedad se manifiesta en que

corren a unirse con mujeres antes que con hombres, y las persiguen con concupiscencia casi masculina (invidentia paene virili); y aunque hayan abandonado su pasión o estén temporalmente aliviadas, [–] como alteradas por una ebriedad perenne, se precipitan hacia nuevas formas de placer y, alimentadas por esa torpe costumbre, gozan con los desafueros de su sexo.

La edición de Amman (Amsterdam, 1755, pág. 544) lee pene virili, lectura que, aunque con menor fuerza desde el punto de vista sintáctico y estilístico, es no obstante de sentido perfectamente admisible, a la vista del buen número de testimonios que apuntan al 17 uso de instrumentos fálicos entre lesbianas, según venimos viendo. De hecho, así lo entiende también Dalla, quien traduce la expresión como ioprovistas de un órgano virilli 30 .

Veamos ahora otro texto al que ya aludimos antes y que, a su importancia como nuevo apoyo de nuestra tesis, añade la de ser el primero donde el gentilicio lesbia aparece usado en el sentido de homosexual femenina, tal como se entiende en la actualidad. Se trata de una nota escrita por el filólogo bizantino Aretas (del siglo IX-X) en su propia copia del Pedagogo de Clemente de Alejandría: en un pasaje en que el teólogo se lamenta de la perversión a que han llevado a sus contemporáneos el exceso y la relajación en las costumbres 31 , junto a la frase irlos hombres se dejan hacer lo de las mujeres y las mujeres se comportan como hombres (andrízontai), dejándose poseer (gamoúmenai) contra natura y poseyendo (gamoûsai) a mujeresli, Aretas escribe al margen que Clemente “se refiere a las infames tríbadas, a las que llaman también invertidas y lesbianas” (hetairistrías kaì lesbías).

El sentido del verbo gamô, y más teniendo como complemento a iomujereslo (gunaîkas), es, creo, evidente: se alude al coito lésbico, presumiblemente artificial, en la línea de los textos anteriormente analizados.

De entre el número no pequeño de otros textos en los que podría verse una alusión a prácticas de coito lésbico artificial, procedentes en su mayoría de diversos tratados astrológicos 32 , vamos a fijarnos, para terminar, en un texto de Séneca que puede conectarse con uno de los epigramas de Marcial que veíamos al comienzo de este artículo (VII 67: pedicat pueros tribas Philaenis) y alumbrar así un aspecto colateral de la cuestión: el de la mujer como sujeto de la pedicación. En efecto, al constatar este autor en una de sus cartas que las mujeres de su época tienen enfermedades que antes no tenían, lo atribuye a que han igualado a los hombres en libertinaje, y, por tanto, también en enfermedades corporales. Las mujeres de ahora, dice, trasnochan, beben y se emborrachan; incluso en el sexo han trastocado los papeles:

Ni siquiera en el deseo sexual les van a la zaga a los machos: destinadas por naturaleza a la pasividad del acto, han discurrido (¡maldíganlas los dioses y las diosas!)18 una forma tan perversa de desvergüenza que son ellas las que montan a los hombres (viros ineunt) 33 .

Forberg es meridianamente claro al comentar este pasaje: según él, Séneca se refiere a que iulas tríbadas pueden dar por el culoln. No obstante, algunos autores han tratado de enmendar el texto o bien han entendido que Séneca se refería a que las mujeres fomentaban las perversiones sexuales al introducir variantes en las posturas del coito, en concreto la de la mujer sentada a horcajadas sobre el hombre tumbado, postura conocida en la Antigüedad como la Venus pendula. Pero creo que la irritación de Séneca no sería tanta si se tratara sólo de esto, pues esa postura no era ni mucho menos novedosa, obviamente, y numerosos autores, anteriores o posteriores a Séneca, aluden a ella sin mayores críticas o en todo caso con ironía o en tono de burla.

Debemos poner ya punto final a nuestro trabajo. Espero que, a pesar de la dispersión de los testimonios que hemos comentado y de lo oscuro e inseguro de algunos de ellos, hayamos conseguido nuestro objetivo: demostrar que existieron en la antigüedad prácticas de coito lésbico artificial; quizá no haya ningún testimonio concluyente por sí solo, pero si se toman en conjunto creo que la hipótesis puede sostenerse de manera convincente. Aunque no debemos desesperar de encontrar pruebas concluyentes: tampoco había imágenes de cunnilingus lésbico (testimoniado solamente por algún epigrama de Marcial y poco más), y hace pocos años los trabajos en las termas suburbanas de Pompeya sacaron a la luz un testimonio irrefutable, como hemos visto. La verdad es que, por lo que sé, las primeras representaciones de coito lésbico artificial no se encuentran hasta finales del siglo XVIII, en algunos grabados de novelas eróticas francesas. En cuanto a textos, el primero totalmente explícito que conozco a este respecto lo contiene el penitencial de Burchard de Worms, de principios del siglo XI. Este penitencial, conocido como Decretum y que tuvo una gran difusión en su época, no es un epigrama picante o un diálogo divertido, por supuesto, sino una obra fría y calculada que no se enreda con perífrasis; el obispo de Worms utiliza las palabras justas y va directamente al grano, distinguiendo entre la autoestimulación con instrumentos fálicos, el coito lésbico artificial, y la estimulación por fricción entre ambos sexos:19

¿Has hecho lo que algunas mujeres suelen hacer, has fabricado algún aparato o artilugio a modo de miembro viril a tu medida, lo has atado con algunas ligaduras en tus partes pudendas o en las de una compañera y has fornicado con otras mujerzuelas u otras contigo, con el mismo instrumento o con otro? Si lo has hecho, cumplirás penitencia todas las fiestas de guardar durante cinco años.

¿Has hecho lo que algunas mujeres suelen hacer, has utilizado el antedicho aparato o algún otro artilugio para fornicar contigo misma a solas? Si lo has hecho, cumplirás penitencia todas las fiestas de guardar durante un año.

¿Has hecho lo que algunas mujeres suelen hacer, que, cuando quieren apagar el deseo que las atormenta, se juntan como si pudieran y debieran unirse, y juntan ambas sus sexos y frotándose así la una con la otra desean apagar su ardor? Si lo has hecho, debes cumplir penitencia todas las fiestas de guardar durante cuatro meses. 34

En la Antigüedad, sin embargo, ningún texto es tan explícito, como hemos visto. Es más, en numerosas ocasiones la referencia al lesbianismo viene rodeada de un halo de misterio, de prodigio. Recuérdese, por ejemplo, el Thebano aenigmate con el que compara Marcial, I 90.9, la relación lésbica de Basa con sus compañeras, o aquella “misteriosa montruosidad estéril” (aspóro !n terástion aínigma) a la que se refiere el Pseudo-Luciano, o la calificación de antinatural y prodigiosa que le merece a Ovidio la pasión de Ifis por Yante 35 . Como subraya Citroni (o. c., págs. 281-282), i8la condición de monstrum que tenía la relación lésbica, a diferencia de la pederástica, no se debía sólo a su menor difusión (ligada naturalmente a la diferente posición social de la mujer) sino también al hecho de que parecían inexplicables (o en cualquier caso contrarios a la naturaleza) los modos en que esta relación podía realizarse. Uno de esos modos debió ser, sin duda, el empleo de artilugios fálicos, probablemente de cuero, como los conocidos ólisboi o consoladores, que usarían algunas mujeres en sus relaciones homosexuales, de forma similar a esos penes postizos, ajustables a la cintura mediante correas, que podemos ver hoy día en cualquier sex shop.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

(las abreviaturas en los nombres de revistas son las de L™Année Philologique)

B. J. Brooten, Love Between Women: Early Christian Responses to Female Homoeroticism,
Chicago, 1996.

C. Calame, iaL™amore omosessuale nei cori di fanciullele, en Id. (cur.), L™amore in Grecia, Roma, 1988, pp.

73-85.

A. Cameron, iaLove (and marriage) between womenln, GRBS, 39 (1998) 137-156.

E. Cantarella, Secondo natura. La bisessualità nel mondo antico, Roma, 1988.

A. C. Cassio, iaPost Classical Lesbiaill, CQ, 33 (1983) 296-297.

G. Chauncey, ihFrom Sexual Inversion to Homosexuality: The Changing Medical Conceptualization of Female Deviancell, en K. Peiss Œ C. Simmons (eds.), Passion and Power: Sexuality in History, Filadelfia, 1989, pp. 87-117.

F.-K. Forberg, Manual of Classical Erotology, trad. ingl. bilingüe, Manchester, 1884 (reimpr. Nueva York,1966; ed. original en latín, Coburgo, 1824), concretamente cap. VI (ipSobre las tríbadasle), pp. 108-167.

B. Gentili, ieIl Partenio di Alcmane e l™amore omoerotico femminile nei tiasi spartanilo, QUCC, 22 (1976) 59-67.

M. Goldstein, ioSome tolerant attitudes toward female homosexuality throughout historylu, Journal of Psychohistory, 9 (1982) 437-460.

D. Gourevitch, ioWomen who suffer from a man™s disease: the example of satyriasis and the debate on affections specific to the sexesli, en R. Hawley Œ B. Levick (eds.), Women in Antiquity: new assessments, Londres, 1995, pp. 149-165.

J. P. Hallet, iaFemale Homosexuality and the Denial of Roman Reality in Latin Literaturelt, YJC, 3 (1989) 209-227.

W. E. Krenkel, irTribadenl., WZRostock, 38, 5 (1989) 49-58.

W. Kroll, irLesbische Liebeli, RE, 11.2 (1924) 2100-2102.

A. Lardinois, iaLesbian Sappho and Sappho of Lesbosla, en J. Bremmer (ed.), From Sappho to de Sade. Moments in the history of sexuality, Londres, 1989, págs. 15-35.

M. Lentano, ieLe matrone e il simulacro: Giovenale 6.303-310lO, BStudLat, 25 (1995) 74-89.

J. F. Martos Montiel, Desde Lesbos con amor: homosexualidad femenina en la Antigüedad, Madrid, 1996. Id., idEntre mujeres anda el juego: a vueltas con la homosexualidad femenina en la Antigüedadld, Tempus, 22 (1999) 35-54.

F. Mencacci, iePäderastie und lesbische Liebe. Die Ursprünge zweier sexueller Verhaltensweisen und der Unterschied der Geschlechter in Romlh, G. Vogt-Spira Œ B. Rommel (eds.), Rezeption und Identität. Die kulturelle useinandersetzung Roms mit Griechenland als europäisches Paradeigma, Stuttgart, 1999, pp. 60-80.

G. Pastre, Athenes et itle peril saphiquel,. Homosexualité feminine en Grèce ancienne, París, 1987.

W. Rösler, iöHomoerotik und Initiation: Über Sappholi, en Th. Stemmler (ed.), Homoerotische Lyrik. Vorträge eines interdisziplinären Kolloquiums, Tubinga, 1992, pp. 43-54.

1 - Sobre el tema general de la mujer y la sexualidad en el mundo antiguo, el repertorio bibliográfico más completo que conozco es el ofrecido por las rúbricas correspondientes del Gnomon Bibliographische Datenbank (la versión electrónica, obra de J. Malitz, del banco de datos de la prestigiosa revista Gnomon, desde 1925 hasta la actualidad; aparte de la versión en CD, existe otra más reducida que se puede consultar gratuitamente en internet: http://gnomon.ku-eichstaett.de/Gnomon/Gnomon.html), donde pueden encontrarse centenares de referencias con una clasificación temática bastante detallada. Respecto al tema específico que aquí nos ocupa, al final de este artículo hallará el lector una breve selección bibliográfica. A ella remitimos para las obras cuyas referencias completas no demos en el texto o en la nota correspondiente.

2 - Por ejemplo en A. Dierichs, Erotik in der Kunst Griechenlands, Mainz, 1993, quien omite toda referencia a la homosexualidad femenina basándose en la idea de que las fuentes antiguas que tratan de la sexualidad de la mujer en general ieson extremadamente reducidasle (pág. 94).

3 - Véanse, por ejemplo, Plutarco, Licurgo, 18.9: i8Tan bien considerado estaba el amor entre ellos (i. e., los habitantes de Esparta) que hasta las mujeres distinguidas y respetables amaban a las muchachasls; Ateneo, Banquete de los eruditos, 13.602e, quien incide, aunque de manera algo más ambigua, en la misma idea; o también Máximo de Tiro, quien en uno de sus Discursos (XVIII 9) compara la pedagogía erótica de Safo con la de Sócrates.

4 - Cf. las páginas 37-43 de nuestro libro de 1996, citado en la bibliografía final. En general, sobre sexo oral en la Antigüedad clásica son fundamentales los artículos de Werner A. Krenkel, irFellatio and irrumatioll, WZRostock, 29.5 (1980) 77-88, y i7Tonguingld, WZRostock, 30.5 (1981) 37-54.

5 - Las referencias de los pasajes aludidos son, respectivamente, las siguientes: Calímaco, Himnos, 3.184 ss. Y 5.57 ss. Eratóstenes, Catasterismos, 1; Higino, Astronomica, 2.1; Partenio de Nicia, Sufrimientos de amor, 15; Pausanias, Descripción de Grecia, VIII 20.2-4. Nono de Panópolis, Dionisíacas, 48.349 ss. Ovidio, Metamorfosis, 9.666 ss.

6 - En este sentido, el estudio general más completo y documentado es hoy por hoy el de Brooten, a pesar de algunas críticas puntuales que se le puedan hacer, entre ellas precisamente la de pasar por alto algunos testimonios interesantes: puede verse nuestra reseña en Tempus, citada también en la bibliografía final.

7 - Se trata de Leyes, 636c: i3machos con machos y hembras con hembrasl., y sobre todo del conocido pasaje de Banquete, 191e: i9(Las hetairístriai [término que literalmente sería algo así como “putonas”, aunque en los pocos casos en que aparece documentado se emplea siempre con el termino moderno de “lesbianas” , no prestan mucha atención a los hombres, sino que se inclinan mas bien por mujeres.

9 - Sobre este tema ha arrojado bastante luz el reciente artículo de Cameron citado en la bibliografía final.

10 - Marcial, Epigramas, I 90: i0Como nunca te veía, Basa, junto a los tíos y como ningún chismorreo te atribuía un querido, sino que a tu alrededor siempre estaba a tu completo servicio una cuadrilla de tu propio sexo, me parecía que eras, lo confieso, una Lucrecia. Pero tú, Basa, ¡horror!, eras el follador. Te atreves a acoplar dos coños idénticos y tu ¿prodigioso clítoris? (prodigiosa Venus) simula al hombre. Has inventado una monstruosidad digna del enigma tebano: allí donde no hay hombre, que haya adulteriold. Salvo ligeras modificaciones, las traducciones de los epigramas de Marcial son las de A. Ramírez de Verger y J. Fernández Valverde para la Biblioteca Clásica Gredos (vols. 236-7, Madrid, 1997).

11 - Cf. Marcial, Epigramas, VII 67 (iISodomiza a chavales la tríbada Filénide, y más rabiosa que un marido empalmado se cepilla a once chavalas al día. También juega arremangada a la pelota y se pone amarilla de arena, y levanta con brazo ágil pesadas halteras para atletas, y embarrada de la hedionda palestra se somete a los golpes del untoso entrenador; y no come ni se tumba antes de vomitar siete chatos de vino, a los que piensa que puede volver cuando se ha comido dieciséis albóndigas. Después de todo esto, cuando se pone cachonda, no la mama Œesto le parece poco virilŒ sino que devora con ansia la entrepierna de las chavalas. ¡Que los dioses te den, Filénide, la mentalidad que te corresponde, a ti que crees viril lamer un coño!lp) y VII 70 (iIFilénide, tríbada de las propias tríbadas, con razón, a la que te follas, la llamas amiga.ls). Este último epigrama juega con el doble sentido (amiga, amante) de la palabra amica.

12 - Cf., por ejemplo, G. Vorberg, Glossarium eroticum, Stuttgart, 1928, pág. 654, en el caso de Megila, y, en el caso de Basa y de Filénide, M. Citroni en su comentario al libro I de los Epigramas de Marcial (Florencia, 1975, pág. 284), o H. D. Jocelyn, ioDifficulties in Martial, book Ilo, Papers of the Liverpool Latin Seminar, 3 (1981) 277-284, en pp. 280-281.

13 - Pablo de Egina, Enciclopedia del saber médico, VI 70 (perì nymphotomías): “Algunas mujeres tienen el clítoris tan grande que resulta de una indecencia vergonzosa. Según refieren ciertos tratadistas, algunas tienen erecciones como los hombres y sienten deseos de copular. En tales casos, colocada la mujer boca arriba, sujétese con la pinza la parte sobrante del clítoris y córtese con el escalpelo, procurando extirparlo de raíz para que no se produzca hemorragial,. Es mucho más detallada la descripción conservada por Aecio, médico del siglo VI d. C. que escribió un compendio de las obras de Oribasio, Galeno, Sorano y otros médicos de renombre, aunque en el pasaje (XVI 115.3-8), extractado del médico del s. II Filúmeno, no se hace ninguna alusión a la homosexualidad: tras describir la naturaleza y localización del clítoris, se dice que en algunas mujeres crece en exceso, lo que constituye una indecencia y una vergüenza (como dirá también Pablo de Egina), y que esta anomalía genital, con el roce continuo de la ropa, produce excitación y despierta el apetito sexual, por lo que los egipcios acostumbran a extirparlo a las muchachas justo antes de entregarlas en matrimonio; el resto del capítulo explica con detalle el desarrollo de la intervención quirúrica.

14 - Para los testimonios, tanto literarios como vasculares, sobre el uso del ólisbos en la Grecia antigua, pueden verse Werner A. Krenkel, irMasturbation in der Antikelr, WZRostock, 28.3 (1979) 159-178, St. Santelia, iuDa Sofrone a Eronda: tradizione di un motivo letterariol., CL, 5 (1989) 73-78, J. Henderson, The Maculate Muse, Nueva York-Oxford, 1991 2 , págs. 221-222, Eva C. Keuls, The Reign of the Phallus, Berkeley-

15 - Sara B. Pomeroy, Diosas, rameras, esposas y esclavas. Mujeres en la antigüedad clásica, trad. española, Madrid, 1987 (ed. inglesa original: Nueva York, 1975), págs. 106-107.

16 - Vid. referencias en Henderson, o. c., pág. 176, y J. N. Adams, The Latin sexual vocabulary, Baltimore, 1982, pág. 183. Cf. el calco latino frictrix, muy poco usado frente al prestamo tribas, y también la explicación etimológica que ofrece Aretas (sch. ad Luciano, Diálogos de cortesanas, 5.2) del término griego tribádas: “quizás por el hecho de que se masturban mutuamentel. (aischrôs allé !lais syntríbesthai). El testimonio del léxico Suda, s. v. ólisbos, es igualmente claro respecto a la asociación de las homosexuales con estos artefactos: Pene de cuero que usaban las mujeres de Mileto, como tríbadas y rameras; lo usaban también las viudas.

17 - Pseudo-Luciano, Amores, 28. Aunque el término griego andrógynos se refiere normalmente a hombres con el sentido de ieafeminado, maricaln, también puede tener el significado de “lésbico”, según nuestra traducción, si va referido, como aquí, a amores femeninos, o el de ielesbianal,, cuando se aplica directamente a una mujer (cf. Artemidoro, Onirocrítica, II 12: gynaîka andrógynon).

18 - Aunque ya Marcial, XI 29, 8, utiliza el verbo fricare en sentido obsceno, la primera aparición de frictrix no se documenta hasta Tertuliano, De resurrectione carnis, 16, y De pallio, 4.

19 - Séneca el Viejo, Controversias, I 2.23: i.Híbreas (–), cuando pronunciaba su alegato sobre aquél que sorprendió a unas tríbadas y las mató, comenzó por describir los sentimientos del marido, algo en lo que no se debería exponer una averiguación tan indecorosa: «Yo miré primero al hombre, para ver si era natural o artificial»l..

20 Herodas, Mimiambos, VI 67-72: i7La verdad es que a mí, al verlos (porque vino con dos, Metró), se me saltaban los ojos de ganas; a los hombres (aprovechando que estamos solas las dos) no se les pone tan tiesa la pilila. Y no sólo eso: una suavidad de ensueño, correítas de lana y no de cuero–la. La misma interpretación sostienen G. Koch-Harnack, Erotische Symbole. Lotosblüte und gemeinsamer Mantel auf antiken Vasen, Berlín, 1989, pág. 133, y A. Rist, iiThat Herodean diptich againlh, CQ, 43 (1993) 440-444. 21 Martin F. Kilmer, o. c., pág. 30 y fig. R141.3, B.

21. -Martin F. Kilmer, o.c., Pág 30 y Fig. R141.3, B.

22 - G. Vorberg, o. c., pág. 409.

23 - J. D. Beazley, Attic Red-Figure Vase-Painters, Oxford, 1963 2 ; tampoco la incluyó en sus Paralipomena,

Oxford, 1971 2 .

24 - Martin F. Kilmer, o.c., pág. 29. Sin embargo en la página citada del Glosarium de Volberg solo aparece la cara A de la copa en cuestión y Kilmer nada dice al respecto de la cara B; de hecho, de esta cara B sólo tenemos el breve comentario de Kilmer y su ilustración, pero ninguna otra referencia, lo cual la hace aún mas sospechosa. En un principio, yo pensé que la explicación de esta “imagen fantasma” estaría en que Kilmer habría citado el libro de Vorberg refiriéndose no a la reimpresión publicada en Roma en 1965, que es la que yo manejaba, sino a la reimpresión hecha en Hanau en el mismo año, que tiene, según Kilmer, “sustanciales diferencias en las ilustraciones”. Sin embargo, tras haber examinado con detenimiento la reimpresión de Hanau, no he encontrado por ningún lado reproducción alguna de esa cara B, por lo que pienso que la única posibilidad es que el dibujo completo apareciera en la edición original de la obra de Vorberg (1932) y fuera luego parcialmente suprimido en ambas reediciones.

25 - Cf. A. Kossatz-Deißmann, ioZur Herkunft des Perizoma im Satyrspiellß, JDAI, 97 (1982) 65-90, especialmente pp. 84-88, quien cita otra escena similar en un fragmento de vaso hallado en Mileto y aporta abundante bibliografía; véase también el comentario de Eva C. Keuls, o. c., pág. 392.

26 C. Bérard - C. Bron, irLe jeu du satyrelr, en el vol. colectivo La cité des images. Religion et société en Grèce antique, Lausana, 1984, pp. 127-146, en pp. 139-41.

27 - E. Cantarella, pág. 220; cf. G. Pastre, pág. 19, citada también en nuestra bibliografía final.

28 - John J. Winkler, The constrains of desire. The anthropology of sex and gender in ancient Greece, Nueva York-Londres, 1990, págs. 8 y 39, piensa que en esta referencia de Artemidoro no puede hablarse de lesbianismo stricto sensu, dado su falocentrismo: ialas relaciones sexuales entre mujeres están prácticamente desprovistas de significado en la clasificación de Artemidoroló, y su formulación en palabras sólo es factible usando el lenguaje de la actividad masculina.

29 - En un libro egipcio de onirocrítica para mujeres se dice también que, si una mujer sueña que tiene relaciones con otra, acabará mal: cf. L. Manniche, Sexual Life in Ancient Egypt, Londres, 1987, pág. 22.

30 - D. Dalla, Ubi Venus mutatur. Omosessualità e diritto nel mondo romano, Milán, 1987, pág. 216, n. 7.

31 - Clemente de Alejandría, Pedagogo, III 3.21, 3: i:La molicie lo ha trastornado todo. El exceso de vida regalada ha deshonrado al género humano: todo lo busca, todo lo violenta, confunde la naturaleza, los hombres se dejan hacer lo de las mujeres y las mujeres se comportan como hombres contra natura dejándose poseer y poseyendo a mujeres.

32 - Por ejemplo Fírmico Materno, Mathesis, VII 25.1; Ptolomeo, Tetrabiblos, III 15.8-9; Vecio Valente, 73.8-10; Pseudo Manetón, I (V) 31-33 y IV 358.

33 - Séneca, Epístolas, 95.21. En sentido obsceno, el verbo inire significa iipenetrarl. o iicopularll, pero su utilización en el lenguaje ganadero para referirse a los animales le da el matiz irónico y despectivo de i˜æmontarle, iacubrirlo: cf. E. Montero Cartelle, El latín erótico. Aspectos léxicos y literarios, Sevilla, 1991, pág. 126, n. 3. Obsérvese, por otra parte, que Séneca utiliza aquí para referirse a la nueva perversión ideada por la corrupción femenina la misma forma verbal (commentae) que empleará Marcial, I 90, para referirse a la enigmática relación de la tríbada Basa con sus compañeras (commenta): cf. M. Citroni, o. c., pág. 284.

34 - Burchard de Worms, Decretum, XIX 5 (= Migne, Patrologia Latina, vol. 140, 971D-972B).

35 - Véase también, por citar otro ejemplo al que no nos hemos referido anteriormente, la expresión méga thaúma (i.gran prodigiol_, irgran maravillal,), con que se refiere el Pseudo Manetón, I (V) 32, a la homosexualidad femenina

Posted by tomas_e at 08:24:32 | Permalink | No Comments »

HOMOSEXUALISMOS Y FIN DE SIGLO


Por Florence Thomas *

«Si es difícil vivir, es aún más difícil explicar nuestra vida». Marguerite Yourcenar

«Gay is okey». Consigna homosexual

En los últimos 40 años de este siglo que agoniza, todos y todas fuimos testigos de fantásticas mutaciones de la sociedad moderna. Entre ellas, una de mayor significación e impacto es, muy seguramente, expresada por los encuentros entre hombres y mujeres en la intimidad, desde el cuerpo, el deseo y la palabra; en efecto, la revolución de la condición femenina por medio de su inaugural deseo de ser, de existir y de hablar ha transformado hondamente la manera como hombres y mujeres se encuentran y se juntan hoy, y ha provocado un cambio más radical a lo largo de estas cuatro últimas décadas, que durante los dos mil años que las precedieron. En relación con el amor y la sexualidad, las normas se trastocaron, muchos códigos se derrumbaron y nuevas estrategias, cada vez más individuales, se multiplican a sabiendas de que todas pueden aspirar hoy a una misma legitimidad y a un mismo reconocimiento social, aun si todavía estamos lejos de aceptarlo, por lo menos en Colombia.
No obstante, el camino está abierto; este camino hacia el derecho a ser y sentir lo que uno o una quiere ser y sentir; el derecho a existir y el derecho a que su palabra sea tomada en serio. Y, como ya lo anunciaba, si uno de los géneros sabe algo de esto, es el femenino. Esta mutación la ha luchado, la ha vivido, la vive todavía día tras día. El hecho de ser mujer, sicóloga y feminista, y en consecuencia interesarme por los movimientos sociales específicamente el movimiento social de mujeres, me otorga entonces, creo yo, alguna legitimidad para hablar de la cuestión homosexual.
Por otra parte, feministas y homosexuales compartimos o deberíamos compartir muchas estrategias de lucha, tanto en el campo teórico como en la militancia cotidiana; en este sentido el movimiento gay y lesbiano nunca me ha sido indiferente, así que he tratado de seguir con alguna vigilancia su recorrido. Además creo que hoy en día nadie, quiero decir ningún ciudadano o ciudadana del mundo moderno, puede estar alejado de los gays y de las lesbianas. Su misma visualización colectiva en la cultura urbana por medio de una estética, de un destape paulatino pero seguro en los espacios públicos, en los medios, en las calles y en los bares, nos obliga a reflexionar sobre la cuestión homosexual porque ahí están: amigos o amigas, hijos o hijas, aunque podríamos decir y sobre esto volveremos más adelante que las homosexualidades se encuentran hoy en todas partes, menos en la familia… Pero ya nadie puede obviar del todo su existencia. Alimentan temáticas de cine, de teatro, de novelas, y de cada uno de los campos de la estética. Ahí están, querámoslo o no, sin importar si podemos responder a la pregunta de si nacieron o se hicieron homosexuales. Están, y al igual que para los heterosexuales el protagonista de su relación es el amor, el mismísimo amor con todos sus goces y estragos, su sexualidad, exactamente como la heterosexual, se ha construido subjetiva, histórica y culturalmente.
Me alegro de que los gays y las lesbianas estén ahí; me alegro porque vuelven a dar sentido a muchas de las grandes cuestiones de la ciencia social en este fin de siglo, a muchos de los interrogantes sobre la modernidad y la posmodernidad; de nuevo le dan significado a la cuestión del poder y de las especificidades de la dominación simbólica que se ejerce todavía sobre las mujeres, y con más fuerza sobre ellos y ellas, los gays y las lesbianas; vuelven a cuestionar todos los ordenamientos históricos naturalizados a lo largo de los siglos; vuelven a cuestionar, tal como lo hicieron los movimientos feministas, lo incuestionable; nos ayudan a vivir en un mundo en el cual todo lo que pensábamos imposible se torna posible. En este sentido el movimiento social de mujeres y el movimiento gay y lesbiano nos devuelven la fe en las utopías.

De lo natural a lo cultural o de la historicidad de las sexualidades
Volver al paso de un orden natural a un orden cultural me parece importante cada vez que necesitamos recordar que la única naturaleza de los seres humanos es la cultura, o que recurrir a la ley natural como lo hacen todos los detractores del feminismo o de las homosexualidades no tiene sentido. No existe tal ley natural y hoy sabemos que, exactamente de la misma manera como no hay naturaleza femenina o naturaleza masculina, tampoco existe una ley natural del amor o de la sexualidad. Ni la masculinidad, ni la feminidad, ni el amor, ni el erotismo son naturales; todos estos conceptos son constructos culturales e históricos. Volver a la ley natural como principio de argumentación es retornar al orden de lo biológico, a la lógica del instinto, de la cópula del macho y de la hembra que no pueden sino reproducir ciegamente la especie, fuera de toda ética, fuera de toda historia y, por ende, sin ninguna posibilidad de transgresión, que es lo que posibilita la cultura, la ley y, en general, los dispositivos ideológicos de una sociedad.
En efecto, desde que este extraño «mutante humano», en un proceso que duró millones de años, se levantó sobre sus dos piernas y empezó a habitar el mundo, ya no sólo perceptual y sensorialmente sino también en forma conceptual gracias a la liberación de la palabra, del símbolo y por tanto del deseo, nunca más volvería a someterse simplemente a la lógica del instinto o de la pura necesidad. Desde que el macho y la hembra cedieron el paso al hombre y a la mujer, seres hablantes, soñadores y constructores de futuro, seres de memoria y por consiguiente de amores difíciles y a menudo contrariados, la ley natural del instinto y de la cópula se volvió insuficiente para explicar la complejidad de lo humano, en particular en materia de sexualidad, de deseo, de erotismo, de placeres y de prácticas de sí, conceptos que pertenecen definitivamente a la cultura.
Poco a poco, y a medida que se alejaban los puros determinismos biológicos en los cuales están encerradas todas las especies animales, la naturaleza de lo humano se volvió cultura y se creó un orden de interpretación ya no sólo biológico sino predominantemente simbólico. Un orden en el cual en cuanto al tema que nos interesa hoy ya no existe un objeto sexual específico a la necesidad, ni respuesta exacta a la demanda de amor, porque como dice Michel Foucault se problematizó el sexo en sexualidad, que es mucho más que sexo, porque pasar de éste a aquélla es pasar del acto puro, sencillo y aséptico, a la demanda, que es demanda de amor, a la relación que es palabra, interpretación, construcción de un otro o una otra de deseo, de un otro u otra fantaseado dentro de un contexto histórico y ético que son los que precisan, ordenan y disciplinan ahora nuestros encuentros.
Significa por consiguiente que al perder la respuesta exacta a la demanda de amor, cualquier objeto sexual puede volverse objeto posible y que, en materia de opción sexual, la heterosexualidad representa sólo lo que ha sido más fuertemente normatizado y disciplinado por una cultura, o dicho en otras palabras, la actitud más comúnmente adoptada por presión cultural. Nos permite entonces recordar la historicidad de los dispositivos de la sexualidad gracias, entre otros, al monumental trabajo de Foucault sobre el tema.
Sabemos hoy que cada época pensó, moldeó y codificó la sexualidad según esquemas a veces profundamente distintos; en este sentido Foucault nos recuerda que cuando nos preguntamos sobre la legitimidad de la homosexualidad, nos podríamos preguntar así mismo sobre la legitimidad de la heterosexualidad, sobre su invención y sobre los discursos que la construyeron e instalaron en cuanto realidad normativa. Por supuesto sabemos que el confort de la normatividad nos vuelve particularmente perezosos en el campo intelectual y por eso preferimos recurrir a una presunta ley natural. Pero en los Estados Unidos, país que tiene una larga tradición de movimientos y estudios gays y lesbianos, uno de los pioneros de estas investigaciones, Jonathan Katz, escribió La invención de la heterosexualidad, libro que fue seguido de numerosos trabajos articulados a esta idea de una «invención» o «construcción» histórica de la heterosexualidad. Además hoy la sexualidad, gracias a la contracepción y la interrupción voluntaria de la gestación, por cierto no legalizada todavía en nuestro país, es un fin en sí misma y se separó radicalmente de la reproducción. La heterosexualidad así evolucionó hacia una sexualidad no reproductiva, tal como la homosexualidad; en este sentido podríamos hablar de un lento pero seguro acercamiento en los modos de vida de los heterosexuales y los homosexuales, y preguntarnos de verdad cuál es la gran diferencia entre ellos, ellas y nosotros.

Ilegitimidad, clandestinidad y discreción. Esta nueva mirada (nueva para nosotros, porque es importante recordar que sobre la cuestión y los estudios homosexuales las universidades colombianas y la sociedad en general se muestran tan reticentes hoy como lo fueron frente a los estudios feministas hace algunos años) nos explica en parte por qué hoy se habla frecuentemente de Queer Studies o Estudios Queer para designar los estudios que buscan desnaturalizar las categorías tradicionales de la sexualidad. Queer, palabra que significa originalmente «raro», «anormal», «extraño», se utiliza entonces para designar todas las sexualidades. Todas: gays, lésbicas, bisexuales, travestis, transexuales, heterosexuales, son queer; todo lo que podía parecer natural también es queer. Nosotros y nosotras, los tan sanos heterosexuales, también somos queer por el simple hecho de que no somos ni más ni menos naturales que los homosexuales. Esto, por supuesto, no nos autoriza a soñar todavía. Si esta mirada que nos centra en la historicidad de todos los dispositivos de la sexualidad y nos permite relativizar la posición de las homosexualidades, la forma particular de dominación simbólica que conoce la comunidad homosexual, gay y lésbica, es aún muy arraigada y resistente, más en un país como el nuestro en el cual apenas existe un movimiento organizado militante y en el que cualquier existencia legítima, pública y reconocida es todavía prácticamente imposible a pesar de alguna visualización que aceptamos y toleramos, siempre y cuando ésta se quede en el campo de la discreción.

Y como lo muestra el sociólogo francés Pierre Bourdieu, en uno de sus trabajos sobre la cuestión, la discreción solicitada a la comunidad gay es exactamente la violencia simbólica. La discreción consiste en recordarles hasta el cansancio a los y las homosexuales que sigue existiendo una sexualidad legítima dominante, y unas sexualidades ilegítimas toleradas. En general es cuando los gays y lesbianas reivindican visibilidad, que vuelve a solicitárseles, en el mejor de los casos, discreción o disimulación. Sin embargo Christine Delphy, en un artículo titulado «El humanitarismo republicano en contra de los movimientos homo», opina lo siguiente:

Gran canarioparatorpes

«La discreción es la doble vida, la clandestinidad en tiempo de paz. Pero ¿sí puede existir tiempo de paz para mujeres y hombres que viven siempre al acecho y en peligro, que temen ser desenmascarados o desenmascaradas, estigmatizados o estigmatizadas, cuando no agredidos tan pronto son desenmascarados? Y, puesto que nadie se esconde cuando nada tiene que disimular, los y las homos terminan por creer que están haciendo algo mal. La discreción es también estar solo; es mentir un poco, mucho, en acción, en omisión. Aun a sus amigos, a sus amigas. La autoestima no resiste mucho a este tratamiento. Vivir en el miedo, en la mentira, en la soledad, en el desprecio de sí. Esto es lo que imponen a los y las homos los liberales progresistas que piden discreción».
Todos nosotros, tan progresistas, tan liberales y especialmente tan sanos heterosexuales, es lo que les pedimos día tras día a los gays y a las lesbianas.
Y ni hablar de las familias, puesto que si el discurso público cambia, éstas siguen siendo el lugar de más resistencia y fuente de más dramas; anunciar una sexualidad diferente a sus padres sigue siendo una catástrofe, un cataclismo de enormes proporciones. La familia continúa siendo el escenario, el lugar de más violencias simbólicas por ser todavía portadora y reproductora de los valores más tradicionales de la sociedad; en relación con la familia, la homosexualidad significa, más que en ningún otro lugar, aislamiento y soledad. Como lo expresa de manera tan contundente Frederic Martel en su libro Lo rosado y lo negro, todos los homosexuales tuvieron un día la experiencia de «no sentirse en casa en su casa». La familia y, en menor grado hoy, la sociedad obligan a una verdadera esquizofrenia de las prácticas de vida de los homosexuales. Algunos no lo soportan y cortan todos los puentes familiares para vivir en guetos; otros se enferman o adoptan comportamientos sexuales de enormes riesgos. Sin embargo, nada de esto figura como temas de estudio ni para la sicología ni para la sociología, por lo menos en nuestras universidades.
Y a propósito de esto es interesante anotar que los estudios gays y lésbicos conocen más o menos la misma historia que los estudios feministas. Muchas interrogaciones son las mismas, muchas resistencias vienen de los mismos lugares y se expresan casi de igual manera. El feminismo todavía figura como una especie de sarampión contagioso y subversivo, y el homosexualismo como otra enfermedad vergonzosa que bien podría estar en el mismo saco de las plagas de fin de siglo. Incluso desde la universidad, desde el saber académico, los muros de contención a estas temáticas son de una solidez a toda prueba, o casi… y si tenemos hoy una maestría en estudios de género en la Universidad Nacional (por supuesto nos tocó llamarla así para no asustar a los patriarcas del saber… si la hubiéramos llamado «Estudios feministas», nos habría tocado luchar siete años más, ¡y teníamos afán!), ¿por qué no pensar entonces que pronto, dependiendo de la fuerza del movimiento social de gays y lesbianas, podrán abrirse módulos o cursos relacionados con los estudios gays?
Se trata, ni más ni menos, de hacer progresar el saber en cuanto realidades que existen y siempre existieron, pero que fueron desconocidas o subestimadas por la investigación. Y contrariamente a lo que puede pensarse, no se intenta crear una cultura gay o lésbica, pues ésta siempre existió. Se trata entonces de hacerla visible para el saber por medio de estudios históricos, sociológicos, antropológicos o sicológicos, a sabiendas de que este campo de investigación y de reflexión se refiere al conjunto de saberes sobre la sexualidad en una cultura dada y su profunda interrelación con los discursos jurídicos, políticos, médicos, pedagógicos, estéticos. Interesarse por la sexualidad es interesarse obligatoriamente por las homosexualidades y por todos los discursos relacionados con ella, de la misma manera como interesarse por la historia de la humanidad era obligatoriamente interesarse por las mujeres y visualizar su particular condición histórica; sin embargo, hubo que esperar varios siglos para que el feminismo y el movimiento social de mujeres lograran fracturar un saber patriarcal autosuficiente y sordo a una realidad que habitaba en su mismo corazón desde siempre: lo femenino. Y si mal no recuerdo, esta historia es por dar valor y tenacidad a los gays y a las lesbianas. La lucha es dura y larga, pero en este fin de siglo de escenarios y sujetos inesperados, el camino está ya entreabierto tanto para las mujeres como para los gays y las lesbianas, aunque obviamente tendrán que superar muchos obstáculos; a este respecto la organización Amnistía Internacional publicó recientemente un informe sobre violencias y persecuciones contra los gays y las lesbianas en todos los países del mundo en el que concluye que ellos y ellas representan una comunidad en peligro. Los problemas por resolver son muchos y entrañan enormes retos: preguntarse sobre el sentido de la comunidad gay, sobre su guetización o no guetización, su militantismo, sus luchas políticas, académicas, jurídicas, de visualización, sus luchas afectivas desgarradoras, prácticas de sí novedosas; todos estos deben ser temas de sus agendas de trabajo… Pero para no desanimarlos, sepan que en la última «gay pride», realizada en París el verano pasado, desfilaron cerca de 200.000 gays y lesbianas reclamando, entre otras consignas, el reconocimiento social y jurídico de las uniones homosexuales. Actualmente la ministra de Justicia francesa está preparando un nuevo contrato de unión social, abierto a todos y todas los homosexuales, el cual se estudiará en el Congreso en los próximos meses (los homosexuales de los países nórdicos ya obtuvieron los mismos derechos que las parejas heterosexuales casadas). Salir del closet vale la pena.

De la admiración, solidaridad, envidia y… algo más. Desde una óptica feminista, los homosexuales y hablo ahora de los homos hombres nos interpelan tal vez porque nos dan una esperanza frente a la posibilidad de una masculinidad diferente. Claro que ahí voy a soñar despierta, porque la amplitud y complejidad de las sexualidades nos impide una única caracterización de los gays, y sé que dentro del movimiento o del conjunto de los gays encontramos desde homosexuales que nos reconcilian con el género humano y paradójicamente con una cierta masculinidad, hasta homosexuales supermachos y tenazmente misóginos. André Gide nos recuerda a este propósito que «la homosexualidad, exactamente como la heterosexualidad, comporta todos los grados, todos los matices: desde el platonismo hasta la suciedad, desde la abnegación hasta el sadismo, desde la salud gozosa hasta la morbosidad, desde la simple expansión hasta todos los refinamientos del vicio». Y por supuesto, desde mi militancia de feminista, no podría solidarizarme con toda la gama de los homosexualismos o transexualismos; no podría solidarizarme con un grupo que reproduce, dentro de la variedad de los gays, lo más execrable de una cultura patriarcal misógina, desde el insoportable orgullo de ser un penetrador, y sólo un penetrador, reproduciendo finalmente todos los estragos de la heterosexualidad para la cual penetrador y penetrada perpetúan la dominación simbólica del uno sobre la otra, o el otro, en el caso del homosexual penetrador. ¡No me pidan lo imposible! En este sentido nunca seremos suficientemente prudentes con la terminología y con la tentación de reducir la complejidad de las homosexualidades, en un conjunto homologador que nombra sin reparo al homosexual. ¿Cuál homosexual?
Ahora bien, creo, o más exactamente, quiero creer, que el camino de la mayoría de ellos va en contravía de la más clara opción heterosexual del patriarcalismo que, como nos lo mostró de manera tan contundente Elizabeth Badinter, impone como regla inevitable de una educación machista la que repite de mil maneras distintas a los varoncitos que ser hombre es, ante todo, no ser mujer, y que para lograrlo es necesario mutilarse lo más posible de su feminidad, alejándose del mundo de lo femenino y asegurando finalmente su virilidad «teniendo mujer», que es la mejor manera de no ser mujer. En otras palabras, ser macho es ser heterosexual, pues consiste en haber enterrado en lo más hondo de su ser su feminidad, esta tan dulce feminidad hecha de caricias, juegos y olores del patio de atrás de su pequeña infancia. Ser macho es nunca más revelar esta enorme y contradictoria atracción por el mundo de lo femenino, y la solución más radical a esta imprescindible ambivalencia es la heterosexualidad, es decir, tener mujer para no ser mujer.
Los homosexuales tienen el valor de desordenar y subvertir el disciplinamiento de la sexualidad oficial, recordándonos a todos y a todas nuestra bisexualidad; nos recuerdan que fue la cultura la que presionó a los varones para seguir el camino de una masculinidad definida por una serie de marcadores culturales que sirven a un orden profundamente patriarcal. En el cuerpo del otro, el homosexual ama y desea un conjunto de signos que simplemente no responde a los estereotipos determinados por una cultura. Aman una mirada la de un hombre, una expresión la de un hombre, un olor masculino, el grano de una piel de hombre; aman un discurso, un momento, un silencio… Imaginemos el escenario: están los dos sobre la cama, después de hablar durante horas de todo lo posible e imaginable; de repente, uno de los dos empezó a acariciar al otro, suavemente, despacio, en silencio. No podían fingir más: había que hacerlo, simplemente. Luego, agotados pero felices, se durmieron en seguida. Nunca se habían sentido así, tan bien… Si inventé este escenario no fue para convencerlos de que esta situación es exactamente igual a un escenario heterosexual, pues no hay nada más distinto que el mundo masculino y el mundo femenino; por consiguiente, no me atrevería a comparar la química amorosa homosexual con la heterosexual. No obstante, sí creo que son escenarios equivalentes en los cuales los cuerpos hablan, el deseo circula y el amor, simplemente, es el amor.
Admiro el valor de los gays en este camino porque, a diferencia de los heterosexuales, les faltan códigos, normas y un orden cultural que prevé instituciones que dan movimiento a sus amores y que no puede afincarse en la generación de un hijo o una hija. Francisco Alberoni, en su libro Enamoramiento y amor, dice al respecto:
«El que ama a un joven siente que su amado, un día, puede desear a una persona del otro sexo y, sobre todo, querer un hijo que él no puede darle. La presión de la cultura, el hecho de estar siempre acosado, en el fondo, por el otro sexo, el hecho de no poder dar un hijo, hace que el enamoramiento homosexual tienda a menudo a permanecer como tal, como enamoramiento, sin lograr convertirse en amor sereno, duradero».
Y amo también a estos gays que tienen una mirada distinta sobre las mujeres, que nos hacen sentir que hay una posibilidad para la amistad entre hombres y mujeres y que son capaces de ver en la mujer a una amiga y no sólo el eterno refugio materno o un abismo, una madre o una puta, la una demasiado potente y la otra demasiado infernal. He sentido a veces, con homosexuales asumidos y gozosos, amigos míos, esta otra mirada sobre lo femenino, y he apreciado con ellos una amistad fresca y sincera, cosa tan difícil de encontrar en hombres heterosexuales.
En cuanto a las lesbianas, estas mujeres separadas por fin de la costilla de Adán, estas rebeldes radicales que tienen el enorme coraje de afirmarse sin reactivar su valor en la mirada o el deseo de un hombre y sin instalarse en el eterno registro de la demanda, me parecen admirables. Admirables por su fuerza frente a la castración, por su desmitificación del pene erecto como única promesa para la mujer. Admirables porque luchan de manera transparente y radical contra todas las narrativas de la cultura en las cuales el patriarcado obstaculiza de mil maneras, desde las más burdas y vulgares hasta las más sutiles, el reconocimiento y la autoridad femeninos. Sí, las admiro porque luchan sin tregua contra la agotadora mundialización de la realidad de los hombres; ellas, desde mi feminismo conciliador y a menudo tan contradictorio, me interpelan muy especialmente. Las lesbianas son así porque las otras mujeres hacen sentido en ellas, porque por fin las mujeres se vuelven signos en el espacio simbólico y de este modo modifican todos los referentes, todos los códigos y la red de signos diseñada por un sistema androcéntrico.
Así mismo, su propuesta de desorden simbólico es ante todo una propuesta sexual. Afirman un erotismo de piel, mucho menos genital, mucho más sensual; un erotismo de tacto y no de táctica, de palabras y no de silencios hablo de los silencios masculinos del amor .Afirman un erotismo de senderos misteriosos y no de caminos conocidos de antemano; un erotismo que pasea, que circula para durar más, que se distrae y se encuentra con playas desconocidas, aldeas misteriosas, veredas perdidas que son nuestra patria oculta o por lo menos exiliada por una sexualidad oficial tan masculina; un erotismo sin afanes ni soluciones precisas, sin lugar preciso a dónde llegar; un erotismo que busca «olasmos» y no orgasmos (que, definitivamente, es un concepto masculino), olasmos que no se verán truncados por una eyaculación siempre anticipada. Sí, ellas deconstruyen todos los cánones de la sexualidad oficial, esta sexualidad que se construyó desde un cuerpo masculino, articulada a la erección, la acción, la penetración, la genitalidad y la muerte. Esta sexualidad de hoy que necesita Viagra para no agonizar… De verdad la propuesta lesbiana pone en tela de juicio toda la gramática sexual, enreda las referencias fantasmáticas y, subvirtiendo todo, simplemente invita al viaje, a la aventura….
Creo que, aun si es difícil confesarlo en un mundo tan androcéntrico, muchas mujeres envidian la sexualidad de las lesbianas. Yo, sin ser lesbiana, pues siento que el disciplinamiento cultural de mi deseo ha sido tan magistral que no tengo ya el valor suficiente para desordenarlo, confieso que envidio profundamente su erotismo que, de hecho, no puedo sino intuir, con el riesgo evidente de equivocarme. Lo único que puede salvarme en esta descripción de la erótica lésbica es ser mujer, sentir como mujer, reconocerles autoridad a las mujeres, creer en sus palabras y reconocerme como una crítica existencial del sistema y la lógica en la cual me tocó vivir; además de cualquier manera comparto, como casi todas las feministas, muchos elementos de lucha con ellas, entre otros esta construcción de un devenir femenino que no transita obligatoriamente por la maternidad, que se inaugura como sujeto de deseo, que construye nuevos espacios de solidaridad entre las mujeres, estos espacios para el «entre ellas», para el «nosotras», para la «sororidad» (y no la fraternidad) después de miles de años de rivalidad. Un devenir femenino que busca transformar lo simbólico, la escritura, la palabra, la imagen y la representación de lo femenino.
Feministas y lesbianas se emancipan de las ideas de docilidad, de pasividad y de conformismo generalmente atribuidas a lo femenino. Ellas aún representan lo no pensado de lo real, ese no pensado que está empezando a ser pensado. Es decir gays y lesbianas, como familias homosexuales, como contratos de unión con los mismos derechos que cualquier contrato heterosexual, como derechos de adopción y tantos otros que tienen todavía que luchar, ya que sólo será por esta vía que, poco a poco, podrán acceder al más fundamental de los derechos: el derecho a la indiferencia. Y esto es pensar lo no pensado.
Finalmente, para volver a los gays y las lesbianas como movimiento social, me parece importante que se acerquen al movimiento social de mujeres, específicamente a las feministas, que tienen ya una experiencia recorrida en organizaciones, en luchas políticas y jurídicas, en producción teórica y en estrategias de inserción social y política. Deploro a menudo la insolidaridad de los homosexuales, sobre todo de los homos masculinos, con las reivindicaciones del movimiento feminista, como si nuestras luchas no fueran a menudo muy similares; incluso podríamos mencionar su insolidaridad con sus hermanas de lucha: las lesbianas. Deploro que no entiendan que el feminismo también representa una ocasión histórica de lucha contra una dominación simbólica, contra un poder patriarcal heterosexual que nos concierne tanto a homosexuales como a feministas; movimiento feminista, movimiento gay y movimiento lésbico luchamos por la apertura de otros encuentros relacionales, afectivos y eróticos; por otra escritura, por otra palabra, por darle nuevas posibilidades a este mundo que agoniza. Deploro el machismo exacerbado de algunos grupos de homosexuales, afortunadamente no mayoritarios.
Como decía al principio, no me pidan lo imposible, y sobre todo no me pidan entrar en contradicciones con mis luchas y mi militancia. No apoyaré ni me solidarizaré nunca con los homos supermachos y penetradores, ni con ninguna ideología ni grupos excluyentes. Pero sí me siento muy solidaria con los bisexuales, los gays, las lesbianas, los transgéneros que entendieron que todo lo que es bueno para las mujeres es bueno para la humanidad entera, así como también con los homosexuales que incluyen en sus reivindicaciones las luchas de otros grupos vulnerables y golpeados por una historia patriarcal, heterosexual y burguesa.
Pero no terminaré con una nota pesimista sino recordando reflexiones de Michel Foucault, quien declaraba en una entrevista en el año 1981 que «la homosexualidad era una ocasión histórica para reabrir virtualidades relacionales y afectivas». Foucault no veía la homosexualidad como una especie humana singular, sino como una posición marginal, estratégicamente privilegiada, a partir de la cual sería posible inventar nuevas formas de relaciones consigo mismo y con los otros. «Ser gay es ser en devenir», diría un poco más tarde, en 1982. De alguna manera él nos proponía esforzarnos en devenir gay o lesbiana en el sentido de posicionarse en una dimensión que permite que nuestras escogencias sexuales tengan efecto sobre el conjunto de nuestra vida, haciendo de ellas verdaderos creadores de nuevos u otros modos de vida. Esforzarse por devenir gay significaba para el gran filósofo, entonces, rechazar modos de vida impuestos, oponer resistencia a la regulación sexual y, al mismo tiempo, transformar nuestras opciones sexuales en operadores de un cambio de existencia. De alguna manera devenir gay significa des-anclar y abrir el espíritu.
Los gays y las lesbianas son portadores de una enorme capacidad transformadora, pues ellos y ellas nos incitan a cultivar en cada uno de nosotros, en cada una de nosotras, la voluntad de ir más allá y de actuar sobre nuestro propio futuro. Necesitamos a los gays y a las lesbianas para entrar al nuevo milenio con una voluntad clara de reencontrarnos con todas las potencialidades de lo humano, sabiendo que no hemos explorado todavía ni la décima parte del camino.

Bibliografía
Alberoni, Francisco, Enamoramiento y amor, Gedisa, 1984.
Varios, Les études gay et lesbiennes, París, Ed. Centre Pompidou, 1998.
Revue Esprit, No 11, Novembre 1996.
Foucault, Michel, La voluntad de saber.
Le Monde, varios artículos.
Revista Gaceta No 12, Bogotá, Colcultura, 1991.
Conferencia pronunciada en el III Seminario Nacional sobre Ética, Sexualidad y Derechos Reproductivos, organizado por Cerfami. Medellín, 13 y 14 de agosto de 1998.
ENTREVISTA A UN HETEROSEXUAL
Javier Sáenz*

¿Cuándo descubriste que eras heterosexual?.
Bueno,eso es algo de lo que te vas dando cuenta poco a poco. A los 12 o 13 años,en el colegio, notaba que me fijaba en las chicas; incluso tenía una maestra que me parecía muy guapa, pero por supuesto no me atrevía a comentarlo con mis compañeros. Luego, en el instituto, cada vez estaba más claro que deseaba a las mujeres; eso hizo que me sintiera fatal, pues en casa, en el colegio y en la parroquia nos habían dicho siempre que la heterosexualidad era algo horrible, que era pecado, cosa de anormales; así que yo lo vivía entonces como una monstruosidad.

¿Y cómo tuviste tus primeras relaciones heterosexuales?.
Fue bastante complicado, porque no estaba seguro de que también hubiera chicas heterosexuales; es más, ninca había visto alguna. El caso es que unas vacaciones fui a veranear a Sitges, y paseando por la playa, al anochecer, vi que había bastantes chicas y chicos solitarios mirándose, e incluso en parejas. Una chica me dio conversación y a las pocas horas estábamos haciendo el amor en la arena. Ella fue quien me introdujo en el ambiente heterosexual.

¿Qué opinas de los bares de ambiente heterosexual?.
No sé qué decirte. Por una parte están bien, porque son bares donde puedes ligar con una chica sin que la gente se ría de ti, y donde sabes que las chicas también son como tú. Pero, por otra parte, creo que generan una especie de gueto; ahí puedes ligar con chicas, pero fuera, en la vida cotidiana, nada cambia; te sigues reprimiendo y ocultando tu heterosexualidad.

¿Te costó aceptar tu heterosexualidad?.
Sí, mucho. Al principio te echas, piensas que eres una especie de anormal o enfermo porque oyes siempre a tus amigos y a todo el mundo reírse de los heterosexuales, y te han educado para que no concibas que un hombre y una mujer puedan quererse. Luego ves que hay mucha gente como tú, y conoces que en otras culturas o en otras épocas la heterosexualidad es una conducta como cualquier otra. Entonces empiezas a preguntarte cómo se ha generado tanto odio contra algo tan hermoso como el amor entre hombres y mujeres, y no lo puedes entender. Además, la gente a menudo tiene mucho miedo de ti cuando se entera pues piensa que quieres violar a las chicas o algo así; la verdad es que me cuesta comprenderlo. Creo que es una cuestión cultural, porque que cada sociedad tiene conductas racistas o de segregación, y ésta es una de ellas. Es curioso cómo te enseñan a vigilar tu propia conducta, a percibir tus sentimientos como algo específico, como algo raro.

¿Qué opinas de que los heterosexuales lleguen a tener los mismos derechos que los demás ciudadanos?.
Creo que debe ser una conquista fundamental. Supongo que, con el tiempo, la sociedad se dará cuenta de que no es justo que simplemente por ser heterosexual, una persona no pueda gozar de los mismos derechos básicos que tienen otras parejas, como casarse, disfrutar de subsidio de vivienda, tener ventajas en alquileres, hacienda o para comprar casa, derechos de herencia o simplemente para trabajar; es como si tu vida de pareja no fuera verdadera, como si fuera de segunda clase. Hay empresarios que cuando descubren que eres heterosexual te despiden o, por el contrario, no te contratan. En realidad me gustaría que la orientación sexual no dependiera del Estado ni de las leyes. Ni siquiera creo demasiado en esas categorías de homosexuales que desearían tener relaciones con chicas y no se atreven por miedo: lo viven en la clandestinidad. Yo creo que la sexualidad, sea lo que sea eso, es algo mucho más diverso y complejo que lo que nos enseñan. Cada uno es un mundo, no somos binarios como los ordenadores.

¿Qué opinas de las declaraciones de Juan Pablo II condenando la heterosexualidad como pecado?.
Eso es una barbaridad. El papa pertenece a una especie cavernícola que espero que se extinga con los años. El catolicismo oficial siempre ha sido muy duro contra la heterosexualidad (bueno, no siempre según Boswell), pero es increíble que a fines del siglo XX el papa siga atacando esta conducta sexual. Creo que está haciendo mucho daño, porque esas opiniones tienen influencia sobre un sector de la sociedad.

Tú eres maestro de profesión; ¿tu condición sexual te plantea problemas en tu vida laboral?
Sí, en la medida en que tengo que ocultarlo a toda costa. Incluso si a veces adopto ademanes masculinos o viriles, se me escapa la voz grave, etc., en seguida empiezo a ser sospechoso. Muchos padres piensan que los varones heterosexuales nos dedicamos a corromper a las niñas (o niños, si es una mujer), que somos un peligro para la socialización de sus hijos, o algo así (no me extraña que lo piensen, dada la imagen con que se nos presenta en las películas: sicópatas, drogadictos, etc.). Creo que si se educara a los niños desde pequeños en la diversidad, sin patrones cerrados de sexualidad, su vida futura sería mucho mejor. Me hace gracia ver a amigos presuntamente progresistas y revolucionarios que, sin embargo, no dejan de hacer comentarios agresivos contra los heterosexuales, y usan las típicas expresiones insultantes como «machote», «torero», «tío», «ése tiene cojones», «los tiene bien puestos», «pecho lobo», etc., cuando ven a alguien con pinta de heterosexual.

Como heterosexual, ¿tienes miedo a contagiarte del sida?.
Esa es una pregunta perfectamente estúpida. El sida se transmite por vía sexual, sea cual sea la orientación sexual de la persona. Este enfoque sensacionalista de la prensa y las películas de que el sida afecta más a los heterosexuales es falso, y la sociedad debería saberlo; la categoría de grupos de riesgo es absurda, pues lo que existen son prácticas de riesgo. He visto seis películas sobre el sida este año, y en todas ellas el protagonista, enfermo de sida, era heterosexual. ¿Qué te parece?

¿Tus amigos saben que eres heterosexual?.
Digamos que en eso tengo la suerte de contar con unos amigos estupendos, con pocos prejuicios sobre el tema, a quienes por supuesto no les he ocultado nada; incluso conocen a mi novia y no perciben esto como algo anormal. Es más, con el tiempo algunos de ellos me dijeron que también eran heterosexuales. Pero aparte de los amigos, a menudo es duro no poder ir por la calle de la mano de mi mujer, ni besarla, ni mirarla como se mira a alguien cuando lo quieres. Esa vigilancia de uno mismo te duele, te sientes controlándote, pensando siempre en el que dirán.

*Por petición expresa, hemos omitido el nombre de la persona entrevistada.

* Florence Thomas. sicóloga de la Universidad de París. Coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional de Colombia. Autora, entre otros libros, de Los estragos del amor (1994) y Conversación con un hombre ausente (1997).


Margarita Pisano


Antes que existiera o pudiera existir cualquier clase de movimiento feminista, existían las lesbianas, mujeres que amaban a otras mujeres, que rehusaban cumplir con el comportamiento esperado de ellas, que rehusaban definirse en relación a los hombres, aquellas mujeres, nuestras antepasadas, millones, cuyos nombres no conocemos, fueron torturadas y quemadas como brujas. Adrienne Rich. Todo está procesándose en la historia y está ese viejo tema del amor, la pareja y los límites Las mujeres hemos sostenido largas luchas externas e internas con nuestras capacidades, de querer ser actuantes de nuestros deseos, de entendernos mujer y entendernos mujeres en colectivo; nuestros diálogos internos, fundamentalmente, han sido de feminidad a feminidad, es decir de construcción patriarcal a construcción patriarcal de este deber ser sobre nuestro cuerpo mujer. El diálogo mujer/mujer es aún un pendiente, pues el dialogo que existe, el que hace memoria, el que hace la historia, es el femenino/femenina. En este diálogo prima la ajenidad de la mujer, es un diálogo «del otro», es el acondicionamiento al amor patriarcal, nunca el amor entre mujeres como conjunto pensante, pues aun dentro de la construcción del amatorio hemos sido apartadas. Hemos tenido que declararnos inteligentemente medio tontas para existir y permanecer en el prado marcado y señalizado de la feminidad y, esto tiene más trascendencia de lo que a primera vista aparece como una treta de sobrevivencia, sobrevivencia que es a cuesta de nuestra dimensión humana, pensante y actuante, es a cuesta de este diálogo mujer/mujer. Mientras no seamos capaces de interrogar el diseño del modelo que «han hecho otros de nuestra erótica», de nuestras formas de erotizarnos, mientras no seamos capaces de aceptar y crear otros modelos, de abrir la atracción entre mujeres, abrir la necesidad de entrar en diálogos corporales y erotizados con una otra igual, no nos amaremos a nosotras mismas, no nos amaremos como mujeres y, fundamentalmente, no nos respetaremos como género. Cuando nos interrogamos, recién comenzamos a meternos en el mundo, recién comenzamos a romper la propia misoginia -con una misma y con las otras-; antes es un estar como de invitada, convidada a un sistema que piensa por nosotras, que se erotiza con nuestros cuerpos, no con nosotras, sino con esa extrañeza sobre nuestro cuerpo mujer con que nos han signado, siempre un poco afuera, fuera del mundo, fuera de la cultura, fuera de la política y fuera de nuestro propio cuerpo. Me preocupan esas mujeres que se declaran profundamente heterosexuales, que divinizan el cuerpo masculino, aunque sea ese mismo cuerpo que adoran el que las ha sometido a la secundaridad como especie, el que las menosprecia. Esta otra memoria velada de nosotras, que existe, que es parte de nuestra historia, es toda una cultura subsumida en la «feminidad». Existe una atracción entre mujeres, justamente por toda esta ajenidad a la que hemos sido sometidas, un deseo que podríamos asociarlo a la pasión más que al amor, a la solidaridad o a la amistad entre mujeres, este deseo de aprender /aprendernos, de conocer/nos, de descubrir/nos. Desde el lugar de la pasión, quién sabe, sea posible entender/nos y entender las cosas que nos pasan entre mujeres. Desde la feminidad construida es muy difícil entender esta pasión entre mujeres, pues la memoria está borrada y no se deja circular, porque indiscutiblemente el sistema instala la feminidad misógina, que propone el odio hacia nosotras mismas, el menosprecio, aunque algunas veces nos eroticemos en este espacio tan significado. Por esto cuando nos erotizamos en este espacio tan significado de la feminidad, quedamos estacionadas, no cambiamos nada más que «el cuerpo de la erótica». La dimensión de la pasión y su memoria dentro de nosotras existe, tenemos que encontrar/la y significar/la en el tiempo, hay que registrarla y hacerla salir del lugar de la nada, ya que el patriarcado tiene una especial preocupación de borrarla, de eliminarla incluso de la memoria de nuestros propios cuerpos porque allí radica su vigencia, allí constituye su poder. Es nuestra responsabilidad, nuestro desafío, entender y construir esta dimensión del deseo/pasión/de conocer/nos. Podría afirmar que toda mujer conserva esta otra memoria/inmemoriada, que su forma de relacionarse con otra mujer está traspasada de este contenido. Nada podría proponerse desde el feminismo y, en especial, desde el feminismo radical, si no pasara por recuperar «esta otra historia» de mujeres.En todo ser humano existe la potencialidad de traspasar los límites culturales establecidos de la heterosexualidad y, sólo si acepta esta potencialidad podrá deshacerse de los prejuicios contra las lesbianas y los homosexuales y, me atrevería a afirmar, que más allá de romper con los prejuicios, asumiendo esta potencialidad no estática de la erótica, podrá empezar recién a limpiarse de la misoginia del sistema y esto no es el mismo ejercicio que ejecutan los hombres ni los hombres homosexuales, pues ellos siempre se han amado a sí mismos y armado misóginamente, estén donde estén. La amiga íntima y nuestros pequeños incidentes lésbicos Las mujeres tenemos siempre una amiga íntima, una otra que nos contiene, una aliada y es con esta otra que se cruzan nuestros pequeños incidentes lésbicos, inmediatamente negados. Esta negación se enraiza en la sensación de terror de descubrirse pensando o sintiendo la pasada del límite de lo permitido en la formación de los modelos de la erótica y la ética/moral establecida. Se paraliza ante la sanción inminente del sistema, se niega a sí misma, para no ser denegada dos veces por el patriarcado: una por ser mujer y la segunda por ser lesbiana. Otras no tantas que rehusan cumplir con el comportamiento esperado, son las minorías rebeldes que nos hacen valientes, son las que transitan y asumen el lesbianismo y aquellas que se abren a comprenderlo de verdad.Una gran parte de los problemas que tenemos para hacer amistad entre mujeres pasa por esta pasión/deseo de conocer/nos, esta pasión no reconocida, no historiada, ni aceptada aun en los niveles más profundos de nuestra conciencia. La pasión/deseo al ser negada y constantemente postergada se transforma en rechazos, traiciones y odios tremendos fuera de la razón y del tiempo, pues es «la otra» la detonadora de esta pasión/deseo sancionada, es la idea de la Eva tentadora del mal, la que hace caer al hombre, y que esta vez funciona para nosotras, es la Eva nuestra. Es, pues, difícil construir una amistad, que no esté prejuiciada y permeada de esta prohibición misógina de amarnos. ¿Qué memorias no recordadas arrastramos, qué historias de sensaciones de quemas y pérdidas de nosotras mismas traemos por querernos, qué mandatos al fin de odiarnos, sin siquiera entender lo que nos pasa? Lesbianismo/parejismo/espejismo¿Cómo querernos de otra manera sin los roles, sin las inseguridades, sin las demandas de propiedad/fidelidad, sin el drama, el tango, sin el bolero, sin el secreto, sin deslealtades, sin traicionarnos constantemente? Es en este espacio amoroso entre mujeres donde podemos reinventar otras formas de amor, este «otro amor», ese sospechado de «otra cultura», donde nos sepamos mujeres pensantes y no inventadas por otros, dónde rediseñar otras formas de convivencias entre seres humanas/os que no sea la pareja del dominio. Puesto que el amatorio es masculinista, «la construcción de la pareja está patriarcalizada en el dominio», y el patriarcado está en su salsa con esta construcción convencional del amor parejil. Arma esta escasez de amor en un discurso del amor grande, único, de a dos, en pareja y para siempre, que al final mata los amores, a unos por culposos y a otros de tanto amor; instala el dolor, no el amor. Es como el cuchillo de Robin Hood, porque Robin Hood clava el cuchillo del amor, del buen amor, del amor salvador que poco a poco se va confundiendo con el cuchillo de Jack el Destripador, y una muere siempre de alguno de estos dos cuchillazos, duelen lo mismo, matan lo mismo. La estética, la belleza del amor patriarcal está simbolizada en la esclava/la dominada, la más bella de todas: la dominada. La que no ocupará el sitial de la reina, la depositaria del deseo que no es la metáfora de la reina, pues la reina es la madre de los hijos, la continuadora del linaje, la segunda (siempre) después del rey, la guardiana de sus intereses, la custodiadora de su poder y de los valores que lo sostienen. Esto sigue vigente, aunque pinten a las reinas y a las esclavas de todos los colores, de todas las modernidades. La estética y la ética de la lesbos es por el contrario la horizontalidad, porque en esa horizontalidad suceden los intercambios persona a persona. Este espacio amoroso debemos dibujarlo, inventarlo, tenemos que narrarlo para que vaya construyendo un saber-amar-otro, para que vaya acumulándonos en sociedad de otra manera, con otra ética y otra estética. Debemos tener cuidado de no readecuar la pareja, creyendo que inventamos otro modelo, esto no sería más que un reacomodo al mismo fango patriarcal. La cultura vigente nos hace sentir que somos diferentes, que nuestras construcciones de pareja son diferentes, al mismo tiempo que nos sumerge a todos en sus costumbres y sus valores, haciendo que todos, de una u otra manera, repitamos los mismos modelos. Reinventar otro tipo de relación/amor conlleva el hecho de repensarnos a nosotras mismas, repensar nuestras formas de relacionarnos, repensar las estrategias parejiles y esto tiene una regla -si es que podemos hablar de reglas- y es saber no engañarnos a nosotras mismas, y cuando hablo de engañar, no hablo de infidelidades ni fidelidades sino de no disfrazar nada, de no esconder nada, ni protegernos, ni proteger a otros; esto tiene una dosis grande de valentía, de riesgos, de asumirse sin protecciones propias ni ajenas; tiene a una descubridora, una aventurera dentro y nada es intocable, nada es incuestionable, nada es sagrado; tiene un objetivo claro y profundo de hacerte expresada, libre y más humana… y esto no hay que confundirlo con hacerse más buena, porque generalmente es todo lo contrario, pues el «buenismo» amortigua, esconde todo, niega todo; se arma desde el sacrificio y la hipocresía… A estas alturas del cuento, muchas ya sabemos lo difícil y doloroso que es… no contar finalmente el cuento… cuando tenemos otro cuento. Si no reestructuramos, realimentamos, rediseñamos, rehumanizamos y repensamos el espacio lésbico, caemos de rodillas en la exaltación patriarcal del romántico amoroso sentimental donde creemos estar lejos de la traición de los hombres, exaltando la feminidad-feminidad: el amor sin límites dentro de la irracionalidad; el amor sentimental, sacrificado, incuestionable, sagrado; el amor en sí mismo como contenido de honestidad, de intereses comunes; este amor que no se piensa, como si no tuviera una persona responsable detrás con sus valores, su cultura, sus proposiciones, su propia biografía y es, precisamente aquí, donde el patriarcado tiende la trampa, pues no es el hecho de romper el límite de la erótica establecida, la transgresión, sino el pensar dicha transgresión, diseñar estrategias para que tal transgresión no sea como todas, recuperada.Si no nos detenemos a repensar la pareja, que es la base del clan familiar patriarcal donde se aprende el poder sobre las personas, estaremos repitiendo el modelo, es decir, buscaremos casarnos, legitimarnos ante el sistema, tener hijos, y si no tenemos hijos suplir la carencia con gatos o perros que serán cuidados como si fueran niños; en fin, la cadena no se detiene en establecer las imitaciones de la familia, la familia de mentira que es peor que la familia de la consanguinidad, y no estoy diciendo que no haya que querer a los niños o a los animales, sino no usarlos como suplentes, ni confundirlos como tan fácilmente lo hacemos, de tratar a los niños como animales y a los animales como niños. La pareja existe porque existe la lógica del dominio y el juego de la pareja es el juego de dominio patriarcal; de ahí el tópico de: «En el amor y en la guerra todo se vale»: tener servicio secreto, tener cautivos, rehenes, estrategias, asaltos, traiciones, planificación de ataque, inmolaciones, derrotas, victorias, etc. Estas maniobras en la guerra se disfrazan tras el halo heroico salvador, lo mismo que en el amor; sin embargo, en el plano amoroso todas estas maniobras son pintadas de novela rosa. Esta cultura no entiende ni construye seres completos y en sí mismos, libres y autónomos, por el contrario, los hace carentes de tal manera de tener que completarse en otro/otra, dependiendo siempre de otro/otra y esto además lo construye socialmente. Una persona sin necesidad de completarse en un otro/otra, con proyectos y deseos independientes está en desventaja ante el sistema, al mismo tiempo que está en completa ventaja hacia a sí misma, está con el poder de diseñar su vida, está en la libertad. Sin embargo, el sistema que está armado para la pareja, sanciona esta libertad del diseño de la propia vida, los ve casi tenebrosos, pues el sistema está pensado para dos y, además, está pensado para la pareja reproductiva, no para individuos, no para sujetas/os que se van modificando en el tiempo con la vida, sino para sujetos estáticos y conservados de a dos. Muy distinto es hablar de la libertad de estar, amar y transitar acompañado con un otro/otra, que estacionarse en una pareja patriarcalizada con la proyección de por vida, repitiendo el modelo de la propiedad. El sistema arma la pareja (matrimonio) de tal manera que: uno tiene el poder y el otro el contrapoder (roles que se invierten, que no siempre son estáticos). Cautiva a las personas con el mandato de la seguridad que proporciona la fidelidad, con la propuesta y el anhelo de eternidad, con lo cual esta construcción basada en el amor, termina por encerrar el amor y matarlo. Debemos entender que esta construcción del amor no la armamos las mujeres aunque seamos las más atrapadas en ella, nos instala los propios guardianes de la feminidad, al que rendir cuentas, al que explicarle y justificarle: por qué miraste, por qué no llegaste, por qué pensaste, por qué te fuiste, por qué volviste, por qué soñaste, por qué gritaste, por qué te rebelaste. Los otros modos, los otros ensayos de convivencias son invisibilizados y castigados por el sistema, pues el sistema está vigilado (Foucault). Como lesbianas, tenemos una historia gestual de vida que va más allá del relato amoroso vigente. Por ello, sumergirse en una pareja ya significada, tiene muchos costos, costos de vidas enteras, del mismo modo que salirse de las actuales formas de amar con sus fidelidades y lealtades también tiene costos de vidas enteras, no sabemos hacerlo, no hay modelos, no hay registro -a pesar de haber muchos ensayos silenciados-, no tenemos idea de cómo hacerlo; con tantas inseguridades, carencias y miedos con que nos socializan, lo sufrimos todo, porque solamente estando sumergidas en el drama nos sentimos vivir y morir al mismo tiempo. El drama atrapa, impide cualquier reflexión que no pase por los estados obsesivos del dolor, pues la cultura vigente está basada en el dolor-sufrimiento. No hemos resimbolizado la vida y menos el amor como para vivirlo de otra manera, no hemos desentrañado las proyecciones de propiedad sobre otra persona y para que exista una otra/o como propiedad, pues debe existir una propietaria/o, una depositaria de nuestro sacrificio de entregarnos, e insisto en que el sacrificio es una trampa y hasta que no descubramos lo tramposo que es este sistema sufriente, seguiremos permeados del sacrificio de unos por otros… y no estaremos saliendo de toda la hipocresía antagónica del sistema… No quiero que nadie se sacrifique por mi ni quiero sacrificarme por nadie, no creo en mártires, ni en cruces para construir el respeto de lo humano. Recreando parejas sacrificadas no se construye el respeto y esto es un gesto profundamente político. Es necesario romper nuestras necesidades tan profundamente inscritas con argumentos culturales biologicistas de complementaridad, ya que éstos han llevado a entender el amor solamente en su dimensión reproductora, protectora y cuidadora de la pareja heterosexual, tan funcional a un sistema capitalista y neoliberal. La pareja lésbica que debiera romper profundamente esta construcción cultural, se enreda mucho más que la pareja heterosexual, tan instalada y legitimada: por un lado, se mantiene en un medio totalmente hostil que hace que se unan, se protejan, se encierren la una a la otra como una condición de sobrevivencia y protección ante el medio. Por otro lado, al salirnos de este amor reproductivo y de dominio, tomamos el discurso del romántico amoroso sentimental. El hombre que es el infiel por naturaleza, ya no está, no es requerido, ni esencial en el juego amoroso, por lo tanto, si nos juntamos dos mujeres que somos «la fieles por naturaleza», las que «sí sabemos amar», «las que amamos sin límites», traducimos estas fidelidades en clausuras, le ahorramos la clausura al sistema, nos sistematizamos, «nos ordenamos» en pareja, nos perdemos como personas individuales, nos simbiotizamos con la otra en un gesto siamésico, quedando todas las alternativas de libertad, de amor, de vida, de eros, clausuradas, pues la pareja es una construcción cultural creada por los hombres en aras de sus seguridades y acomodaciones sociales; es la reducción minimizada del poder, por ello está siempre en crisis y, aunque nos empeñemos en esconder dicha crisis, cada cierto tiempo volverá a aparecer en el horizonte, alucinada con otros eros, otros despertares corporales, otros deseos de libertad. La pareja ya significada hace a la gente perder no sólo el amor, sino el deseo de aventura, de aventurarse en otros seres, de aventurarse a inventar nuevas sociedades, nuevas culturas, nuevas formas de relacionarse. Hace desaparecer aquel anhelo de la comprensión, y es justo allí donde aparecen los seres rotos por dentro y por fuera, toda esa cantidad de seres humanos que no están vigentes, pues depositaron en otro/a toda su capacidad erótica, amorosa y creativa, y sin ese otro/otra se trasforman en seres amputados y esto que pareciera que pertenece al mundo del amor, al mundo privado, es del mundo concreto, de la vida cotidiana que construimos como sociedad.¿A quién le estamos entregando el poder sobre nosotras? ¿Cuánto rato en la historia respondimos a la familia, la que juzga, mal/ama y finalmente nos instala en una sociedad a su imagen y semejanza? ¿Cómo poder vivir nuestros amores y desamores, de tal manera que sean una propuesta de respeto humano y libertad más allá de las protecciones y de los sacrificios de los moldes de propiedad y fidelidad patriarcal? El día que tengamos un lenguaje de narración propio de la sexualidad de las mujeres, propio de la sexualidad lésbica -no el lenguaje de la negación que hemos tenido hasta ahora, no el lenguaje de la sexualidad legitimada y profesionalizada, hoy tan de moda, resguardada constantemente en sacralidades- podremos limpiar este espacio y lograr que sea diferente. El amor no es uno sólo en la vida, no nace de generaciones espontáneas, existe un hilar de amores, como de collares, que se van engarzando en el tiempo. Cada uno tiene un sentido, cada uno trae una propuesta, en cada uno va quedando un pendiente, y todos estos pendientes, acumulados, reservados en el tiempo son los que aparecen reales y concretos en el presente amor y éste del presente va a constituir, a su vez, hacia el futuro otro pendiente… El amor no es uno sólo, ni muere en un accidente en la esquina, es un constante de nuestras vidas, aparece como aparecen los seres humanos -diferentes-, nos provocan nuevos desafíos de entendernos, nuevos desafíos de rediseñarnos y sanarnos del «maltrato cultural», de entender que hay varias maneras de entender el compromiso por otra persona, el sentir amor mientras dure el sentimiento, y este compromiso sólo puede ser el cuidar lo más que se pueda este sentimiento, que una vez que empieza, también empieza a desaparecer; como todo en la vida, tiene un inicio, un tiempo y un término. Sé que los sueños, los amores y las libertades que no se viven, se mueren por dentro… te pudren, te matan de a poco. Mira como está este mundo sin sueños, sin amores, sin libertades, muriendo.Somos Nosotras las que tenemos que… Repensar nuestras formas amorosas de relacionarnos, repensar nuestras formas políticas de relacionarnos, religarlas, pues son políticas. Si como lesbianas queremos instalarnos en la pareja patriarcal, no estaremos cambiando nada más que el cuerpo de nuestro deseo erótico; cambiamos el cuerpo masculino por el femenino, pero con la misma escenografía para montar el mismo cuento, no estamos proponiendo ningún cambio más que el deseo de legitimación como grupo minoritario. Al mismo sistema que nos deslegitima le suplicamos que nos legitime, haciéndolo doblemente poderoso. Y cuando hablamos de sistema estamos hablando desde el núcleo familiar hasta las instituciones, todos constituidos por seres de carne y hueso. Es ahí donde perdemos el rumbo, pues no puede existir una modificación del sistema hacia nosotras, sino un acomodamiento de nosotras al sistema, por ello me sorprendo de ver que existan lesbianas que quieran casarse o que deseen ser parte del ejército… más allá del derecho de igualdad y las vocaciones de cada una, creo que hay que repensar la vigencia del matrimonio, pues es una institución tan patriarcal como los ejércitos. Tenemos que separar aguas con quienes quieran darle continuidad a un sistema injusto, arbitrario, racista, basado en la propiedad privada y en la primacía del hombre blanco. Un movimiento lésbico-político-civilizatorio, repiensa todos los elementos que trenzan el sistema y desde ese lugar diseña sus estrategias políticas. No puede entregar su reflexión a otros grupos marginados, pues lo único que lo une a otros grupos marginados es el solo hecho de la marginación. No tenemos los mismos intereses políticos que los ecologistas, que los gays, los travestis -que son los que han retomado y reinstalado el discurso de la feminidad- ni con los diferentes proyectos de los partidos políticos, ni de las iglesias, etc. Sin pensar/nos y re/pensar el movimiento lésbico político civilizatorio, no podremos desarticular el sistema, pues sin este remirarnos, no sabremos si es desde dentro del propio movimiento lésbico que estamos traicionando nuestras políticas y nuestras potencialidades civilizatorias. El análisis de la realidad desde la cultura vigente y sus propuestas, es una realidad que no existe para nosotras, es una realidad donde nunca estuvimos, ni estaremos, ni estamos, ni nos pertenece como análisis, por esto debemos revisar muy cuidadosamente la necesidad de adherirnos a cualquier análisis o propuesta de cambio que no provenga desde nosotras mismas, recuperar nuestras propias reflexiones, nuestra propia historia política, pues obviamente no tenemos los mismos intereses de otros grupos marginados; podemos hacer alianzas circunstanciales, pero no dejar que nuestro discurso sea tomado por otros, que se pierda en otros. Sintiéndonos «tan fuera del sistema» nos bajan nostalgias de legitimidad, y esas nostalgias nos pierden y traicionan nuestra historia, terminamos por querer estar en el centro mismo del poder, cuando el desafío político es no formar parte del sistema, no colaborar con el mismo sistema que hace años nos quemaba en las plazas públicas y que de otra manera, menos visible, nos sigue quemando, nos sigue persiguiendo, nos sigue reciclando. Hay un límite ético y político con nosotras mismas y nuestro cuerpo; por esto, dejar las cosas como están, ya no es posible, no existe esa realidad para nosotras.

Margarita Pisano 16 de octubre de 1997
Posted by tomas_e at 08:23:20 | Permalink | No Comments »

a Virginia Woolf

De Vita a Virginia Woolf, enero 21, 1926.
Milán, enviada desde Trieste
“Estoy reducida a ser una cosa que quiere a Virginia.
Escribí una carta durante las opresivas horas insomnes de la noche, y todo se ha ido: Solo te extraño de una manera desesperadamente humana. Tu con todas tus expresivas cartas, jamás escribirías una frase tan elemental como esa. Probablemente ni siquiera la concebirías. De todas maneras creo que serías capaz de hacerte cargo de un pequeño bache. Pero tu lo cubrirías de frases tan exquisitas que terminaría por perder un poco de su realidad, en tanto que conmigo es algo absolutamente implacable: te extraño aún mas de lo que hubiera creído, y estaba preparada para extrañarte mucho. Esta carta es tan solo un aullido de dolor. Es increíble cuan imprescindible te has vuelto para mi. Supongo que tu estás acostumbrada a que la gente te diga eso. Maldición, criatura peligrosa. No lograré que tu me ames más, entregándome a mi misma de esta forma. Pero oh, mi amor, no puedo ser lista e indiferente contigo: te amo demasiado para eso. Verdaderamente. Tu no tienes ni idea de cuan indiferente puedo ser con la gente que no amo. Lo he convertido en una especie de exquisita destreza. Pero tu has derribado todas mis defensas. Y realmente no lo resiento.
De todos modos no te aburriré más.
Reemprendimos el viaje, el tren nuevamente se mueve tendré que escribir en la estaciones- las cuales son muchas afortunadamente a lo largo de las llanuras lombardas. Venecia.
Las estaciones eran muchas, pero no contaba con el hecho que el Orient Express no se detendría en ellas.
Y aquí estamos en Venecia tan solo por diez minutos.
Unos desgraciados minutos durantes los cuales puedo intentar escribir. Ni siquiera tengo tiempo para comprar una estampilla italiana, así que esto tendré que enviarlo desde Trieste. Las cascadas en Suiza estaban heladas, convertidas en una especie de iridiscentes y compactas cortinas de hielo, colgando sobre las rocas; realmente encantador.
Italia está toda cubierta de nieve. Nuevamente reemprendemos el viaje. Tendré que esperar hasta mañana en Trieste. Por favor Perdóname por escribir una carta tan mísera.
V.”

A Virginia Woolf, de enero el 29, 1927
Cerca de Hannover
“Mi querida Esperaba despertarme menos deprimida esta mañana, pero no fue así. Me fui a la cama anoche tan oscura en pensamientos como el fango. La tremenda monotonía de Westfalia lo hace aún peor: ciudades de fábricas, montones de escoria, país plano, y algunos remiendos de nieve sucia. Y tu vas a lo de los Webbs. Bien, bien…¿Por qué no estás aquí conmigo? ¿Oh por qué? Te deseo terriblemente. La única cosa que me causa algún placer es Leigh.
Se ha comprado una especie de capa hecha de piel de oveja, con lo cual el se hace a la idea que se parece a un pastor húngaro, pero unos anteojos con bordes de astas, y unos bombachos un tanto llamativos destruyen el efecto. Dottie por otro lado se ha aparecido con un larguísimo tapado de piel que le llega hasta los tobillos, tan apretado como para hacerla aparecer rolliza, luce como una gran duque prusiano. Estamos todos un tanto malhumorados y tenemos trifulcas por los equipajes. Deseo mas que nunca viajar contigo. Me parece que eso es la cumbre de todos mis deseos. Y me desespero pensando como puedo hacerlo realidad.
¿Puede ser posible, que piensas? Oh mi encantadora Virginia, te extraño terriblemente. Y cualquier cosa que la gente hable o diga me suena aburrido y estúpido.
Cada vez deseo mas y mas que no viajes a América; estoy segura que sería demasiado cansador para ti, de todos modos creo además que no te agradaría. ¿Vendrías a Beirut en cambio?.
Así que vagamos a través de Alemania, y es realmente aburrido. ¿Realmente habré perdido mi entusiasmo por viajar? No, no es eso, es simplemente que deseo estar contigo y con nadie más. Pero te vas a aburrir si sigo diciendo cosas como esas-solo que vuelve y vuelve una y otra vez hasta que brota de mi lápiz. ¿Te das cuenta que debo esperar quince días hasta que nuevamente sepa algo de ti? Pobre de mi. No había pensado en eso, antes de dejarte, pero ahora es una carga enorme y horrible. ¿Qué no te podría ocurrir en el transcurso de una quincena? Podrías enfermarte, enamorarte. Sólo Dios sabe!.
Trabajaré duro, en parte para complacer, en parte para complacerme, en parte para hacer que pase el tiempo en parte para tener algo con lo cual compensarte.
Atesoro tu repentino discurso sobre literatura de ayer en la mañana.,- una especie de despedida afectuosa, cual un Polonio a Laertes. Es mas que una verdad que tu has influido intelectualmente en mi infinitamente mas que cualquier otra persona, y ya por eso te amo, y siento endurecerse mis músculos.
‘Il poeta e un’ artiere

Gran canarioparatorpes

Che al mestiere
Fece i muscoli d’acciaio . . . .’
Sí, mi Virginia muy querida, estaba en una encrucijada en el momento justo en que te conocí.
¿A ti te gustaría que yo escribiera bien, o no? Y yo detesto escribir mal- y haber escrito tan mal en el pasado. Pero ahora, tal como la Reina Victoria seré buena. Diablos! Desearía que estuvieras aquí- el grupo de potros da brincos con ímpetu. Envíame cualquiera de
tus papeles y envía “Sobre la lectura”. Por favor.
Espero que mis cartas te lleguen rápido y pronto. Dime si escribo demasiado a menudo, te amo.
V.”


De Virginia Woolf a Vita Sackville-West
Martes 2 de febrero de 1926
(…)
“Ahora debo terminar esta carta. Y no he dicho mucho de nada ni te he dado una idea de las altísimas y aterradoras olas y los profundos pozos infernales que asciendo y desciendo en pocos días. Como todos. Subimos y bajamos violenta, incesantemente, y me siento algo avergonzada, ahora que trato de escribirlo, de ver qué minúsculo egoísmo hay en el fondo de todo eso, por lo menos en mi caso: que no puedo escribir mi novela, que debo salir a tomar el té, que tendría que comprar un sombrero. Ah, pero también está Vita. Quererla no es un egoísmo minúsculo.
¿Sabes que esta mañana sufrí un verdadero golpe de decepción? Estaba segura de que tendría una carta tuya, la abrí, y en su lugar encontré una carta de una mujer (Ethel Pye) que hace diez años se sentó frente a mí en un ómnibus azul y que ahora quiere venir a hacer un busto mío. Pero la adulación implícita me enfadó tanto, que otra vez estuve maldiciendo: no hay intimidad, siempre hay gente que viene y no hay carta tuya. ¿Por qué no? Sólo una nota desde Dover y un gemido salvaje melancólico adorable desde Trieste.
Y tampoco ninguna fotografía.
Adiós, queridísima criatura lanuda.”


Reflexiones de Virginia Woolf en su diario
“Estas lesbianas estiman las mujeres. Con ellas la amistad siempre queda teñida de amorosidad. Me gusta Vita y me gusta estar con ella y su esplendor, me gusta su caminar a grandes pasos con sus largas piernas que parecen hayas, una Vita rutilante, rosada, abundosa como un racimo, con perlas por todos lados. ¿Qué efecto me produce todo eso?
Muy ambiguo. Veo una Vita florida, madura, con su abundante pecho: sí, como un gran velero con las velas desplegadas, navegando, mientras que yo me alejo de la costa. Quiero decir que tiene mundo, que sabe estar en una palabra: ella es (y yo no lo he sido nunca) una mujer de verdad. Mentalmente no tiene mi clarividencia, pero bien, ella se da cuenta de todo y me prodiga esta protección maternal que, por los motivos que sea, es lo que más he deseado siempre, de quien fuese. Vita, a su manera, me da aquello que me dan Leonard y Nessa (se refiere a su hermana Vanesa).”

Del Diario de Virginia:
“Vita vendrá mañana a comer.
Será un gran entretenimiento y un gran placer. Resulta curioso observar nuestra relación: tan ardiente cuando nos separamos en enero
y ¿ahora qué? Me gusta su presencia y su belleza.
¿Estoy enamorada de ella? ¿Qué es estar enamorada?”

De Vita a Virginia
“Mi corazón quema como un carboncito cuando leo que me añoras. Yo también te encuentro a faltar mucho. Es un dolor casi agradable, ya me entiendes es un gusto tener un sentimiento tan intenso y persistente por alguien Es un signo de vitalidad”

De Vita a Virginia
“Me estoy volviendo más y más recluida socialmente hablando, y esta tendencia me espanta. Yo no tengo tu habilidad para entender la humanidad. Y ésta puede ser una de las razones por las que me gustan más la mujeres que los hombres (hasta platónicamente hablando), porque las mujeres nos tomamos la molestia de hacer que las amistades tomen cuerpo. Nos hacemos.
Éste es un negocio de mujeres. Los hombres son demasiado inútiles y vagos para dedicarse.”

De Vita a Harold
“Quiero a Virginia, ¿Quién no lo haría?, pero realmente, querido, mi amor por Virginia es una cosa diferente de las otras: es una cosa mental, una cosa espiritual, una cosa intelectual. Me inspira un sentimiento de ternura que supongo deriva de la divertida mezcla que presenta de fortaleza y debilidad. La fortaleza de su mente y su terror permanente de volverse loca otra vez No se qué efecto podría tener para ella. Éste es un fuego con el que no me quiero quemar Le tengo demasiado afecto y un gran respeto. Además, ella sólo lo hizo con Leonard, un terrible error, y enseguida lo dejaron. Así que, para ella, todo es desconocido. O sea que ya lo ves, en este caso soy prudente; lo sería menos si me sintiese más entusiasta déjame serte franca me he acostado dos veces; eso es todo; me parece que ya te lo había comentado. Ahora ya lo sabes y espero que no te haya ofendido.”

De Vita a Harold

“De todo el mundo, a quien encuentro más a faltar es a Geoffrey y a Virginia. No es que Geoffrey no resultase una lata a veces y un tipo de ansia Aún añoro más a Virginia, porque ella no fue nunca una lata y en cambio fue una delicia de persona Una ansiedad, sí, por descontado, y aunque ahora pienso que la habría podido salvar si hubiese estado allí, con ella, y hubiese sabido cómo se iba deteriorando mentalmente. Pienso que me lo habría explicado, como lo había hecho otras veces.”

Posted by tomas_e at 08:22:04 | Permalink | No Comments »

Gays tras bambalinas.


Historia de belleza, pasiones e identidades*

Marinella Miano Borruso


De géneros y etnia

La sociedad zapoteca del Istmo de Tehuantepec tiene peculiaridades que la hacen particularmente interesante para las ciencias sociales y para las personas que están interesadas en leer nuestra sociedad vía las relaciones de género. Al contrario del modelo mestizo dominante, donde los hombres permean todo el enramado de las relaciones sociales, en el istmo zapoteco los ámbitos sociales, y los poderes que les corresponden, aparecen claramente definidos según el género: casa, mercado, sistema festivo son ámbitos de acción’ y predominios femeninos; campo, fábrica, representación política, producción intelectual y artística, cantinas, son ámbitos masculinos. Sin embargo, la sociedad zapoteca agrega a esta organización dicotómica otro rasgo peculiar: no parece existir estigma y marginación social del homosexual, que en zapoteco es llamado muxe.2

Al contrario, los juchitecos afirman que en su cultura hay una “completa aceptación e integración del muxe”. Dice Macario Matus, escritor zapoteco : “En Juchitán la homosexualidad se toma como una gracia y una virtud que proviene de la naturaleza” .3 Al muxe, lo encontramos desempeñando funciones socialmente reconocidas y prestigiadas tanto en la familia como en los ámbitos público y comunitario, desde el sistema festivo a la reproducción de algunos elementos culturales importantes para la transmisión de identidad del grupo : ellos son los artesanos que diseñan y bordan los trajes regionales, que confeccionan y elaboran los adornos de las fiestas y los carros alegóricos para los desfiles de las Velas,’ los coreógrafos que se encargan de inventar y dirigir los bailes en boga en los quince años y los aniversarios . Pueden ocupar un puesto de jerarquía tradicional como mayordomos, brujos o curanderos. Más recientemente, con el acceso a centros de estudios superiores, se han formado como profesionistas e intelectuales, ocupando también puestos de responsabilidad política . Sus actividades y funciones se despliegan, entonces, en espacios sociales y religiosos de ambos sexos. Su visibilidad y presencia se percibe como un estatus de privilegio, si lo comparamos a la mayoría de las situaciones conocidas en México. Juchitán aparece como una sociedad que se articula en tomo a tres elementos: las mujeres, los
hombres y los muxe . Si bien existe la homosexualidad femenina, la lesbiana (ngui’ú en zapoteco, o la marimacha, como le dicen con una connotación despectiva que no tiene la palabra muxe) no tiene la presencia y el estatus social del muxe. Lo que indica que no deja de ser una sociedad heterosexista aun cuando presenta una menor homofobia respecto al modelo mestizo. Otra característica interesante de la sociedad juchiteca es que su proceso de modernización, rápido y violento, desarrollado en una zona en la cual está interesado el capital trasnacional, 5 lejos de conducir a la asimilación cultural al modelo hegemónico nacional, con pérdida de la propia identidad, no ha provocado la disolución del sentido comunitario ni de la solidaridad étnica, que sigue prevaleciendo en relación al contexto nacional, incluso sobre las divisiones de clase y políticas. El uso cotidiano de la lengua materna (el 80% son bilingües, hablan zapoteco y español), la conservación y ampliación de un amplio sistema de fiestas, el catolicismo popular que se articula alrededor de los santos, la música, la vestimenta y la comida tradicionales, la organización vecinal y de oficios, las funciones del parentesco; en fin, todo un complejo cultural que podemos definir como patrimonio común de los grupos étnicos de origen mesoamericano va junto con las modificaciones y los elementos que conlleva la modernidad: la urbanización, la estratificación social, la educación, los partidos políticos, los medios masivos de comunicación, nuevos patrones de consumo, etc. Una sociedad en redefinición, ya no completamente tradicional, pero tampoco moderna al estilo nacional, en parte rural, en parte urbana, donde el ethos étnico todavía juega un
papel importante en la conformación de las identidades. Todo parece indicar, entonces, que estamos en presencia de una refuncionalización de la modernidad y de los valores universales que le son inherentes, desde la lógica de una identidad de grupo, y no contra ella o a pesar de ella. En otras palabras, los zapotecos quieren ser modernos, sin renunciar a su especificidad étnica .’ Al comenzar la investigación me preguntaba, cómo se articula esta característica organización de género de la sociedad, por una parte a la reproducción de la identidad étnica, y por otra a los procesos de modernización y urbanización que está viviendo el Istmo zapoteco. Una primera aproximación fue encontrar que sobre las mujeres descansa la responsabilidad de la reproducción constante del ethos comunitario, como las prácticas ligadas al sistema festivo y al intercambio de bienes y servicios, así como la transmisión de la lengua y de la cosmovisión. Mi hipótesis es que ellas son las principales reproductoras de la vida cotidiana y de la parte “sensual’ de la cultura, mientras que los hombres son los principales constructores del discurso étnico y el
elemento de enlace entre etnia y nación. En este sentido, por lo que concierne a la definición de los roles de género, la dicotomía entre ámbito doméstico y ámbito público se trasforma en una dicotomía étnico/no étnico, adentro/afuera, donde las mujeres (y, en parte, los muxes) asumen la responsabilidad de reproducir las estructuras económicas, sociales, culturales y comunitarias, mientras los hombres reproducen, a través del poder político, jurídico, administrativo y formal, las actividades productivas, mercantiles, profesionales, militares, artísticas y de negocios.

¿Qué pasa con los muxes, entonces? Y para empezar: ¿muxe? ¿Qué es esta “categoría” desconocida?. ¿Cómo viven, qué hacen, qué dicen?. Es más, ¿cómo se conforma la “muxeidad”?, ¿es verdadera y en qué consiste la integración social del muxes, cómo la ostentan los juchitecos en sus discursos?. Si es así, entonces ¿cuáles ámbitos sociales ocupan?, ¿qué tiene que ver la vida de los muxes con la etnicidad y la modernidad?. A continuación surgen otras cuestiones de orden metodológico ¿por dónde empezar?, ¿qué buscar?, ¿según cuáles parámetros?. El desenlace del thriller antropológico es la primera aproximación que presento aquí, cuyas referencias a la literatura existente son pocas, ya que todo lo que describo y sostengo en este texto es producto casi únicamente de mi observación directa y de la interpretación que he realizado a lo largo de mi convivencia con la comunidad.

La ocasión

Miro y yo llegamos a Huatulco hacia el atardecer de un sábado de finales de julio de 1995, recibidos por el perfume del mar y de las flores . Motivo del viaje era la celebración de Miss Huatulco Gay, certamen de belleza inventado, organizado y celebrado, a partir del 1993, por un mismo grupo de amigos, originarios de Juchitán, que viven en Huatulco. En la competencia
participarían las representantes de las nueve bahías de Huatulco, entre las cuales se iba a escoger una ganadora, un segundo y tercer lugar, después del tradicional” desfile en traje de baño, traje regional y vestido de gala . Todo rociado de cervezas y cumbias, ya que seguiría un gran baile popular; como entremés e intermedio, un show travesti, es decir la interpretación en play back de parte de una vestida, Rocío, de las canciones de Rocío Dúrcal y Marta Sánchez. Como premio: una cantidad de dinero a cada ganadora, pero sobre todo el reconocimiento público de su feminidad. Miro, el estilista más, cotizado entre las mujeres de la alta sociedad de Juchitán (y de unas cuantas de la baja) no participaría en el certamen pero sí en la fiesta, en calidad de “embajadora” de Juchitán. Llegamos directo a casa de los organizadores: Pancho, Rocío y Luis, alias la Teca. Pancho es originario de Veracruz, de una edad indefinida entre los veinticinco y cuarenta años, guapo, un poco afeminado en los movimientos, amable, tiene un negocio de estilista en la zona hotelera, arreglado con un estilo entre el pop y el punk, fruto de sus fantasías.
Rocío es una vestida de 17 años, muy bonita, muy femenina en su forma de ser, que aparenta mucha más experiencia de la que le darían sus años. Luis es un hombre alrededor de los cuarentas, “macho” o menos, con una boca sensual, inteligente, ocurrente y cantinflesco en su forma de hablar, en perenne búsqueda de trabajo que “afortunadamente” nunca aparece, aparte de cuando se trata de poner un bar para gays que, a pesar de la afluencia de clientes, no tuvo éxito comercial.

La llegada de Miro fue aplaudida y celebrada por los que estaban en la casa, Pancho, Rocío y Manuela, jovencito/a belleza participante. Miro, emocionado y febril, anunció que se vestiría para la ocasión. Mi llegada no era ni anunciada ni esperada; había visto a Pancho y a Luis en una sola ocasión, años atrás, y conocido a Rocío unas semanas antes cuando presentó su show en una discoteca de Juchitán. Me recibieron muy atentos, a pesar de estar en una actividad frenética.
A partir de ese momento me encuentro instalada en la total “putería” y “jotería”, entre “locas” y “perras” para los amigos, pero gay para el mundo, instalada en el juego de las locas ; nada me parece más divertido, estimulante y sensual.

El rito

Después de una media hora, cuyos sucesos no podría describir por ser muchos y muy rápidos, inició el rito de la transformación de los hombres en mujeres: el maquillaje, la preparación y la estética del cuerpo y de los movimientos . Pancho, quien en este momento decidió participar en el show, y Rocío tenían que convertirse en lo más Gran canarioparatorpesparecido a los personajes de la farándula a quienes iban a interpretar. Entonces descubrí que esto implica toda una parafernalia de objetos, trucos, tiempos, angustias y tensiones: el tinte de los cabellos, los que lo necesitan; una ducha
larga, larguísima, para depilarse cuidadosamente; la maquillada minuciosa de más de dos horas; el planchado y el zurcido de última hora ; un ir y venir de bilet, cremas, polvos, pinceles, plumas, correctores de ojos, rubores, chismes, cerveza y cigarrillos de marihuana. Pancho, estilista de profesión, derrama a cada cual sugerencias oportunas: “mana, ponte la sombra de aquí para allá, para alargar tu cara”, “ponte blanco para agrandar tus ojos”, “delinea los labios con esto, así la boca se te ve más sensual”, “Ay perra, flacas se ven tus caderas, ¡mira! Ponte algo, ¡ni gracia
contigo!” Y ahí van las locas, engordando nalgas y piernas con “trucos” de hule espuma moldeado. Sin embargo, para hacer piernas pueden bastar dos o tres pantimedias gruesas, de aquellas brillositas que aprietan. También los pechos son de hule espuma, ya confeccionados con todo y pezón. Pero si falta, un brassiere acolchonado y con un grumo de trapos o un calcetín en las copas puede triunfalmente ilusionar; para rematar y resaltar la separación de los senos: dos pinceladas de fard oscuro en el escote. Lo más gracioso es el truco para respingar la nariz. Existen unos aparatos específicos pero nunca los he visto; sin embargo, a falta de estas ’sofisticaciones’ capitalistas y urbanas, el palillo de la paleta “tutsy pop” resuelve el problema. Se corta a la medida del dedo pulgar, se dobla una extremidad, se pinta de negro con el lápiz y se introduce en la nariz. Aparte están las pelucas, que se peinan cuidadosamente y se arreglan a última hora, en el camerino, antes de salir al escenario. Lo que más me intrigaba era saber cómo
le hacían para desaparecer el pene, ya que con sus apretadísimos trajes de baño no se veía ni un bultito huini (chico) ahí donde uno espera que haya. En esta ocasión mi curiosidad no fue satisfecha pero después me explicaron que se “montan” los testículos hacia abajo entre las piernas y ahí mismo se coloca el pene, al que se empuja hacia atrás entre las nalgas. Esta
operación hace que el vientre se suma todavía más y, consecuentemente, se realcen las nalgas.

El teatro

Tras bambalinas, el show ha empezado ya desde hace rato . A medida que el maquillaje transforma los rasgos, y todavía antes, la gestualidad y los movimientos del cuerpo van cambiando. Las locas prueban los movimientos más agraciados, más supuestamente femeninos o que ponen de relieve alguna parte del cuerpo, sobre todo el busto, las nalgas y las piernas, es decir, las partes que atraen la mirada masculina ; pero también -y mucho- la boca y los ojos, más bien la mirada, la mirada coqueta, la mirada fatal, la ingenua y la perversa. Las funciones del “tutsy pop” no acaban con lo de la nariz . También lo van chupando para que se hundan la mejillas, mientras se lanzan miradas inocentemente fatales y la boca trompuda chupa, simbólicamente, la “flor” del hombre. Tras bambalinas empieza el derroche y el juego de la sensualidad. Cuatro horas más tarde, acabado el maquillaje y el planchado de vestidos, Pancho, Rocío y Manuela se van en un torbellino de encajes, tules, organzas, bolsas de plástico, pelucas, humores y olores. Me quedo en la casa con Miro, siempre nervioso, ensartando medias sobre medias y por fin una pegadísima malla verde esmeralda con todas sus lentejuelas doradas, un cinturón negro apretado para acentuar la cintura y dios dioos, ¡qué nalgas!. Completa el atuendo el peinado que, bajo mi irresponsable sugerencia, es un mechón de rizos amarrado a un lado de la frente para que caiga en una ola agresiva y coqueta, escondiéndole un ojo. Todo esto montado sobre un par de tacones dorados de 12 cm. Partimos hacia el salón.

Nosotros las, los/as otros/as

Su entrada fue sensacional, de cachet. Este tronco de mujer se deslizaba como una pantera entre
mesas-manos-besos-albures-insultos-ofrecimientos- sarcasmos-deseos, cruzando el salón de cabo a rabo en un triunfo de exhibicionismo. Atrás del escenario, las concursantes, entre las cuales estaba Manuela, alistaban los últimos detalles de su presentación. Vi una gran agitación en un espacio demasiado angosto para poder siquiera acercarme: vestidos y pelucas que volaban de un lado a otro; Pancho y Rocío regañaban a todo el mundo y más a Manuela, a quien traían cortita desde la casa ; una loca, semicubierta con el puro corsé y tanga, corría histérica de un lado a otro, gritando algo contra alguien, sin parar por eso de arreglarse cara, peinado y uñas . Circulaba una minifauna de amigas y simpatizantes: un gay feísimo moreno-negro, con otro chaparrito igual de feo, pero blanco; algunas locas ensayaban la caminata y una de ellas, una flaquita muy blanquita, planchada su nalga, caminaba como borreguito a medio morir, regañada por las demás . Las concursantes eran todas jovencitas, también se notaba que venían de diferentes partes de la república, compartiendo todas ellas el mismo origen humilde . Una mirada crítica, aunque superficial, revela rápidamente que en su vida cotidiana eran meseras, empleadas de la zona hotelera, aprendices, chalanes, etc. El salón ya estaba lleno. Después del certamen y del show empezaba el baile popular, igual a muchos otros que se organizan en la región con motivo de cualquier cosa . El público estaba conformado por empleados, obreros, chalanes, lancheros (grupo relativamente numeroso, escandaloso y “muy grosero”, decía Rocío), maestros, turistas, músicos y pintores, el juez y su esposa, y por una heterogénea mezcla de variedades sexuales andando : machos, hembras, bugas, mayates, chichifos, locas, gays, travestis, varones heterosexuales y no tanto, joteros y joteras.8

Por supuesto, presenciaban el evento todos los amigos de los organizadores La mayor parte de ellos vivía en Huatulco, pero muchos venían de visita de Juchitán y otros pueblos del Istmo . Reconocí varias caras familiares . Miro mantenía su vientre muy adentro con gran esfuerzo en el intento de pegar la barriga a los riñones. Sin embargo, de repente se le aflojaba un poco, a causa de la inflamación crónica provocada por tanta cerveza que toma. Su caminata de modelo, aquella
de un pie que se adelanta cruzando al otro, corría riesgo de fracasar en una espectacular caída. Pero pudo más la vanidad, el orgullo, el placer de ser admirado, la exhibición y el desafío de tanta
diversidad, el deseo del hombre o -como dirían las locas- “la putería, pues” : pudo más todo esto que las leyes de la física . En un afloje de barriga, un lanchero lo insultó con palabras agresivas y
sarcásticas, algo hiriente relativo a su cuerpo, y “ella” le contestó al chass, ahí te va, dejando al
sujeto “pendejo”, dirían las locas, y sin argumentos. La agresión no era a su persona, sino a la sofisticada imagen de mujer que había sacado de sí misma y construido para lo demás y esto, sí, hiere y no se puede permitir. Cuando se abrió el baile, después del certamen, Miro fue acaparada por un señor cuarentón, muy apuesto y varonil, que aparentaba no dar crédito de tener entre sus brazos tal mujerzota. No la soltó durante muy largo rato.

El certamen, el espectáculo

Anunciadas por ritmos de cumbia y por tambores, salen las bellezas al escenario, en traje de baño. Por un “error” de montaje las luces daban hacia el público, así que de “ellas” no se veía la cara sino la pura silueta, pecho, nalgas, piernas, resaltando sobre todo la manera de caminar. Unas caminaban rígidas, otras sin gracia, otras con exagerada ondulación de la cadera, otra seguía paseando como borreguito a medio morir. Como ya sospechaba, Manuela se llevó los
aplausos de todos por su caminata femenina, muy profesional, tipo modelo . Desde ahí se supo quien iba a ser la ganadora. Salen las locas y en un triunfo de luces, música, olanes y lentejuelas entra al escenario Marta Sánchez . ¡Gauu! Tronco de mujer envuelta en un ajustadísimo vestido blanco que terminaba en unos esponjosos olanes, ¡tremenda melena dorada!. No reconocí a Pancho. Interpretó dos canciones en medio del entusiasmo general, imitando a la perfección cada
gesto de la vedette, tal como se ve en el “canal de las estrellas”. Enseguida anuncian el desfile en traje regional. Aparecen las locas vestidas de veracruzana, tehuana, chinanteca, una de ellas lleva un traje espectacular con un enorme penacho hecho de hojas de maíz y plumas que la enmarcaba de pies a cabeza, como la Virgen de Guadalupe. Decían que era el traje de los huatulqueños. Aplausos, entusiasmo y anuncio de la aparición de la estrella de las estrellas: Rocío Dúrcal. Triunfal interpretación de nuestra muy profesional Rocío. En seguida, último desfile en vestido de noche : profusión de velos, tafetas, escotes y piernas . Ahí también la que se llevó la palma fue Manuela, que caminaba con la mayor gracia, la cabeza levantada, el busto erguido, las nalgas
paradas, el vientre sumido, el meneadito de la cadera como alguien acostumbrada al escenario. Fue la ganadora, como esperábamos, después del minucioso y brusco entrenamiento de nuestros amigos. Luego empezó el baile. Me retiré sin bailar ni una cumbia, extenuada por emociones, ideas y sorpresas. Este evento representa el punto de partida de mi investigación de campo y el inicio de mi vida en el mundo (hasta ahora) exótico y sensual de los gays zapotecos. A partir de aquí empecé a localizar con mayor precisión temáticas y problemáticas a trabajar, vetas de investigación, ideas e intuiciones que trataré de exponer.

Ellos los muxes, nosotros los gays, todas somos locas

El mundo gay de Juchitán está poblado de locas, perras, reinas, vestidas, chicas, jotos, putos,
travestis, gays tapados o de clóset, homosexuales, mayates, muxes, mampos, chichifos, bugas, machos, machines y otros personajes que todavía desconozco. Son nombres que no puedo llenar de significados definidos, ya que el mundo de los gays no se presta a las clasificaciones rígidas con que la cultura heterosexual quiere encasillar las diferentes formas de “transgresión” sexual . Sin embargo, podemos dar unas definiciones mínimas para crear un corpus de categorías que nos permita navegar con más inteligencia en este enredo conceptual y terminológico. En términos generales, y para complacer a los amantes de la clasificación, la palabra homosexual, de origen médico, define a una persona que tiene preferencia sexual y emotiva hacia una persona de su mismo sexo. Gay, en la sociedad occidental, es el homosexual que asume públicamente su sexualidad y es consciente de pertenecer a una minoría satanizada, marginada o despreciada. Travesti es el individuo cuyo comportamiento sexual “implica el uso de vestidos y accesorios que su grupo sociocultural considera que le son sexo-genéricamente atípicos, es decir característicos del otro sexo-género” .’ En general el travesti, al contrario del transexual, no reniega de sus órganos sexuales masculinos ni desea operarse, aunque puede tomar hormonas para acentuar su aspecto femenino. Pintada le dice al homosexual que se viste de hombre pero se maquilla como una mujer. Mayate, en esta zona, es un varón que se autopercibe y es socialmente percibido
como heterosexual, ya que puede tener novia o esposa, pero tiene relaciones con personas de su mismo sexo por placer o por obtener algún favor. Chichifo es un nombre despectivo para denominar al muchacho todavía indefinido en sus preferencias sexuales, que vive a costa de un homosexual de mayor edad que le da dinero a cambio de sus favores . Machín es el “cabrón”, el
hombre varonil, fuerte, dominante, agresivo, que le entra al alcohol, a las drogas, a las bandas. Buga es el nombre que le dan los gays a los heterosexuales. La diferencia entre vestida y travesti podría ser que la vestida se viste diariamente de mujer, asumiendo integralmente una identidad femenina, mientras el otro se viste de mujer ocasionalmente, por trabajo o por gusto. Entre vestida y transexual la diferencia es que el transexual quiere cambiar su cuerpo, deshacerse completamente de los órganos masculinos, la vestida no. En general la gente del pueblo llama muxe o mampo11 a cualquier tipo de homosexual, sin que el término en sí tenga alguna connotación valorativa. También es muy usada la palabra “puto” que, contrariamente a lo que sucede en otras zonas de la república, en el Istmo tiene un sentido puramente descriptivo ; sin embargo, también puede ser usada despectivamente, según el caso, el contexto y el sexo de quien la usa . Una señora le dijo a Rocío: “Eres un putito muy bonito, ¿de quién eres hijo?” “De na’
Flavia, tía”. Es más frecuente escuchar a un hombre usar esta palabra en términos ofensivos o de burla, ya sea dirigida a otro varón heterosexual, ya sea a un homosexual. En español, las palabras más usadas son loca y gay. Los que forman parte de familias acomodadas o de la élite social, por nacimiento o incorporación, prefieren autonombrarse gay u homosexual, para diferenciarse de las locas de origen popular y afirmar un estilo de vida que supone una autoconciencia más elaborada y un estatus social más elevado. Rocío, que a raíz de su actividad política ha logrado entrar en los círculos de la “societé”, por ejemplo, rechaza denominarse muxe, aunque hable perfectamente el zapoteco y su familia materna sea de la séptima sección, barrio muy popular donde hay mayor
presencia de vestidas . En el lenguaje interpersonal, sin distinción de clase, “todas somos locas”. Sin embargo, éstas son referencias demasiado generales ya que el nombrar y el nombrarse tienen que ver con una identidad -personal o de grupo- que, por características intrínsecas, es cambiante e instrumental: varía, se modifica y multiplica según el interlocutor, el momento, el contexto y el juego de las imágenes identitarias que se establece entre los individuos y/o grupos.` En la parte interpretativa y analítica de este trabajo usaré la palabra gay o muxe, mientras que en la parte etnográfica los términos empleados reflejan la ambigüedad terminológica general y dejo a la fantasía del lector la elección de cada connotación.

El microcosmos de las identidades

En lo que concierne a la génesis y construcción de las identidades sexogenéricas, es posible definir algunas diferencias básicas, que se fundamentan en la diversidad de autopercepciones y de pertenencias socioculturales. Al nivel de autopercepción, una división primaria y grosso modo se da entre los que afirman sentirse “como una mujer” y se visten y comportan como tal -cultivando cotidianamente una imagen de mujer- y los que, al contrario, se asumen como hombres con preferencia sexual y emotiva hacia otro hombre . Al interior de esta polaridad existe toda una amplia gama de posiciones intermedias y cruzadas . Rocío es el ejemplo límite del primer tipo rayando con la transexualidad ; “ella” se siente “mujer atrapada en un cuerpo de hombre”, su ideal es aparecer como “toda una dama” ; su cuerpo, su gestualidad, su forma de hablar y relacionarse con los demás, su sensibilidad son tan espontáneamente femeninas, sin ser exageradas, que resulta natural para los demás considerarla toda una mujer . Ella se siente, además, “teca”, mujer juchiteca. Cuando no usa atuendos femeninos de gusto occidental, trae huipil y rabona. De sí misma habla exclusivamente en femenino y usa nombre femenino siempre. Vera, Juana,
Isabel, Maira, Gabriel, Talía, Felina, Teo y muchos otros, todos jóvenes que no pasan de los 28 años, a diario se visten y pintan como mujeres. Usan vestidos femeninos de tipo mestizo o atuendos de tipo unisex, como camiseta y bermudas, luciendo una larga cabellera y algo de maquillaje. Pero en las fiestas tradicionales, como las Velas, bodas o quince años, pueden lucir el traje regional. Usan nombres femeninos, ya sea inventados, ya sea su propio nombre en femenino. Sin embargo, también pueden usar al mismo tiempo su nombre masculino. Por el contrario, Armerio se viste de enagua en su casa y con pantalón y camisa fuera de ella; en público siempre trata de estar bien maquillado; usa nombre masculino, si bien lo conocen también por su apodo femenino . Hay también muxes, asumidos y conocidos por la comunidad como tales, que están casados con mujeres con las cuales viven y tienen hijos, como la famosa María Victoria que vendía tanguyú 13 en el mercado y tenía también a su querido, conocido y aceptado por el entorno social ; “él” fue vestida en su juventud ; más tarde, hacia los treinta años, se casó y se vistió de hombre, pero “siempre traía una flor en los cabellos, como todas las mujeres del mercado” . Hay gays declarados que no se sienten ni se visten como mujer, pero sí lo hacen en la intimidad o en algunas ocasiones especiales, y andan jugando sabroso con roles e identidades. Tampoco es raro ver púberes muy afeminados reconocidos socialmente como muxes. Y estoy segura de que las posibilidades existentes no se agotan con estos ejemplos. En términos de identidad sexo-genérica, entonces, los límites entre un tipo y otro son bastante movedizos y ambiguos . Las expresiones verbales revelan constantemente esta ambigüedad, ya que por lo general hay un ir y venir en el habla de un sí mismo, masculino y femenino a la vez ; también las conductas pueden oscilar entre la actitud masculina y la femenina, según el interlocutor al que se dirigen, la situación, lo que se quiera expresar en el momento. Por ejemplo, Miro, cuando se viste, es la personificación de la feminidad y de la coquetería y cuando está trabajando o pasando un rato de relax con sus amigos no es ni siquiera afeminado. Sin embargo, no vacila en agarrarse a golpes con lujo de agresividad y violencia masculina con “aquel cabrón que me insultó, me miró feo”. En una fiesta donde exhibía un “modelito” tipo Christian Dior, un maquillaje estilo “tigresa” y un abanico de seda, lo vi partir como toro furioso a golpear a un “cabrón que agredió a Camila, la loquita, mi amiga”. Estos rounds casi siempre lo dejan con mala cara, pero no desincentivan su agresividad. Con la misma naturalidad, vestida de mujer o de hombre, seduce a “los chamacos”, derramando sensualidad y miradas que encienden la fantasía de visiones y esperanzas de noches inolvidables. La característica común parece ser un estado de constante performance de género,14 el juego entre el ser y no ser, la instrumentalidad de una identidad ambigua y lúdica que les permite pasar con gran naturalidad de un rol a otro según lo requiera la circunstancia y el deseo personal. La otra diferenciación, igualmente somera y grosso modo, tiene que ver con la estratificación social que coincide con una separación de espacios territoriales y sociales. Gran parte de la población gay de Juchitán se concentra “abajo”, en los barrios periféricos al sur de la ciudad, es decir, en la séptima y quinta sección, y en Cheguigo. Los gays que viven aquí son cantineros, cocineros -de comida y dulces tradicionales-, pequeños comerciantes, bordadores, curanderos, costureros, sirvientes, peluqueros, artesanos, trabajadores sexuales. Aunque en número reducido, también hay maestros y estudiantes de carreras universitarias, como Felipa que estudia ciencias de la comunicación o Raúl que estudia leyes en Oaxaca . Como estudiantes ciertamente no se visten de mujer, “aunque me gustaría ser más libre y vestirme como me da la gana, pero sé que no lo puedo hacer en Oaxaca, perjudicaría mi carrera”, me dijo Raúl. “Arriba”, del centro al norte del pueblo, es decir en zonas socialmente prestigiadas, los gays son profesionistas, artistas, estilistas, empleados ‘en instituciones públicas, comerciantes, gente muy bien integrada en los círculos sociales y culturales de la ciudad . Han vivido parte de su vida fuera de la comunidad, a veces en el extranjero. Varios hablan zapoteco, muchos solamente lo entienden, otros ni lo hablan ni investigación sobre sexualidad en México lo entienden; sin embargo, todos son partícipes de la costumbre y de un mismo estilo de vida . En esta zona y en este ambiente no hay vestidas, no son bien vistas, aunque hay algunos gays que acostumbran travestirse en ocasiones especiales, como Miro, por ejemplo . Lo que me parece muy indicativo de esta relación hombre-poder es que en los estratos hegemónicos la imagen gay dominante es masculina, aun siendo una sociedad donde las mujeres tienen poder social. Las diferencias sociales descritas no se refieren a una marginación marcada o a guetos territoriales. En la vida cotidiana todos participan en todo, los gays y la gente de arriba tienen familiares y amigos en los barrios de abajo, y en ocasiones (ceremoniales o de diversión) los frecuentan participan de sus fiestas . Las vestidas de abajo circulan libremente por el centro, participan en las velas mayores y la vida política y, si las invitan, van a las fiestas de sus parientes ricos . Sin embargo, a pesar de esta tendencial integración sociocultural (a nivel macro), existen también -y empiezan a hacerse más evidentes- formas de marginación y agresión social hacia los gays ya que todos, ricos y pobres, en grados y formas diferentes son partícipes de un mismo sistema, el nacional mestizo y occidental, hegemonizado por una cultura heterosexual, que no concibe opciones alternativas a un orden binario de la organización social de género. En este trabajo haré referencia principalmente a los muxes de estratos populares, para evidenciar un modelo étnico que en estratos sociales más altos resulta menos claro o más confuso y/o sincretizado con otros modelos de origen nacional e internacional.

Los, las, lis, les….

En Juchitán encontramos que la homosexualidad se da sobre todo como travestismo, con un notable incremento de vestidas en las nuevas generaciones, de los quince a los treinta años, de estrato popular. Tampoco he encontrado transexuales definidos u operados, pués las vestidas todavía no se preocupan por eso, ya sea porque el costo de la operación es inalcanzable, ya
sea porque existe la idea de que la operación puede provocar muerte o locura. El fenómeno de andar vestida es de reciente formación. Los muxes que tienen entre cuarenta y cincuenta años me dicen que en su juventud había en el pueblo solamente cuatro travestis, como la finada María Victoria, ya que “por respeto a la familia, no se exageraba tanto como ahora”, aunque todos se vestían en algunas ocasiones especiales, como reuniones o “pachangas” que organizaban y que no tenían un carácter tan espectacular como actualmente. En aquel entonces le decían “el baile de las exóticas” y eran espectáculos casi privados.

La costumbre de travestirse y de hacer show trasvesti, de moda en los años sesenta en el bar Galary de Acapulco, fue introducida en Juchitán en los setenta, en el Baile de las Intrépidas, la Vela propia de los gays en Juchitán y de la cual hablaré en otro apartado. Desde entonces, las locas de nuevo cuño de origen popular empezaron a adoptar este estilo en su vida cotidiana . El aumento de travestis en las nuevas generaciones gays se debe a varias causas. Por una parte, es una innovación introducida por los mismos muxes, que imitan modelos nacionales e internacionales, por influencia de los medios de comunicación. El canal de Televisa, el único que llega nítidamente a cualquier rincón del país, difunde constantemente los modelos y valores que la cultura mestiza dominante considera como los ideales de la femineidad universal: mujeres glamorosas, seductoras, deseables y exitosas del mundo de la farándula con quienes las locas se pueden identificar a partir de una -aunque leve- semejanza en los rasgos físicos. A escala mundial este medio ofrece modelos gays de gran éxito: Juan Gabriel, David Bowie, Michael Jackson, lo
que confirma que la “gaytud” es viable y no necesariamente un obstáculo para la afirmación personal. La participación en el certamen no representa solamente para aquellas locas un rito de
pasaje, del clóset a la calle, del ámbito privado al público, sino también la esperanza de salir del
anonimato social, ser “alguien”, ser un personaje, aunque sea el doble de alguien verdaderamente famosa. La convivencia con las locas de Juchitán y la necesidad de entender su “lenguaje” me han obligado a ser una activa televidente del “canal de las estrellas”. Me llama la atención la apariencia
andrógina o tendencialmente unisex de los jóvenes artistas, la obsesiva persecución del ideal de “eterna juventud” de los cuerpos o, más bien, la estereotipación “en masculino” del cuerpo de la mujer, alimentada en el nivel mundial por las industrias de la diversión, de los productos dietéticos, del aeróbic, del modelaje, del video clip. La difusión del modelo anglosajón de belleza, que se va afirmando actualmente gracias a los dueños -gays- de la moda internacional, o de los cuerpos supervitaminados y esculpidos en moldes de la juventud californiana -aquellos de la serie Guardianes de la Bahía, también en boga- ha ido disminuyendo la diferencia entre las
formas de los cuerpos femeninos y masculinos. Más bien se está imponiendo un modelo andrógino como ideal de belleza. Esto facilita la identificación del travesti con este modelo, presentado como arquetipo de la belleza femenina universal . También llama la atención cómo la homosexualidad se ha convertido en un tema de gran actualidad en programas de difusión continental como el Show de Cristina, por ejemplo, o Shanik o El y Ella, y también en el cine . Es decir, se asiste a lo que Mieli definía como la “liberación de la homosexualidad” en los medios, que es en primer lugar “mercantilización” de la homosexualidad en la industria de la moda y de la diversión. Por otra parte, ser mujer en esta sociedad donde las mujeres son bienes valorados permite la ilusión de ocupar un lugar de similar prestigio. Además, he observado que las vestidas de mayor edad o las que desde muy jóvenes se visten de mujer, ejercen cierta presión sobre los
gays más jóvenes para estimular su travestismo, presión por otra parte compatible con la espontánea actitud de imitación de éstos en relación con los adultos .

Por cierto, no faltan motivos más utilitarios para vestirse: la necesidad de dinero para la
supervivencia propia y de la familia, para mantener al mayate que brinda cierta protección y un simulacro de afecto, o para conseguir un bilé, una falda o algo de diversión, y muchas veces simplemente el gusto, al desafío y la fascinación de la transgresión, empuja a las locas hacia la prostitución ocasional o temporal, como complemento de otra actividad. Una figura femenina es “naturalmente” más atractiva para la mirada del hombre. El fin de semana, y también algunos jueves, unas dicen : “vamos a vender” y parten en bola hacia el centro, “provocando a los hombres con el cuerpo”, mientras se apiñan los muchachos bajo la frescura de los árboles, en las esquinas y andadores del parque . Es una situación profundamente diferente a la que se vive en la ciudad de México. En Juchitán el andar vestida no es un fenómeno ligado esencialmente a la prostitución, ya que no existe una marginación social que les impida otra salida; todos los gays tienen posibilidad de tener un trabajo o un oficio digno y valorado por la sociedad. Los travestis que prestan servicio como trabajadoras sexuales, en las cantinas y en el crucero, representan, hasta
ahora, un número exiguo con respecto a la población gay total.16

Finalmente, lo que pude observar y aprender de las historias de vida, es que no se puede andar vestida toda la vida (aunque siempre se muere loca). Llega un momento en que el cuerpo ya no tiene la flexibilidad necesaria ni la energía suficiente para realizar diariamente todo el rito de transformación. Miro, que tiene treinta años y es, vox populi, guapérrimo, me decía que se sentía sobremanera nervioso, ya que hacía mucho tiempo que no se vestía de “chica”, como solía hacerlo diariamente entre los dieciocho y ventitantos años y que ésta era la última vez que lo hacía (por cierto no mantuvo la promesa). Le daba miedo no poder cumplir con el papel ante la mirada de los hombres. La misma Rocío, que tiene dieciocho años, sabe que su vida artística es relativamente corta y ya está buscando alternativas para el futuro . Pancho, que rebasa los treinta años, se vistió para el espectáculo ; sin embargo, en el baile participó en short y sin maquillaje . Inclusive, en su forma de vestir diaria, él acentúa los rasgos masculinos de su cuerpo, se pone pantalón y chaleco de cuero negro que deja ver los vellos de su pecho, exhibe un estilo varonil- agresivo tipo Lorenzo Lamas en la serie El renegado (pero mucho mejor, en mi opinión) . Hay ocasiones en que los gays de una edad que rebasa abundantemente los cuarenta se visten como en las fiestas o el certamen descrito. Entonces sacan a relucir la ilusión de los encantos de antaño con tremendo trabajo por un rato. Uno de los socios ancianos de la Vela de las Intrépidas luce cada año de tres a cuatro modelos diferentes, claramente costosísimos, durante los dos días que dura la fiesta; sin embargo siempre acaba la pachanga poniéndose el pantalón y la camisa y quitándose el maquillaje.

Familia: historia de complicidades y rechazos

En una familia tradicional un hijo muxe es bien apreciado porque se considera que -dice Macario Matus- “tiene la mente de un hombre y los sentimientos y la laboriosidad de una mujer”. 17 El hijo muxe resuelve muchas cosas en la vida cotidiana de una familia: puesto que en la mayoría de los casos las madres y las hermanas mayores trabajan fuera del hogar, será él quien se ocupará de cuidar de los hijos más pequeños y de los ancianos, limpiar la casa y el patio, dar de comer a los animales, cocinar para la familia. Tienen fama de buenos trabajadores; igual que las madres
aportan sus ganancias para el sustento de la familia. Sobre todo, se aprecia que el hijo muxe nunca abandona a los padres en los momentos más difíciles de la vida: la vejez y las enfermedades.”‘ Gema mantiene con su trabajo de costurera-estilista-coreógrafa-decoradora
a toda la familia, compuesta de la madre, una hermana adolescente y dos hermanitos todavía niño. Feliciano se aleja de su madre, que vive sola -ya que el marido trabaja en otra ciudad- exclusivamente cuando va a presentar su espectáculo en otra localidad. Lo que gana es destinado en gran parte a las necesidades de la casa y otra parte la invierte en el vestuario y las parafernalias necesarias a su trabajo. Los hijos heterosexuales, tanto el varón como la mujer, se casan y van a formar otro núcleo familiar que necesita de cuidados. El hijo muxe se queda, incluso cuando se junta por temporadas con un compañero. Los casos de parejas gays o de parejas formadas por un gay y una mujer no representan la norma, son solamente ejemplos de la configuración de posibilidades presentes en la comunidad. Si el muxe-gay es el primer hijo o uno de los mayores, será él quien cuide de sus hermanos menores. Los ayudará para que tengan una buena educación, para que se casen bien. Un amigo gay, muy famoso en Juchitán porque es muy rico y activo políticamente y por representar el arquetipo étnico de muxe, dedica la fortuna que ha acumulado con el comercio al bienestar de su familia: ha costeado los estudios de sus dos hermanas; cuando se casaron, pagó sus bodas y regaló a cada una de ellas una casa, el
ajuar y varias joyas. Para su mamá todo lo mejor: los huipiles, las telas más elegantes, las joyas de oro más suntuosas: “la tengo como una reina, todo es para ella porque es la única reina de mi corazón”. Igual cuida de sus sobrinos, que no les falte nada, que vayan a una buena escuela, que vistan bien, que les llegue su buen regalo el día del santo, cumple con la costumbre y como anfitrión es espléndido. Para rematar, adoptó como legítimo al hijo de una pariente cercana. He conocido otros gays adultos que desean adoptar a un niño como una forma para asegurase
compañía y cuidado en la vejez, y en general cuando todavía está viva la madre que lo ayudará a cuidar del bebé. También una vestida muy joven de la séptima sección, María, ha adoptado una niña, como para completar la imagen femenina que luce. Para una madre, entonces, tener un hijo gay con el que se lleva bien representa tanto seguridad económica como apoyo moral. Es muy frecuente que las señoras se queden solas en su edad madura, ya sea por quedar viudas, 19
ya sea porque los maridos se van con una mujer más joven o porque -frecuentemente- la misma mujer, en cuanto han crecido sus hijos, decide separarse de su marido, quien a veces, además de hijos, no ha dejado mucho en el hogar. El hijo gay entonces viene a llenar el vacío de afectividad y atención dejado por un marido ausente y por los otros hijos que se han ido casando. En el interior de la familia, los grandes lazos de solidaridad y complicidad se establecen esencialmente con la mamá y el componente femenino: la abuela, alguna tía, la hermana. Si bien un padre no se regocija de tener un hijo muxe, por lo general, mamá alcahueteando, lo acepta, aunque también he encontrado casos en los cuales ambos padres rechazan la condición de su hijo, y no solamente en las nuevas generaciones. También entre muxes ya maduros he encontrado varios casos de rechazo del hijo homosexual de parte del padre, lo que deja indicios de que también hay contradicciones en lo que se considera “tradicional aceptación del muxe en la familia”. Muchos muxes han alcanzado, a través de su trabajo y/o sus redes de relaciones sociales, con viveza y
habilidad, un buen nivel económico y reconocimiento social. Así que el gay-muxe anciano que ha cumplido con una serie de valores de la comunidad, que, como las mujeres, ha trabajado, ha hecho su casa y comprado sus oros, ha cumplido con la costumbre, se ha preocupado para que su familia saliera adelante, etc. entra en otra fase del ciclo de vida, adquiere aquel prestigio y poder del que gozan las mujeres adultas con una trayectoria de vida conforme a las expectativas de la cultura. Con el tiempo y el cumplimiento de una vida. Considerada éticamente correcta, puede llegar a ser el elemento unificador de la familia extensa y, a la muerte de la abuela y de la
madre, heredar la autoridad moral y el prestigio de ambas. En el caso de Armerio, cuya madre ha muerto, es él quien vela y tiene autoridad sobre sus hermanas y sobrinos, y no el padre, quien todavía vive. He visto que primas y primos más jóvenes, incluso tías se dirigen a él para resolver algún problema familiar o pedirle ayuda y apoyo. Esta posibilidad de las mujeres de prolongar su existencia después de la muerte a través del hijo gay, no sólo en el recuerdo sino además en la práctica social, de transmitir todo el patrimonio de saberes y esfuerzos, todo lo que construyó en la familia, el sentido moral y el ethos familiar, su poder y prestigio, me parece genial y expresa lo que Signorelli denomina como “pragmatismo de las mujeres”, es decir una concepción de la vida
basada en la concreción de la ética.` Sin embargo este modelo de “armonía” familiar con relación a los hijos gay-muxe se encuentra actualmente en franca crisis. Sobre todo las vestidas encuentran una fuerte oposición y rechazo de parte de los hombres de la casa: padres y hermanos. En muchos casos el rechazo se manifiesta con violencia, golpes e incluso con el
alejamiento temporal o definitivo del núcleo familiar. En las pláticas que he tenido con un nutrido grupo de locas, uno de los problemas que más aquejaba a gran parte de ellas era precisamente la mala relación con el componente masculino de la familia . La mayor queja es que los padres y hermanos no aceptan que ellas se vistan de mujer y salgan de esta forma a la calle. otras familias simplemente no aceptan al hijo gay, como el caso de Miro.

En las familias acomodadas molesta también lo amanerado y frecuentemente no hay una verbalización de la situación: los hijos no comentan su situación con los padres ni éstos lo hacen con sus hijos. Muchas veces he preguntado a unos amigos gays evidentísimos: “¿tu padre sabe que eres gay?” “Me imagino que sí, nunca lo hemos hablado” me contestan. Manuela tenía el
mismo problema, por eso se había ido a vivir a Huatulco con un tío más tolerante . Así que también encontramos situaciones de clóset, por lo menos al nivel de modales y comportamientos exteriores ya que -como admiten los mismos juchitecos, en los raros momentos de sincera autoironía- “en el pueblo todo se sabe y si no lo inventamos” .

Creo que el rechazo al hijo travesti tiene varias causas. Por un lado, actualmente la poderosa
ideología hegemónica nacional hace que, en el sentido común, homosexualidad, travestismo y prostitución ocupen un mismo lugar, frecuentemente asociado al sida, tanto a causa de la ignorancia general sobre estas temáticas como por valoraciones morales. Por el otro, la mayoría de las locas son jóvenes cuyas edades varían desde los doce a los veinticinco años, es decir, la edad de máxima exuberancia sexual natural. No es de extrañar entonces la tendencia) “promiscuidad” sexual de las locas, la cual, acompañada por una difundida bisexualidad de los
machos de la comunidad, hace que los padres y hermanos siempre estén en peligro de que el compadre, el amigo o el vecino le “falte el respeto” a su hijo/a y/o hermano/a, con evidentes repercusiones sobre el honor personal y familiar. El padre de Rocío me comentó: “Si alguien le falta el respeto o la agrede en la calle, yo como su padre debo intervenir porque él es mi hijo
y lo que le hacen a él lo hacen a la familia”. Por otra parte, queda vigente a nivel social una doble
moral que, por un lado no acepta y condena la “promiscuidad” de los gays, y por otro justifica y
fomenta la promiscuidad de los hombres heterosexuales, pues en este caso es signo de verdadera masculinidad y hombría. Otro grave problema en las relaciones con los padres es el tipo de vida y la potencial rebeldía de las locas. Precisamente por ser “locas” fuera de lo normal son tendencialmente reacias a cualquier imposición y regla establecida, tienen un carácter voluble y cambiante. El hecho de que en general beban mucho (tanto por costumbre social de la comunidad como por el tipo de ambiente, familiar y de amistades, en que se mueven), les guste el “desmadre”, provoquen a los hombres o se enreden con varios, causa a los padres, sobre todo a las madres, la constante preocupación de que algo grave les puedan pasar en cualquier momento, de que puede ser objeto de una agresión por parte de los hombres, más aún si toma y les gusta la “putería”, peor en estos tiempos en que ha aumentado rápida y considerablemente la violencia .
La madre de Miro, por ejemplo, está siempre angustiada por no saber cuándo y cómo regresará su hijo a la casa, a comer o dormir siquiera. Lo acepta como es porque “es mi hijo, ¿qué puedo hacer?” Pero en el fondo no se da por vencida y espera que un día la loca recapacite y encuentre “una mujer que se haga cargo de él”, como toda madre desea para su hijito consentido. Los padres de Rocío, en cambio, estaban contentos con ella “porque ya ves que no toma, nunca se junta con gente mala de por ahí, no anda en la calle, no es chismosa, respeta”. Por último, el hijo gay es naturalmente el principal aliado de la madre en el juego de poderes en el interior de la familia. Entre madre e hijo muxe existe siempre una fuerte relación solidaria que se expresa con la protección y el apoyo que la madre le brinda, y el apego afectivo de su hijo . En cualquier ocasión de conflicto, el hijo gay siempre saldrá en defensa verbal y física de su madre, sumando su agresividad (de hombre) al proverbial carácter dominante de la mujer zapoteca y arrebatando cotos de poder al componente masculino de la familia .

Del nacer al devenir: la dificultad de ser loca

En Juchitán dicen que las niñas nacen boca arriba y los niños boca abajo. Así que existe una señal de nacimiento para percatarse de cuál destino social tiene asignado el recién nacido si, siendo niño, ha nacido boca arriba. Sin embargo, naturaleza y divinidad se entrelazan en la génesis del fenómeno. Un padre puede decir: “no es su culpa si es así, es un capricho de la naturaleza”. Una madre casi siempre contesta: “no es su culpa, así lo quiso Dios, así me lo mandó” . Hay una diferencia discursiva: para la madre la diferencia de su hijo tiene que ver con los designios divinos, mientras que para el padre, con la ingobernabilidad de la naturaleza. Ambos discursos legitiman la inevitabilidad del fenómeno así como su carácter de excepcionalidad, y es notable cómo por fin queda latente una concepción de culpabilidad donde la aceptación de la transgresión pasa por la vergüenza. Sin embargo, existen otras señales cuando la anterior no aparece. Cuando pregunté a las madres cómo y cuándo se dieron cuenta de que su hijo era muxe, la gran mayoría me contestó : “luego luego se ve, porque empieza a jugar con las muñecas o se pinta las uñas, de ahí ya sabe uno” . Los hijos gays reafirman las palabras de la madre. Con mucho orgullo me dicen que ellos son así “de nacimiento”, que en su niñez se juntaban a jugar con las niñas, jamás con sus coetáneos varones, que les gustaba hacer tortillas de lodo, jugar a la mamá, vestirse con ropita de mujer. De hecho, no es raro ver niños de seis, siete, ocho años cuya actitud es muy femenina, acompañando a la madre al mercado a vender o aprendiendo con ella a bordar. Sin duda, la educación familiar y el contexto social juegan un papel importante. Los niños viven y juegan juntos hasta los cinco o seis años y la educación no se diferencia según los sexos . Sin embargo, a partir del momento en que se considera que una niña puede ayudar en el hogar, hay una tajante diferenciación en la educación. La niña estará siempre más cerca de la madre, ayudando en el hogar para aprender toda la gama de conocimientos y comportamientos socialmente asignados a la mujer, mientras que el varón gozará de varios años más de mucha libertad y juegos violentos con sus amigos. Desde muy temprana edad, entonces, hay una separación completa entre mujeres y varones que se desarrollan en espacios excluyentes. ¿Qué pasa con un niño que se niega a seguir el modelo prefijado de actividades?. Un ejemplo concreto es lo que ha pasado en una familia de amigos. Una de las muchachas de la familia resultó ser madre soltera. Su hijo nació un poco débil, se enfermaba mucho, era muy sensible y apegado a la mamá, rehusaba participar en los juegos violentos de los otros varones. Poco a poco, todos los componentes de la familia empezaron a decir, primero en broma y luego ya aceptándolo como un hecho natural, que el niñito había nacido muxe ya que no era como los otros niños de la familia, que desde muy temprana edad se juntaban para hacer la lucha, matar pajaritos con la resortera, correr a la calle para hacer cuantas travesuras se les ocurriera, hacer juegos violentos y agresivos como concierne a “todo hombrecito”. En fin, la madre lo mantenía junto a ella constantemente, la abuela le regalaba juguetes de Barbie, las tías le llevaban a sus hijitas para acompañarlo en sus juegos, por fin fue incorporado a las labores domésticas, ámbito culturalmente considerado exclusivamente femenino. Lo que da también una visión de cómo las madres mismas conciben a los varones, como “naturalmente” agresivos. Todo el ambiente familiar determinó condiciones favorables para que el niño encontrara una ubicación adecuada, en el espacio previsto por la cultura y la sociedad para “un alma femenina nacida en cuerpo de varón” . Por esto no es inusual ver niños de cinco, siete, diez años ya afeminados y reconocidos por su entorno como muxes. Paquita tiene doce años y todavía no sabe “cómo se hace esto de chapear”, sin embargo es toda una damita, dice que es “así, como Rocío” y acompaña su mamá a vender en otros pueblos. Es interesante notar cómo, culturalmente, se dan diferentes significados y respuestas a los juegos de los niños . Todos los niños del mundo se entretienen con cualquier cosa, inclusive con las muñecas pero, mientras en la sociedad mestiza un niño que agarra la muñeca de su hermana es inmediatamente reprimido y se le pone una pistola en la mano porque “qué tal, manita, si se me vuelve joto”; en la sociedad zapoteca no hay represión, al contrario; la homosexualidad es signo de un destino social y de una reubicación genérica ya prevista por la cultura. Incluso he escuchado decir a las señoras de clase media en diferentes ocasiones- aludiendo a las mujeres de la séptima sección : “las tecas los hacen así, así los crían, para tener una entrada segura, porque los muxes trabajan y traen dinero a la casa” . La idea predominante es que existe un destino biológico desde el nacimiento, que inclusive se hereda en las familias. Los juchitecos afirman que no hay familia juchiteca que no tenga un muxe, unas familias tienen más que otras en su árbol genealógico, y cuentan que unas cuantas tienen tradición y abolengo en la putería. Por otro lado no todos son gay “de nacimiento”. Muchos definen sus preferencias sexuales entre la pubertad y la adolescencia y he conocido unos cuantos que ya adultos “se voltean”. Aunque casi todos afirman y juran que se sienten “así” desde la niñez para legitimar su diferencia a través del origen divino, siempre hay un evento especial que les da conciencia de su ser. De las pláticas informales resulta frecuentemente un mismo estereotipo: el adolescente se emborrachó y despertó al lado de otro hombre : “de ahí supe que era así como soy”. Algo muy parecido a lo que se representa en una obra de teatro recientemente puesta en escena : La Vela de la Luna Loca . Ahí, el protagonista, un joven que por casualidad participa a una fiesta (vela) en Juchitán, despierta desnudo al lado de una loca experta en los juegos amorosos, tras una fenomenal borrachera . No es importante saber si así fue la realidad, sin embargo es interesante notar que el emborracharse y despertar al lado de otro hombre se vuelve en la realidad imaginaria del sujeto, el código interpretativo del pasaje de la heterosexualidad a la homosexualidad con un matiz de inevitabilidad. Es algo muy parecido a los sueños o acontecimientos reveladores que cada curandero o brujo experimenta antes de afirmarse como tal.

Las anécdotas son muchas, pero una es particularmente chusca . Cuenta Rosario que él “nació hombre”. A los quince años, yendo de paseo a Salina Cruz, tuvo un accidente automovilístico muy grave. Resultó herido y se desmayó y “¿qué crees, manita?. Me desperté loca. Y desde entonces éste es mi destino”. Según el modelo cultural tradicional, los adolescentes no tienen acceso a las mujeres ya que las muchachas, y especialmente sus madres, cuidan su virginidad, que se considera “como un hecho altamente serio y sublime, entre lo sagrado y mitológico” .21 Por otra parte, también son de difícil acceso las prostitutas por razones económicas y porque en general la comunidad no acepta a quien anda en los burdeles a temprana edad. Es práctica común, entonces, que los gay-muxe inicien en las prácticas sexuales a los varones entre los diez y los quince años. A menudo es un gay, pariente o vecino, quien se presta con gusto a abrir el prepucio
a un niño, desvirgar a un muchacho y enseñarle los primeros manoseos y juegos amorosos. Entonces, mientras las mujeres, parecen carecer de la posibilidad de tener experiencias sexuales antes del matrimonio (tal vez la iniciación al conocimiento de su cuerpo no rebasa los manoseos, besitos y jueguitos que se pueden realizar con primos y amiguitos de menor edad, como sucede en cualquier parte del mundo), los varones tienen en cambio la posibilidad y facilidad de aprender y practicar todo lo relacionado con el sexo, desde los rituales de cortejo y seducción hasta las
prácticas sexuales, a través de las enseñanzas de la loca que en esta relación iniciática juega normalmente el papel de mujer . Sin embargo, algunos gays me contaron de la gran y agradable sorpresa que se llevan actualmente con algunos adolescentes que “quieren probar de todo, también recibirlo, mientras que antes no era así” . Inclusive experimentan un cambio en las
relaciones, ya que los muchachos no se limitan a la mera penetración, sino que van explorando otras posibilidades eróticas de su cuerpo .

“No hay como el original”

Por supuesto que nacer o comportarse como mujer no significa ser mujer. El camino del devenir mujer es largo . En principio, por el cuerpo. No es un proceso fácil cambiar el cuerpo masculino por uno femenino: hay que acentuar curvas, llenar vacíos y vaciar llenos, disminuir cintura, tornear piernas, suavizar rasgos, desaparecer pelos, suavizar la voz, adquirir otra gestualidad, modificar comportamientos. Algunas, como en el caso de Rocío, para acentuar y fijar los rasgos femeninos durante la adolescencia, se inyectan hormonas para que crezcan los pechos y las nalgas, se
redondeen las caderas, desaparezcan los pelos, se afine la voz. Son necesarios varios ciclos de
tratamientos, que tienen repercusiones también en la vida sexual, ya que las hormonas inhiben la erección durante el acto sexual y puede no haber orgasmo. Me dicen que el placer no se concreta en el orgasmo, sino en el dar placer, en hacer que el hombre se sienta más a gusto, tal como pasa con algunas mujeres, por lo menos las que asumen la pasividad como propio de lo femenino. Tampoco resulta “natural” tener actitudes y comportamientos femeninos. Es necesario un entrenamiento constante, una atención permanente a la forma de moverse y de hablar, imitando -hasta la exageración en algunos casos- los ademanes que se supone expresan la mayor feminidad y los atractivos de una mujer. Asumir la identidad, de otro sexo es parecido a lo que pasa en la construcción de un personaje teatral. Presupone el dominio de una serie de saberes que componen el universo femenino. Para las vestidas es un rito que se renueva cotidianamente . Salir de la casa para ir al mercado o a una fiesta presupone un trabajo previo y laborioso sobre su
cuerpo y una reafirmación, a los ojos de los otros y a través de la mirada de los otros, de su identidad femenina. Las locas de mayor edad o de mayor experiencia van entrenando a los que se inician en este nuevo estilo de vida, viboreando, criticando y sugiriendo poses, gestos, formas de caminar, peinados, maquillajes, trucos … como hacían Pancho y Rocío con Manuela y las chicas que participaban en el certamen, como hizo la empresaria del primer grupo donde empezó a trabajar Rocío a los catorce años. A veces, es posible encontrar en la misma familia a los cómplices históricos de este proceso de metamorfosis : la madre, ás frecuentemente una tía o un tío muxe, asesoran al adolescente en las diferentes tareas de apropiarse de todos los símbolos y los comportamientos femeninos. El riesgo es parecer ridículos o una mala imitación, porque “no hay como el original”, como me dijo Miro en una ocasión, con realismo teñido de veneno. Sin
embargo, sospecho que la exageración de algunos no es simplemente mala imitación, sino una forma bastante irónica de asumir y mostrar la diversidad, “ni hombre ni mujer, sino todo lo contrario”. Si el hombre heterosexual, el macho que toda loca de este grupo aspira tener, “quiere engañarse”, no quiere asumir conscientemente su homosexualidad latente o sus prácticas homosexuales, y necesita la imagen de una mujer para excitarse : -ahí te va, con toda exageración, hasta lo ridículo y lo grotesco tal vez, lo que yo gay veo en las mujeres y, con esta ficción compartida, “yo loca te conquisto, a ti macho”. El arte de la seducción se vuelve parte integrante y necesaria del estilo de vida del gay. Es el poder del artificio o la eficacia simbólica, de levistraussiana memoria.

La vida es una fiesta

Es tanta la presencia social de las locas en Juchitán, que tienen una Vela propia, dedicada a la celebración de la comunidad gay: la Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro que se realiza cada año en noviembre. Empezó a finales de los setenta en Comitancillo como una fiesta semiprivada de un grupo de locas que se reunían en la casa de una de ellas, a donde llegaban también de pueblos y ciudades vecinas. Las locas de Juchitán participaban de la vida política de la comunidad como afiliadas del PRI . Su líder era, y es todavía, Oscar, un gay que ha logrado acumular una notable fortuna a través del comercio, y un estatus social reconocido por toda la comunidad . El ofreció un salón de su propiedad en el mero centro de la ciudad, sus recursos económicos y su capacidad organizativa y de convocatoria, para celebrar cada año esta fiesta (que a la vez representa para el anfitrión un buen negocio, por la venta de cerveza y el alquiler de útiles) . En pocos años se volvió una fiesta popular, sin ninguna connotación política, donde la coronación de la reina puede ser efectuada por el mismo presidente municipal, o a través de alguna autoridad formal o informal . El número de socios de la Vela se ha ampliado considerablemente : de los nueve miembros originarios hoy se cuentan cerca de cuarenta y ya no son solamente afiliados al PRI . En su realización participa y colabora todo tipo de gays, desde las locas de la séptima a los gays más sofisticados de corte internacional y sin distinciones de clase y afiliación política, desde las trabajadoras sexuales al maestro, al director de la escuela y asesor de educación. Gracias a la extendida y sólida red de relaciones que Oscar ha logrado tejer alrededor de su persona y de la Vela.` A esta celebración llegan locas “embajadoras” de todas partes de la república, además de una pintoresca fauna de curiosos nacionales autoridades municipales y estatales ; el canal once de la emisora televisiva de Oaxaca registra y transmite todo el evento, desde el desfile de las “embajadoras” y ex reinas ataviadas en modelitos cuya realidad supera toda fantasía posible, hasta la coronación de la reina, el show travesti ofrecido por los socios a
la concurrencia y el espectáculo de regocijo ofrecido por ésta a las cámaras. Esta Vela representa una legitimación ulterior y pública de la cuestión homosexual en la comunidad . Lo que es notable es el carácter popular y étnico del evento y el hecho de que la sociedad zapoteca no es solamente tolerante, sino también participativa de la vida de los gays y que éstos además echan mano del patrimonio cultural colectivo como una expresión integrante de su estilo de vida e identidad in dividual. No todos los elementos culturales tradicionales son retomados y otros nuevos son creados e incorporados. En la noche del baile, por ejemplo, las locas no visten con el
suntuoso y obligatorio traje regional (son contadas y más bien maduras de edad las que lo llevan) . En esta ocasión se trata de estrenar el mejor modelito, el que más hace lucir curvas y piernas, el que más provoca envidia en las otras locas. Sin embargo, al día siguiente, en “la lavada de olla”, la mayoría luce el tradicional traje de terciopelo bordado con su olán de encaje, sus oros, sus flores en los cabellos, las trenzas enlistonadas, el bilet rojo encendido en la boca y las mejillas, en fin, una apariencia femenina absolutamente zapoteca. Nunca podré olvidar la elegancia y la actitud orgullosa típica de las mujeres zapotecas, que exhibieron en ocasión de la Vela de la Casa de la Cultura, donde, por primera vez en la historia de la élite juchiteca, la “comunidad gay” de Juchitán fue invitada por el Patronato y la Dirección de esta institución a poner un puesto y traer a sus invitados. Elegantísimas, alhajadísimas, hermosas y floreadas las locas atendieron el puesto y a los invitados con toda la sabiduría y la gracia necesarias, bailaron La Zandunga con la solemnidad y dedicación con que se debe bailar y fueron la delicia de los hombres (sobre todo de los extranjeros invitados) y la envidia de las mujeres. Por cierto, la participación de las vestidas en un evento y un espacio que nunca ha sido abierto a las locas de estrato popular, fue ampliamente criticada por las señoras de la élite zapoteca y todavía no acaba la ola de chismes. La mayordomía de la Vela de San Antonio de Padua, santo que, según las creencias populares,
consigue los novios para las muchachas, está acaparada desde hace seis años por las vestidas de Cheguigo y muchas otras están apuntadas para los próximos años. Los muxes también ocupan la mayordomía de la Vela San Juan y muchos socios de la Vela San Jacinto son gays y han sido mayordomos . Y en general un gay puede ser mayordomo de cuanta Vela se le ocurra, como medio para adquirir prestigio social y reafirmar la lealtad étnica . En el universo simbólico de las fiestas los encontramos retratados en las mantas que adornan el lugar de la celebración, como Víctor-muxe, que fue mayordomo de la Vela más antigua, la Vela Lagarto, y que toda la comunidad respeta. Como las mujeres, festejan con lujo sus quince años, rito necesario para
legitimar el pasaje a otro ciclo de vida, al periodo de máximo ejercicio de la sexualidad. Vecinas,
parientes y amigos participan con gusto como madrinas y padrinos de pastel, de regalo, de música o de lo que sea, ya que los convivios de las locas tienen fama de ser muy divertidos, “tienen gracia”, algo fuera de lo normal que provoca alegría ; “uno la pasa muy bien” y “la atención para con uno es de lo mejor” . Dice un amigo: “es por la atención que brindamos, que mis hombres siempre regresan. Se van, pasan los años, tienen otros amores y siempre regresan, por la atención”. Por otro lado, las locas introducen nuevos elementos a la estructura tradicional de la fiesta, como el show travesti y las coreografías de la danza de la quinceañera . En la Vela de las Intrépidas, desfilan en el escenario Gloria Trevi, Selena, Juan Gabriel, Isabel Pantoja y cuanta estrella se les antoje. Lo mismo pasa en sus fiestas de quince años, el festejado y sus amigos organizan tremendo espectáculo para regocijo y agasajo de los invitados. He sido testigo de como, durante los últimos años, se ha puesto de moda, en toda la región y no solamente a nivel popular, ofrecer un show travesti en las numerosas “pachangas” de cumpleaños, bodas, aniversarios, etc, entre el entusiasmo y la viva participación de las mujeres, que aplauden frenéticas, y la mirada hipercrítica de las otras locas presentes. Los mejores travestis organizan giras artísticas, presentando espectáculos en los centros nocturnos de la región o de los estados limítrofes. Es costumbre que para despedir el año que pasa, entre Navidad y fin de año, salga a la calle una pareja -formada por un viejo y una vieja: los “buelos” (abuelos)- y vaya bailando de casa en casa, alegrando a la gente a cambio de una pequeña prebenda. Anteriormente los “buelos” eran dos varones (heterosexuales) uno de los cuales se travestía de mujer. Ahora son los muxes los que han recuperado y transmiten esta tradición. La “buela” ya no es tan abuela puesto que el muxe se las ingenia para disfrazarse de lo más estrafalario. Delante de mis ojos han desfilado una novia con todo y ramo, una tehuana jacarandosa, Vanesa en traje de baño con decoraciones de lentejuelas, una señora en vestido de gala con cola de tul y otros personajes de difícil identificación, pues no hay límites para la fantasía de la representación . Vanesa iba acompañada de una banda de cuatro personas, otros iban con el pitu nisaba,’ otros, con una grabadora. El dinero ganado se distribuye entre todos y es algo más para pasarla bien el fin de año. Entre lo novedoso que he presenciado en los últimos cuatro o cinco años, además que el afirmarse de la moda del show travesti, es que las vestidas de la séptima y de Cheguigo se han organizado en clubs informales que organizan varias actividades de diversión y deporte. El Club Baila Conmigo tiene un equipo de baloncesto que organiza competencias con grupos escolares o de vecinos -en parte por gusto al deporte, en parte para ligar con los muchachos. También organiza espectáculos travestis en patios, cantinas, plazitas. A cambio de un cover de dos pesos, los paisanos pueden divertirse de lo lindo disfrutando de la presencia en vivo de aquellos cantantes que aparecen en la pantalla entre telenovelas y noticiarios. Las señoras con sus hijos llenan la platea junto con un nutrido grupo de jóvenes varones . Otro club, que en recuerdo de una famosa telenovela se llama Alcanzar una Estrella, también organiza shows y posadas en diciembre. Turnándose según las posibilidades y los deseos, estos clubs y grupos informales se encargan de organizar cada año un
certamen de belleza gay: Miss Juchitán Gay y, este año, el Miss Juchitán Gay Nueva Generación, en el cual participaron loquitas adolescentes y púberes. También organizan rifas y bailes con el fin de juntar dinero para el equipo de baloncesto o la puesta en escena de los espectáculos o simplemente para ir de paseo a Playa Vicente. El club Baila Conmigo organiza desde hace varios años un baile popular el 28 de diciembre que, como es sabido, es el día de los Inocentes. En 1996 este baile se convirtió en la Vela Baila Conmigo que se festeja en la calle y, como se acostumbra solo en las Velas mayores dedicadas a los santos, tiene su Regada de Flores24 y desfile de carros alegóricos (cuya hechura es trabajo tradicional de los muxe). En 1995 la reina fue Angélica, lujuriosamente ataviada de un adherente y maxiescotado vestido rojo púrpura con olanes y boa de organza negros. Melisa, que será reina de la vela este año, tuvo que ir a trabajar a la Ciudad de México para poder solventar los gastos de su reinado. Un año de duro trabajo para poder lucirse en aquella única ocasión y quedar en la historia oral y en el recuerdo de los demás . La Vela Baila Conmigo nació un poco en contraposición a la Vela de las Intrépidas, ya que ésta reúne más bien gays de edad mayor, se festeja en un salón y no tiene Regada. Las nuevas generaciones gay no se sienten representadas completamente por esta Vela, que perciben más bien como un negocio del propietario del salón y gusto de los “muxe yo’xho’ (viejos)”. En los años setenta todavía se festejaba el carnaval en Juchitán y en él participaban los travestis con el resto la población. Actualmente ha sido desplazado por otras festividades, tal vez por no ser necesario, pues la inversión del mundo y de las relaciones parece ser en Juchitán parte de lo cotidiano. El mejor aporte al proceso electoral que presencié en las últimas elecciones municipales fue la propuesta de Miro de crear una nueva regiduría para el bien de la población : la regiduría de regocijo y agasajo . Todo mis amigos gays se postularon como regidores. Desgraciadamente la solemnidad institucional no permite la libre expresión de la liminalidad . Los eslabones perdidos de la heterosexualidad Algo que me llamó la atención en aquellos ritos de transformación fue el manejo de la estética como otro rasgo de identidad en la vida de los gays. Estética en primer lugar del cuerpo, pero también de las cosas, del ambiente, de la gestualidad. Diría que producen y cultivan la estética de lo cotidiano. Así como a nivel mundial los creadores de la industria de la moda son frecuentemente homosexuales -y en este sentido imprimen un gusto a la moda, haciendo a la mujer más apetecible a la mirada de los hombres-, en el Istmo, también son los muxes los estilistas de la moda regional, sin faltar quien transforma el gusto local en un sofisticado look, como un famoso gay istmeño que viste a las vedettes de mayor fama. Ellos son los que elaboran el suntuoso traje regional, desde el diseño hasta el bordado; los que se encargan de la decoración de las fiestas, desde los adornos en papel hasta las mantas pintadas ; los que construyen los carros alegóricos que se usan en las Regadas de Flores, los que elaboran los platillos y dulces tradicionales . Ellos son los estilistas del peinado, los que enseñan danza regional, los mejores
bailarines y los coreógrafos de las danzas que se han puesto de moda en la celebración de los aniversarios. Las cruces que se llevan en procesión, los carros alegóricos, la apariencia personal, el vestido, los colores, la comida, las mantas pintadas que delimitan el área de las fiestas, es decir, todo lo que tiene que ver con la formación de la estética local . Como si fueran los profesionales de la exhibición (empezando por su cuerpo), los creadores de aquella cosa, aquel detalle, que capta la mirada y hace para gozo de los ojos y del alma- la vida cotidiana más llevadera. Asimismo retoman tradiciones que hombres y mujeres van dejando, como la de los “buelos”, por ejemplo. En la medida en que la “modernidad” tiende a fomentar la desaparición de las actividades artesanales, la cultura tradicional ofrece todavía espacios para la expresión y creatividad del gay. Los muxes parecen ocupar, según mi hipótesis, aquellos espacios, tal vez liminares, que hombres y mujeres descuidan o no pueden ocupar. Llama la atención la función social que desarrollan en la comunidad a través del cuidado de los ancianos y niños . En una sociedad donde tanto el hombre como la mujer trabajan fuera del ámbito doméstico y que carece de servicios públicos para la atención de los niños en edad preescolar y más aún de los ancianos, el muxe se vuelve un elemento precioso para la vida productiva de los padres y el bienestar de aquellos miembros que necesitan de otros para vivir. Cumplen la función de “dadores de atención”, como la hija soltera en el modelo familiar mestizo.

Cotidianidad y peligro

Ser loca, travesti, gay, implica un desafío constante al mundo y por lo tanto cada uno de ellos sabe que está expuesto más que cualquiera a situaciones peligrosas . Los gays de Juchitán también se perciben como reto al mundo, sujetos y objeto de peligro, pues, a pesar de su situación peculiar, no dejan de ser parte de la condición de marginación que se vive en el país . Por lo tanto, no faltan actitudes de rechazo hacia ellos, que pueden llegar hasta la violencia física de parte de individuos o sectores de la población. La Vela de las Intrépidas, por ejemplo, a diferencia de todas las otras fiestas que se realizan en la calle, se lleva a cabo en un salón; me dicen los interesados: “la gente es muy grosera, grita se burla o puede agredir, tirarnos algo” . En una fiesta en la séptima -a la que asistílas locas que realizaban su show fueron agredidas por un grupo de jóvenes que interrumpían su actuación con burlas pesadas y a una de ellas le dio una patada en la espalda . Vanesa me decía : “Cuando están juntos son bien machos, se burlan y nos agreden, peor si van borrachos o mariguanos; pero solos vieras cómo nos buscan y bien que les gusta acostarse con nosotras” . Es decir que hay una substancial diferencia entre la actitud de los hombres adultos o ancianos y los jóvenes : “los señores nos respetan, nos quieren, nunca nos ofenden, pero éstos (los jóvenes) ni a su propia madre respetan” . Este episodio (uno de muchos) nos da una señal de cómo está cambiando la situación del muxe y como se repite la misma doble moral que encontramos en la cultura mestiza, que en público ridiculiza y hasta agrede al homosexual, pero en privado los hombres lo utilizan para su vida sexual. En las pláticas con los hombres, cuando hablaban de su vida de alcohólicos, aludían con cierta frecuencia a relaciones extemporáneas con los jotos : “me la pasaba en las cantinas, sexo y alcohol van acompañados y ya ves que en la cantina nunca faltan unas nalgas de mujer, aunque sea de joto, de perdida”. Como me dijo Rocío “¡Ay mana!, mucha putería en Juchitán, mejor que Sodoma y Gomorra”. El hecho de que, sobre todo en los ambientes marginales, los jóvenes tomen demasiado, que circule mucha marihuana y cocaína y que -como regalo de la modernidad neoliberal- haya un ejército de desempleados que van a incrementar las numerosas bandas de chamacos dedicados a robos y drogadicción, hace que la vida de las locas se desarrolle en un contexto donde la violencia está a la orden del día -y principalmente de la noche- y frente a la cual se deben desarrollar estrategias de sobrevivencia, sobre todo la capacidad de encontrar una respuesta rápida y eficaz ante a una situación de agresión. Cuando comenté con Rocío que me había llamado la atención la forma brusca y despectiva con que trataban a Manuela, una loquita de Guerrero, me contestó que ella había pasado por lo mismo al inicio de su carrera profesional . La empresaria y las compañeras del grupo en que trabajaba le hacían la vida dura con todo tipo de maldades, le jalaban la peluca cuando estaba por salir al escenario, le escondían el vestido, le robaban el galán, le ponían mariguana en su maleta para que tuviera problemas con la policía. Si bien es evidente que no falta una buena dosis de envidia y de competencia, el objetivo y código de fondo de esta conducta era -como me confirmó Rocío- enseñarle, sin verbalización y en forma muy concreta y fuerte, a defenderse, reproduciendo en el interior del grupo situaciones conflictivas que exigen respuestas rápidas y eficaces. Al estilo “sobrevive el más fuerte”. “Por esto -dice Rocío- regaño a Manuela, para que se avive, para que sepa defenderse. Así aprendí, así hicieron conmigo las locas”. Como dice Paty : “Todas nosotras venimos desde abajo, nos movemos en ambientes peligrosos y por ser como somos estamos expuestas a cualquier cosa . Así que uno debe ser más listo que el diablo, debemos desarrollar más capacidades que cualquiera”. Me llamó la atención la reacción tan rápida, acertada e hiriente de Miro ante el sarcasmo del lanchero que yo misma percibí como una violencia más dolorosa que una bofetada ya que apuntaba directamente a los sentimientos e iba dirigida a romper la magia de la imagen femenina y a negarle el derecho a su elección identitaria. El entrenamiento y la iniciación a la “putería”, entonces, no acaba con el aprendizaje en el manejo del cuerpo sino que incluye todas las estrategias para saberse defender, desenvolverse en situaciones peligrosas o de conflicto. No hay normas prefijadas, pero sí es imprescindible desarrollar la agudeza de la mente y de la palabra, “avivarse”, aprender a tener control sobre las situaciones y aprender sobre todo a jugar con los roles y con las expectativas de los otros . Por esto frecuentemente los escucho decir “los gays somos más inteligentes”, no es pura y simple fanfarronería, sino que expresa también la conciencia de poseer una habilidad construida que permite mantener la ambigüedad de sexo y roles como un eje de la existencia. Ser loca presupone un complejo aprendizaje, hay que saber cómo ser hombre y mujer a la vez y esto tampoco es suficiente, hay que ser mejor hombre y mejor mujer, hay que cumplir con los roles mejor que un heterosexual, para obtener reconocimiento y estimación del entorno social. En gran parte similar a lo que pasa con las mujeres que debemos esforzamos doblemente para tener reconocimiento en cuanto mujeres, madres, esposas, trabajadoras o profesionistas. Para las locas se trata de un doble y a veces’triple aprendizaje social para ser hombre, mujer y gay a la vez. Por esto, la Vela de los muxes se llama “de las Intrépidas Buscadoras del Peligro”. Lo buscan en la medida en que salen del clóset, transgreden el “orden” sexual y demuestran, con su simple existencia, que las “normas de la naturaleza” -o la heterosexualidad como “naturaleza social”- no son tan “naturales” y rígidas como el sentido común supone, que ser excluyentemente hombre o mujer puede ser una falsedad, que la “naturaleza” también contempla el “desorden”. Hacia el final de mi estancia en Juchitán, el grupo de vestidas con las que trabajaba fue objeto de la primera redada de la policía en la historia de esta ciudad. Fue tanta su indignación y sorpresa que amenazaron con ir a denunciar, en la televisión local y en la Comisión de Derechos Humanos, los maltratos recibidos. Por fin decidieron presentarse en “batallón” ante el presidente municipal, reclamando su derecho a ser tratadas “como gente, como siempre ha sido”, pues “esto nunca ha pasado, los señores siempre nos han respetado, nuestra gente nos quiere”, y exigiendo el castigo de los policías culpables . El presidente no solamente las recibió, sino que se comprometió a llamar la atención del comandante de la policía municipal . Algunos meses después, se vuelve a verificar un episodio (menos grave) de hostigamiento de parte de la policía hacia las locas y éstas en respuesta mandan un oficio al presidente municipal, donde la denuncia de lo sucedido está precedida por una minuciosa lista de actividades cívicas -y civiles- que han hecho como grupo gay organizado en favor de la comunidad en su conjunto, como veremos en el próximo apartado. Estos episodios indican cómo se está modificando la situación del muxe; por un lado, en la comunidad se empiezan a manifestar con mayor violencia formas de rechazo a fenómenos que se perciben como transgresión del y amenaza al orden sociocultural ; ante esto los muxes-gays responden con un aumento de su autoafirmación, que deriva tanto de la fuerza de la tradición como de la conciencia del derecho de “ser” y de ser ciudadano de una colectividad, aun en situaciones no previstas por la cultura como la de la difusión del VIH/sida, por ejemplo.

Como se puede apreciar en estos ejemplos, se está generando un nuevo proceso de agresión y
hostigamiento, que se agrega a los conflictos internos a la población gay;25 sin embargo no se ha llegado a los límites del crimen, como ha pasado en Chiapas y Veracruz; quizás esto pueda llegar a suceder si tomamos en cuenta las problemáticas que ha destapado y desarrollado el aumento de las enfermedades de transmisión sexual y de la prostitución. “…y le dijo la bruja : tú tienes sida” La aparición de los primeros casos de vIH/sida en el Istmo se registra en 1985 en Salina Cruz, pasando rápidamente a Juchitán, donde, a partir de 1987, la epidemia se ha difundido llegando a un número de casos que, según las evaluaciones de los expertos, representa una incidencia muy alta para el total de la población. Los mayores afectados son la población homosexual y los jóvenes varones heterosexuales entre los trece y dieciocho años; el 30% de los enfermos se concentra en las zonas periféricas marginales, esencialmente en la séptima sección .26 La jurisdicción Regional Sanitaria considera que pueden existir entre cincuenta y setenta personas por cada uno de los casos detectados que han tenido contacto con el virus, cuyo número -y su
incremento registrado cada año en la localidad- induce a pensar que en poco tiempo el VIH/sida puede constituir uno de los problemas de mayor magnitud en la región. Los esfuerzos del sector salud han sido mínimos, ya que a nivel regional ni siquiera cuenta con recursos humanos ni financieros destinados a programas de prevención del vIH/sida . Los gays y la población de las zonas marginales son los más desatendidos por los programas de información y prevención implantados por las instituciones gubernamentales, cuya intervención llega ocasionalmente, con un lenguaje inaccesible a la población y en formas totalmente inadecuadas a las características socioculturales y a las costumbres sexuales propias de la región . Una de las consecuencia de la mala información y de la penetración creciente de los discursos que se manejan a nivel nacional es que se está difundiendo en la comunidad la idea de que los gays son los portadores y difusores de la enfermedad. El primer brote de sensibilización a nivel de la sociedad civil hacia la amenaza a la salud pública representada por el vIH/sida, el rápido incremento del número de los casos y la fatalidad de los mismos, provino de un grupo de mujeres -maestras, enfermeras, amas de casa,
empleadas, la gran parte esposas de hombres con cargos políticos y administrativos de la COCEI o muy cercanos a ella, todas mujeres con hijos adolescentes y con más acceso a la información- formaron en el 1994 un grupo de trabajo (que se autonombró con el muy poético nombre de Gunaxhii Guendanabani, Ama la Vida) para la lucha y la prevención del VIH/sida, que empezó un trabajo de sensibilización esencialmente en las escuelas, sin incidir mayormente en la población gay. Este grupo de mujeres tomó unos cursos de capacitación en CONASIDA de Oaxaca y osteriormente, con su ayuda y el apoyo de un médico del Departamento de Salud, organizaron en Juchitán algunos eventos en las escuelas, a nivel general en la población (Día mundial contra el sida), e incluso en la Vela de las Intrépidas pláticas, videos, conferencias . En parte por la falta d e apoyo de las autoridades locales, en parte porque la única de ellas que sabía cómo llevar adelante la organización -la esposa del líder domésticas y públicas que le impedían quedar en permanencia en Juchitán, el grupo relajó su incipiente presencia en la comunidad . En septiembre de 1995 -por
una serie de circunstancias ocasionales, demasiado largas para describir, y por el interés de los mismos gays- el grupo se consolida como asociación con la entrada de nuevos miembros, el apoyo de las autoridades municipales y de la Jurisdicción Regional de Salud, la donación de un local para su sede y la reestructuración de la organización interna y de las actividades. Por lo que concierne a estas últimas, la breve experiencia anterior y la mayor información adquirida, confirmaron la necesidad de realizar programas específicos de atención a grupos concretos,
a partir de sus necesidades y formas organizativas, teniendo muy presente el contexto sociocultural y la idiosincrasia del público al que se iban a dirigir. En concreto, se ubicaron tres áreas de trabajo: la población gay, por sus funciones en la sexualidad de la población masculina, el sector escolar y el de salud, todas con distintas exigencias de intervención. Los miembros más interesados en la cuestión gay se movilizaron con mucha eficacia, empezando por la zonas
más marginales. En noviembre del mismo año se formó un taller de información al cual acudían entre diez y veinte travestis. Lo que llamó la atención de las organizadoras en las primeras actividades con los travestis fue la enorme demanda de atención que provenía de ellos . Iniciadas con muy pocos participantes para dar mayor información sobre el sida y la salud sexual, las reuniones semanales se convirtieron muy pronto en un espacio de autoconciencia, donde los participantes se manifestaban y compartían experiencias y reflexiones, dudas y risas, tanto sobre salud como sobre problemas, familiares, laborales, de relaciones etc, es decir, se volvió un lugar donde podían compartir problemáticas y dar vuelo a la creatividad. Lo que llamaba la atención, además, es que las locas no se limitaban a platicar, sino que espontáneamente “actuaban” sus experiencias, deseos, fantasías. Hecho que confirmó la intuición anterior de la antropóloga y
convenció a la misma junto con otras pocas, de que era de primordial importancia hacer un proyecto en forma y buscar financiamientos. Entre pláticas, experiencias, fantasías compartidas, en el taller se llegó a la conclusión de que era responsabilidad del grupo promover la concientización, tanto del resto de la población gay como de la población en general, sobre
el sida y el riesgo de no practicar sexo protegido. Así nació el Colectivo Bini Laanu (Personas como Nosotras) al interior de Gunaxhü que, como parte de los programas de la asociacion, empezó el proyecto de Teatro sobre Sida, y se consiguió un pequeño financiamiento para ponerlo en marcha. Tomando en cuenta las características culturales de la zona y el trabajo ya hecho, la antropóloga (¡ya imaginarán quien!) propuso impulsar un proyecto -donde el factor lúdico adquiere una importancia fundamental en la vida cotidiana- sobre las funciones sociales de los gays, la necesidad de que el mensaje educativo fuese oral y en zapoteco. La antropóloga pensó que un medio adecuado y novedoso de educación podía ser el espectáculo gay donde las partes musicales se alternan con sketch teatrales sobre sida . El guión podía nacer de las mismas experiencias y situaciones vividas y de la fantasía de los gays interesados e involucrados en
el programa . La idea estratégica era aprovechar el éxito del show travesti en las pachangas, cantinas, patios y bares, para difundir información a través de la actuación de pequeños sketches, entre una canción y otra, sobre las consecuencias que acarrea el vIH/sida, desde los problemas clínicos a los sociales. La propuesta fue escuchada, pero pareció demasiado estrafalaria ya que todavía no tenía una forma precisa . Sin embargo, todas convinieron en que debíamos ocupamos más y más atinadamente de la población gay, empezando por las locas de la séptima y de heguigo. La primera actividad fue la asistencia de cuatro travestis al I Festival de Teatro sobre Sida que se realizó en el Teatro Tecolote en la ciudad de México, durante el cual participaron en el taller de actuación que impartieron dos compañeros actores, miembros de una ONG de San Francisco que trabaja con migrantes latinos . Desde el comienzo lucieron una innata capacidad histriónica . Una de ellas, Jesusa, ideó y actuó una pequeña obra en zapoteco, una historia de
brujería y sida, involucrando en su actuación, a través de su capacidad expresiva, a los mismos
“chilangos” que participaban en el taller. Los maestros ya querían llevársela a San Francisco . Por
fin, después de varios acontecimientos que serán objeto de otro ensayo, la primera parte del proyecto finalizó en mayo del 1997 con un concurso y con la presentación al público juchiteco en el salón Cazorla -presentes las autoridades municipales y estatales y el representante de la fundación que otorgó el financiamiento- del espectáculo “Las Intrépidas vs . el sida”, concurso de teatro gay. Los primeros premios los acaparó Felina con la interpretación de Gloria Trevi y la puesta en escena de una obra en zapoteco que aborda la problemática de las mujeres con sus
hombres en relación con el uso del condón. Es una obra que presenta en una forma divertida y chusca situaciones cotidianas entre marido y mujer. Felina fue acompañada por Vicente, un gay de Cheguigo, quien en esta ocasión cautivó al público con sus excepcionales dotes y chispa de actor. En total fueron dieciocho las piezas presentadas. Los mismos organizadores no se esperaban tanta participación. Actualmente se está promoviendo la gira del espectáculo en la región y en el mismo Distrito Federal . En esta forma las locas, más bien debo decir “las” gays, como ellas mismas empiezan a nombrarse, aparecen en la escena política local en formas no
ligadas a los partidos de manera tradicional aunque se sabe que la Gunaxhii está esencialmente formada por gente de la COCEIsino como ciudadanos que hacen patente un problema social nuevo y del cual se hacen conscientemente cargo en favor tanto de su propia comunidad como de la población en general. Desgraciadamente la Gunaxhii en su conjunto no ha sabido hasta ahora aprovechar este potencial humano ni ha tenido la visión suficientemente amplia como para aprender de la experiencia de las locas y aceptarlas -no simplemente en discurso- como ciudadanos a la par. Las locas son muy buenas para reír, ir a fiestas, hacer los trabajos domésticos, la decoración de la pachanga, de repente conseguir financiamientos, para adornarse con la “gran aceptación social de los muxes” en la presentación de la imagen identitaria hacia el
exterior, pero cuando salen a escena pública con problemas de atención, con su opinión sobre las
mujeres y los hombres -como los ven, como los viven, como les descubren contradicciones- con sus demandas, con sus muertos, ya no son tan buenas. Provocan cuando menos cierto esconcierto social. No sé que más tuvo mas peso, si el miedo de que sus hijos pasaran por este nuevo problema, que ni ellas mismas como adultas podían controlar, o el “descubrimiento” de las prácticas sexuales de sus maridos. Pero es interesante este “desliz” a cientochenta grados de la presencia social del muxe en aras de la modernidad que signa también el surgir de una nueva forma de ser muxe, más en sintonía con la figura de ciudadano en una sociedad urbana compleja. Esto no quiere decir que estuviera ausente esta figura pública y política del muxe en los años anteriores. “¡Ni enfermos ni criminales, simplemente homosexuales!” Lo que tengo como información sobre la participación de los gay en el ámbito politico es poco y fragmentario . Cómo escribí en un apartado anterior, las Intrépidas eran al principio todas militantes del PRI, de las cuales no era ajeno el clientelismo en tomo a Cazorla que es un muxegay muy conocido a nivel social por su trayectoria de vida y su capacidad en los negocios. Militantes y exmilitantes de la COCEI dicen que eran un grupo de choque del PRI, como por decir “la ala dura” del partido caciquil, que se dedicaban también a provocar a los coceístas. Sin embargo, cuando empieza el
movimiento gay mexicano en los años setenta, me han dicho (no he podido hasta ahora erificarlo) que Juchitán estuvo entre las primeras ciudades en que los gays salieron a la luz pública con pancartas propias, pero ya desde entonces como militantes del PRI. Sé que en Oaxaca un estudiante juchiteco participaba, a nivel individual, en el Movimiento gay. Aparte de los eventos ya descritos (durante los cuales se acuñó el lema que va como título de este apartado), se puede
considerar más como caso excepcional que durante el Ayuntamiento Coceísta 1990/94 el asesor de educación fuese un gay declarado . Pero él es director de una escuela privada a la que acuden los hijos de intelectuales, profesionistas y políticos, viene de una familia zapoteca de prestigio, su madre es dueña de una de las tiendas de telas más importantes de la ciudad, tiene una carrera de pedagogo y una especialización en Filosofía de la Educación. En su escuela -a nivel primaria- lleva a cabo un proyecto educativo basado en el aprendizaje de los concéptos básicos de la filosofía en español y zapoteco, en su casa tiene una biblioteca de literatura mayor de la que dispone la casa de la Cultura y la Biblioteca del ayuntamiento, y sus comp act-discs van de la canción ranchera a Beethoven. Sin embargo, en ocasión de las elecciones municipales del 96, vi una cosa curiosa (que todavía no puedo aclarar hasta el fondo): el PAN hizo proselitismo entre los muxes y en más de una ocasión vi la presencia de grupitos de locas en las manifestaciones del PAN. La COCEI, no ha hecho ningún tipo de trabajo hacia la población gay. Hizo mucho ruido la participación de Rocío en las filas de la COCEI durante la marcha de clausura de la campaña electoral . Pero sospecho que más por ser muy bonita y por ser hija/o de uno de lo más aguerridos priístas de Juchitán, que por su elección . En realidad no he encontrado una atención política particular en el PRD-000EI hacia los gays. Pero los gays están ahí y también reclaman repartición de terrenos para construir sus viviendas, como ocurrió durante una junta de comité de barrio, presentes las autoridades municipales, cuando tres mampos tomaron la palabra para decir que “si los hombres, los muchachos, las muchachas, las señoras y sus hijos tienen derecho a un techo, ¿acaso los gay no somos personas y no tenemos derecho como ciudadanos a un lote para su casa?”. Me dicen que fue la primera vez que se pusieron los términos de esta forma y que se asignaron lotes de tierra ocupada a gays en cuanto gays. Es demasiado temprano para hacer una evaluación del impacto social que genera este programa. Sin embargo, se pueden hacer algunas consideraciones . En primer lugar es notable la respuesta. Además representa un medio para mostrar a la población que los gays se hacen cargo de una situación que los afecta no solamente a ellos sino a toda la comunidad de la que son parte. Los eslabones perdidos de la eterosexualidad

Sexo, sentimientos y pasión

Una de las opiniones más difundida en la población mestiza heterosexual es que los gays ecesariamente establecen relaciones sexuales y emotivas con otros gays. De las locas que yo conozco, ninguna busca un compañero homosexual, no les gusta, más bien lo aborrecen. Lo que quieren es un hombre, el hombre heterosexual, posiblemente macho o mejor machín. Hay uno que otro gay, de los más sofisticados, que pueden tener un compañero gay, pero sólo les gusta si su aspecto es muy varonil. Los gays de la alta burguesía aman lucir a su mayate y, como hacen los hombres con sus queridas, le ponen casa, le compran un coche del año, cadenas de oro y vestidos de firma. Provoca un profundo placer exhibir la propia capacidad de seducción, que es todavía más placentera y cargada de poder cuando el seducido es un hombre declaradamente
heterosexual, es más, guapo y codiciado por las mujeres . Es cuando la performance llega a su máxima expresión, como cuando un buen actor logra cautivar al público y provocar risa, llanto, enojo, admiración, inquietud, ansia y todo tipo de reacción emotiva. Así como en el certamen descrito, alrededor de las casas y las fiestas de mis amigos circulaba una cantidad impresionante de hombres notoriamente heterosexuales, muchos de ellos casados o con novia. Ante mi comentario, se abrió la caja de Pandora de los chismes pues, como en todo pueblo, la boca nunca descansa y los chismes vuelan. Por su parte las locas lamentan (a veces hasta lloran), la imposibilidad de tener una relación con un hombre -o con su “marido”, como llaman al compañero con quien tienen una relación mínimamente estable, no ocasional- “como las mujeres, con un
hombre atento, cariñoso, que me defienda, que me lleve a pasear” . Algunas locas llegan a vivir por breves temporadas con un hombre al cual generalmente mantienen. Tener marido o novio no supone necesariamente tener relaciones sexuales. Varios travestis me decían que del novio quieren caricias, abrazos, cariño, en fin, una relación donde sea más importante lo afectivo que lo sexual. De manera que también es tema de revisión la supuesta y multideclamada “promiscuidad” sexual de las locas. Algunas locas me dicen que tienen novio porque salen a pasear regularmente; sus familias, amigos y vecinos están enterados ; él va a su casa a verla, “a las siete, cuando sale del trabajo”, bien recibido por la mamá de “ella” ; “ella” lo puede visitar en su casa, bien recibida por la mamá de él, quien inclusive puede llamar la atención a su hijo cuando observa que éste
no “la trata bien, como debe de ser”. La mayoría de las locas traiciona a sus novios ocasionalmente por placer o por ganar dinero, mismo que acaba en las bolsas del chichifo . Pero esto sí, ¡los celos!. Estos no pueden faltar en una relación en serio. Ella lo cela porque él ha mirado “a aquel otro puto, la perra que dice ser mi amiga” ; él la cela porque no sabe dónde empieza el placer y acaba el negocio o viceversa. Aparte de la primera experiencia que generalmente es con un hombre de mayor edad, las locas casi nunca tienen novios o “maridos” de su edad o mayores. Hay siempre más de dos o tres años de diferencia entre los dos; si ella tiene dieciocho, él tiene catorce o quince, máximo dieciséis, si ella tiene veinte, él está entre los dieciseis y los dieciocho. Los mayores de esta edad, por lo regular hombres casados, pueden ser clientes ocasionales. Muchas se han enamorado una vez de un hombre hasta “morir por él”, por haber sido abandonadas o traicionadas en la forma más brutal. Difícilmente después de esta amarga experiencia vuelven a enamorarse y más bien prefieren asumir la soltería como el estado “natural” del gay, “no hay de otra”. Uno de los “maridos” de Vera era una personalidad en Juchitán, hombre considerado hombre, más bien galán de muchas. Sin embargo todo el mundo en el palacio sabía de su relación con Vera: una relación pública a medias, todos lo sabían pero nadie la admitía ni se escandalizaba. El señor, que además vivía separado de su esposa, procuraba no hacerla demasiado evidente, no caminaba abrazado con ella, ni la llevaba a una fiesta, ni la presentaba como compañera. Y en realidad era una de varias. Sin embargo, cuando Vera
llegaba a su oficina, él siempre la atendía, iba de visita a su casa y era muy amigo de sus padres que, entre pláticas, botana y cerveza, lo llamaban yerno. A Vera -que tampoco es una perita en dulce- molestaba esta situación de semiclandestinidad, en gran parte porque no podía lucir públicamente a su hombre y tener confirmación, a través del reconocimiento (y la envidia) de los otros, de su éxito como mujer.

También la relación de Pamela con su novio es semipública, dice que es bien recibida por su suegra y su cuñada, pero su novio tiene una ex esposa, una novia oficial, es muy mujeriego y le gustan también otros putos . “Ella” lo quiere olvidar pero no puede, la carne clama y el deseo la atormenta. Por su parte, Luis estaba sufriendo mucho en este periodo por el abandono de su “marido”, un muchacho de veinte años (Luis tiene cuarenta y no es vestida) del cual estaba
profundamente enamorado, y que, después de casi un año de convivencia, se fue en búsqueda de otras sensaciones: apareció con una novia. La relación sentimental es uno de los problemas más conflictivos para las locas por la inevitabilidad de la ruptura y la inherente inestabilidad : “porque es natural -dicen- él debe seguir lo que le dice su naturaleza de hombre, estoy consciente de eso” . En la conformación de la identidad individual y de una forma de vida propia, entonces, queda clara en la conciencia la irrealidad de mantener la relación con una sola pareja (como pregona Provida) y la necesidad forzosa e inevitable de tener múltiples relaciones a lo largo de su vida . Cuando, en ocasión de una plática que se dio a un grupo de locas sobre enfermedades de transmisión sexual, el locutor afirmó que la mejor prevención era tener una sola pareja; la platea explotó con una salva
de risas y un sinfín de burlas frente a tanta ingenuidad : “estás mal, es imposible, ninguna de nosotras puede hacer esto, no somos para esto”, le gritó Germán. Tanto más conflictivo porque en la aspiración de ser mujer viene a fallar un elemento fundamental del modelo femenino dominante, el ser mujer para un solo hombre. Para mantener una relación, aparente en cuanto tal y en cuanto a estabilidad, se emplean varias estrategias : hacer la vida del compañero lo más agradable posible, llenarlo de atenciones (luego llorar porque el amigo no corresponde), mantenerlo si es necesario, buscando pretextos y justificaciones para no admitir que el tipo es un chichifo, cuidar las formas de clandestinidad como si fuera un problema propio, inclusive en el acto sexual buscar el placer de él más que el propio, dejarle libertad, aun con mucha amargura, para relacionarse con novias y esposas.

Igual que entre mujeres y hombres, hay dinero de por medio en este tipo de relaciones . Siempre he visto a la loca pagar el taxi, la entrada a la discoteca, el trago, la comida ; el joven que la acompaña nunca tiene dinero para pagar aunque sea la pecera y por fin todo se resuelve pagando con dinero el “favor” que le hace el tipo honrándola con su pura presencia. El dueño de un local nocturno, donde frecuentemente se presentan shows travestis y que es uno de los lugares de encuentro y ligue del ambiente gay, me comentaba que hasta le daba pena cobrar ya que “siempre es ella quien paga”, sabiendo que las locas tienen generalmente pocos recursos económicos. A diferencia de lo que pasa en una relación heterosexual, donde generalmente es el hombre quien paga para obtener los favores de la mujer, aquí es al revés, y lo que se monetariza es la ilusión de una relación Los muchachos y hombres cortejados por una loca o un gay varón casi siempre piden dinero o regalos a cambio de sus servicios, así que existe una verdadera
prostitución masculina heterosexual que se ha ido incrementando en los últimos años entre los jóvenes varones heterosexuales. Sin embargo se llegan a formar relaciones donde existe un cariño sincero de parte del mayate, pero que no son públicamente visibles por ser socialmente reprimidas. Por ejemplo, el amante de Anacleto, que vive en otra ciudad, cuida su relación con él con muchas atenciones, aunque no son expresadas en público . Asimismo el amante de Felina, que aun viviendo en otra ciudad mantiene la relación desde hace ocho años, en momentos importantes de la vida de su “mujer” regresa a Juchitán para apoyarla. Cuando Felina fue mayordoma de la Vela de las Intrépidas, su compañero trabajó y cumplió con los compromisos que corresponden al hombre como nunca he visto hacer a un marido. En Juchitán existen contadas parejas de muxes que llevan largo tiempo viviendo juntos . Una pareja en especial es causa de admiración y envidia, viven juntos desde hace más de diez años como una clásica pareja heterosexual; él viste de hombre, cuida con esmero que “ella” siempre esté bien
vestida, le compra la mejor ropa y joyas, la acompaña a las fiestas, baila con ella, la abraza . De ellos hablan como de una pareja lograda y feliz : “él la viste muy bien, todo le compra, cuida de su apariencia hasta en los detalles para que la gente admire su belleza y lo bien que la trata . El se ve reflejado en ella, todo lo mejor se lo da para que luzca siempre lo mejor”. El reclamo de todas, lo que más las escucho lamentar en los momentos de ebriedad, cuando la risa cede al dolor, es la incapacidad de los hombres de tener atenciones para con ellas, la incapacidad de actuar y de tratarlas como lo harían con una mujer o con su novia. Representa tanto una carencia afectiva
como un fracaso en el reconocimiento de su identidad femenina. El regalo de una flor, una caricia en público, una llamada por teléfono preguntando como está, un desayuno servido de vez en cuando, una sobada en la espalda o en los pies cuando está cansada, la defensa ante eventuales agresiones, son motivo de emoción, regocijo y muchas charlas con los amigos: “ya ves, sí me quiere, me habló desde Oaxaca, me sirvió el café, me regaló esta sortija, vino a verme a mí antes que a su novia”. No encuentro muchas diferencias con lo que experimentamos las mujeres cuando pasa el primer periodo de noviazgo o enamoramiento, al igual que ellas nos quejamos de la ausencia de detalles “bonitos” de parte de nuestros hombres e igualmente sentimos cierto grado de precariedad en las relaciones en estos tiempos de profunda crisis del modelo tradicional de pareja. Sin embargo, en este caso la expresión de los sentimientos es más inhibida por los prejuicios sociales, como me dijo un señor en forma cruda pero acertada: “en nuestra sociedad es natural regalar una flor a una mujer, mas no a un puto”. Cuando se da una relación más estable se tiende a legitimarla con un “matrimonio” . Se hace gran fiesta con los amigos, él de frac, “ella” con vestido blanco de novia con su tocado de tul y el ramo de flores en las manos, eventualmente unas lágrimas de emoción al pronunciar el fatídico sí frente al amigo que se desempeña como cura. Yo misma me emocioné mucho cuando un amigo me anunció que se iba a “casar” con su compañero y empecé inmediatamente a sugerir el vestido y los adornos que a mi juicio le hubieran quedado más elegantes. Debe haber muchas más problemáticas que todavía no alcanzo a vislumbrar, porque no creo casual que mis mejores amigos gay, cuando les comento sobre mi proyecto de investigación, al final me digan invariablemente: “todo está muy bien, pero me ustaría que investigaras sobre las relaciones de pareja, sobre el amor”. El canal de las estrellas y el penacho de Moctezuma Si en el show la loca intenta reproducir lo más posible a la artista y la identificación con ella se proyecta en la imitación minuciosa, sea de los rasgos físicos, sea de
la gestualidad, en la construcción de su imagen femenina en la vida diaria se realiza un bricolage de elementos diferentes, de todo un poco: el tocado de Rocío Dúrcal, la boca de Verónica Castro, los cabellos de Mónica Naranjo ; reproduciendo minuciosamente toda la cursilería televisa con llamativa atracción hacia el kistch Por otro lado, a nivel mundial, este medio ofrece modelos gay de éxito, Juan Gabriel, Fredy Mercury, Michael Jackson con quienes poderse identificar. Junto a este despliegue de ’subcultura televisa’ encuentro un gran arraigo en la cultura local, todos hablan zapoteco, usan huipil frecuentemente, las decoraciones de los bailes son de lo más tradicional . Quique, por ejemplo, está preparando una espectacular pachanga para su cumpleaños en diciembre, absolutamente tradicional . Hasta los huatulqueños han inventado una tradición, un
símbolo propio: el traje de penacho. Nosotros más allá de lo local Otro elemento interesante es el
carácter regional del evento. A este festival no llegan tantas representantes de otras pueblos
probablemente porque es todavía reciente, sin embargo es un evento regional y ¡ojo! inventado y organizado por juchitecos . A la Vela de las Intrepidas llegan “embajadoras” de muchas partes del Sureste, esencialmente Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Tabasco. Lo que significa que hay una red de relaciones permanente entre los gays de la región y con el resto del país. Tengo entendido que un gran porcentaje de los integrantes de esta red son de origen istmeño, propiamente juchiteco . En este caso entonces la identidad de género, la identidad gay, resultaría reforzada por la identidad étnica. En el certamen se manejaron varios símbolos regionales, los trajes, el penacho uatulqueño, y obviamente abundan en la Vela de las Intrépidas. Se trata también de investigar qué
otros eventos, aparte las fiestas, son elemento de agregación de la comunidad gay. Sé que los socios de la Vela de las Intrépidas empezaron como grupo político ligado al PRI . Participaban con pancartas, insignas y toda la parafernalia gay a los mítines, marchas, actividades, etc abiertamente como grupo gay definido. Esto en los años 70-80. Me dicen que fue primera vez en el estado de Oaxaca que la comunidad gay salió a la calle como grupo organizado, provocando
mucho escándalo y varios reportajes periodísticos. Me pregunto qué rol juega la pertenencia territorial en todo esto en términos de identidad ¿qué pasa con un cuerpo-placer no reproductor, qué no es lo mismo que el caso de mujeres que no tienen o deciden no tener hijos? Tal vez una psicoanalista pueda abrir vetas.

Aquí lo dejo.

¿Consideraciones finales o hipótesis?

En fin, me parece que por lo que concierne a este mundo diverso, que transgrede las reglas del sentido común, no se puede hablar de identidad, sino de identidades que comparten un estilo de vida complejo, contradictorio, cuyos ejes van de la “hembricidad” a la “machinería”, entre luces y sombras, y con muchos cruces que se despliegan y varían a lo largo del ciclo de vida tanto en la vida sexual, como en la familia, en los roles de género, en la autopercepción y en la percepción que los otros tienen de ellos . “No tengo la ilusión de ser mujer y no me gusta ser hombre”, dice acertadamente Felina . Cultura de la ambigüedad, de la performance, del exhibicionismo y de la
transgresión que rehuye tanto los estereotipos de género como la manía clasificadora de la cultura
occidental mestiza. En este sentido no creo que se pueda hablar de la institucionalización de un tercer género pero sí de la aceptación, no exenta de contradicciones, de otro estilo de vida que articula de manera natural las características de los dos géneros . El modelo socio-cultural tradicional de hecho prevé funciones y espacios a la expresión de la homosexualidad y concibe la posibilidad de que un individuo sea socialmente hombre y/o mujer en distintas etapas de su ciclo de vida . En este sentido el muxe tiene una presencia y una visibilidad en la organización genérica de la sociedad y en el universo cultural étnico zapoteco, que son poco usuales en nuestra sociedad occidental. La gente de Juchitán está orgullosa de la pe rmisividad que existe en su sociedad hacia la conducta homosexual y tiende a considerarla como un factor de liberalidad sexual que distingue su cultura de otras, como la mexicana. Sin embargo, de ninguna manera la sociedad zapoteca es el “paraíso de las locas” como tampoco es un matriarcado, el “paraíso
de las mujeres”, como he intentado demostrar en otros trabajos 27 Por mi parte considero que el modelo cultural tradicional representa un prototipo rígido para regularizar, social y culturalmente, las prácticas sexuales y para ubicar la conducta homosexual, manifiesta o latente, la cual de cualquier manera no está restringida al homosexual manifiesto, ya que el medio social no sólo es permisivo hacia la homosexualidad sino también participativo. Por otro lado creo que esta forma de institucionalización de la homosexualidad tiene que ver con la marcada división sexual que caracteriza a la sociedad zapoteca y con la situación de la mujer en la familia y la sociedad . La
visibilidad y presencia social del muxe es posible en esta sociedad donde las mujeres tienen poder, no son sumisas y pueden protegerlos a cambio de un reforzamiento de su poder social . Por otra parte los homosexuales dan a los hombres la posibilidad de ejercer una sexualidad sin compromisos sociales, son cuerpos para el placer del otro y para el reforzamiento de la masculinidad continuamente amenazada por mujeres fuertes y tendencialmente dominantes, cuya presencia permea muchos espacios sociales. Sin embargo, el muxe-gay encuentra formas de expresión y afirmación tanto en espacios rígidamente legitimados por la cultura como femeninos y
masculinos, de la casa a la política, como en aquellos intersticios y zonas de la convivencia y de la
producción cultural que quedan fuera o periféricos respecto a la influencia de la cultura heterosexual, dándole una potencial libertad que se despliega en un amplio abanico de xpresiones y opciones individuales, creando formas de vida no previstas y por lo tanto consideradas peligrosas para el orden social . El muxe, que se desarrolla en el mundo de las mujeres, hija destinada a la soltería y al cuidado de los padres, que reproduce, como las mujeres, la cultura tradicional, se vuelve gay, desborda los límites prefijados socialmente, se mete en política, se autocelebra, exige reconocimiento por parte de las instituciones, exhibe la capacidad de manejo de la sexualidad masculina, produce e incorpora a la tradición elementos culturales propios . Es decir, construye otro estilo de vida . Lizárraga expresa muy bien este pasaje: “entre homosexual y gay es posible encontrar las distancias que se dan entre las minorías silenciosas y las minorías activas”,’ por lo tanto sujetos de la historia y esto causa desconcierto. Como bien dice Foucault: “lo que más perturba a los que no son gays es la forma de vida gay, y no los actos sexuales mismos Lo que no pueden tolerar es la posibilidad de que los gays puedan crear tipos de relaciones no previstas hasta ahora”,’ de hecho polimorfas, metamórficas, locas pues, fuera de lo normal.

La inteligencia no vive más que en la apertura a lo que resulta incómodo
Posted by tomas_e at 08:21:12 | Permalink | No Comments »

Monday, June 30, 2008

Give me one rea son (Tracy Chapman)

Música de fondo para el alma, para el retorno. Música para curar, lamer, dulcificar heridas. ¿Quién le va a pedir razones a la otra? ¿Yo? ¿Renata? Dice el tango: mano a mano hemos quedado. Tabula rasa: maná para los dedos carcomidos; para los pelos crecidos.
El cuerpo de Renata surge como un barco fantasma en el horizonte de mi cama. La veo dormida. La veo descansando después de haber hablado, después de haber hecho el amor. La veo allí, una pierna asoma por debajo de la sábana. Noto que su pie es chico, redondo, rosado. Me dan ganas de ir a besarlo, de ir subiendo por esa pierna depilada (por el vestido); me dan ganas de ir a jugar con ella y pensar que este barco fantasma no lo es tanto.
Este es el segundo pacto que hago con alguien. El primero fue con Melisa, pero ese es diabólico. Con Renata intentaremos construir desde la apertura (¿?). Ay Elvira, lo tuyo es de culebrón sudaca, malo, pero cuando mirás atrás, hace como dos años, antes de empezar a llevar el blog, ¿qué había en tu vida? Parecías una gata callejera buscando refugio, refugiándote en cualquier cama, junto a cualquier cuerpo. Pero esto era aún antes ¿no? Uy, ¿no te da vértigo recordar esos años? y ¿París?, y ¿New york? ¿No te da vértigo pensar en aquellas para las que fuiste alguien en algún momento? No, no es recuento de presas, no soy, nunca me sentí cazadora, pero quizá llega un momento en la vida en que viene bien ponerse a mirar para atrás, sin tanta ira, reconociendo que aquella que fuiste sos vos. Ese es tu background, es lo que te conforma.
Creo que no puedo seguir escribiendo. No sólo sentí que Renata se dio vuelta en la cama, sino que ahora quedó con medio cuerpo descubierto, y es aún más invitante.

El secreto de Amanda (post nro. 300)

- Y ahora ¿qué harás? me preguntó Amanda pasándome un mate.
- ¿La verdad? No sé. En realidad quiero intentarlo con Renata.
- No ves, no ves que sos de lo peor.
- Vamos Amanda, vos sabés lo que siento por Melisa, pero ahora que sé dónde está Renata y dónde estoy, quiero seguir con ella, ver qué podemos sacar de bueno.
- Ay amiga del alma, no sé qué decirte.
- Raro te dejé sin palabras! le dije.
- No, esas chicas me dejan sin palabras o consejos y a vos sin aliento. ¿Querés que te confiese algo? me preguntó bajando la voz Amanda, ya que su hija andaba por allí cerca.
- Sí, qué pasa?
- A pesar de todo te tengo envidia, mucha envidia, buena ¿me entendés?
Me la quedé mirando; en los años que la conocía era la primera vez que se “quejaba” de su no estar en pareja.
- Estas loca, vos? No te convendría envidiar a otra persona?
- No, es que vos vivís tan a fondo estas relaciones, te equivoques o no; te caguen o no, las engañes vos a ellas o no. Sos apasionada, y eso me gustaría ser un poco a mí también, dijo Amanda, mirando hacia afuera, por la ventana.
Le tomé la mano, casi instintivamente: “Podés intentarlo…” La sacó rápido, y se quedó mirándome fijo: “No, Elvira, ahora no. Por ahora no puedo nada. Somos amigas, pero hay cosas que vos no sabés”.
- Y vos tampoco de mí, Mandi. Es así, siempre tenemos ese espacio secreto, tan necesario para poder seguir viviendo sin ser invadidas del todo.
- Elvira, me creerías si te digo que hace tiempo estoy enamorada de una persona que nunca me prestó atención?
- Eso es imposible! Es una tonta, entonces, dije.
- ¿Tonta? Yo no dije que fuera una mujer.
- Disculpá, Mandi, me sale por default el femenino.
- Está bien, no es un problema, pero bueno, me tengo que poner a cocinar ¿te quedás?
Jamás la vi así, irse por la tangente, pero me hizo bien saber que ella se fija en alguien
Posted by tomas_e at 07:14:14 | Permalink | No Comments »

Con las cartas so bre la mesa (II)

Ay, ay, ay Elvirita, no hay nada peor que querer saber, no hay nada peor que hurgar en las heridas ajenas, en las propias. ¿Qué sacás en limpio? ¿De qué te sirve ahora saber?
Ya hace un día que se fue, un día que no sabés de ella, un día y vos no agarrás el teléfono, no la llamás para saber cómo está, pero ¿vos cómo estás? El pelo te va creciendo, la herida que te dejó el piercing en el pezón, y que vos te sacaste ya hace un tiempo, va cerrando; ¿pero cómo estás? Tenés la data y ¿qué hacés con eso? La prima de Córdoba no es prima, es su pareja con la que también intenta terminar desde hace un año, y no pueden cerrar la relación del todo, es por eso que cada vez que va para aquellos lugares para en su “ex” casa, con su ex.
- Mi relación con vos intenta ser otra cosa, Elvira. Te amo, y quiero estar con vos; me gustaría que pudiéramos construir algo entre las dos.

Te quedaste mirándola, pero en realidad mirabas más allá; mirabas como hacia atrás pero en el futuro. Sin duda alguna Laurie Anderson tenía razón en citar a Burroughs: “Language is a virus”. Te carcome y no hay cura. Palabras perras que nos enredan al deseo más mísero, más místico. Revelación de revelaciones: todo desnudo allí, como en una camilla de morgue.
Te quedaste mirándola hasta que fue ella quien se levantó de la cama, quien se fue poniendo el jean, la remera; la que guardó el famoso vestidito en un bolso verde en el que pudiste llegar a ver que guardaba un par de libros que había traído la otra vez, su cepillo de diente, unas ojotas.
No pudiste decir nada, ¿qué ibas a decir? No pudiste detenerla, ni lo intentaste. Se acercó, te acarició la base de la nuca, te beso en la mejilla, te dijo: nos hablamos. La dejaste ir como se deja ir… ¿qué mierda querés escribir Elvira? ¿No te das cuenta que llega un momento en que las palabras ya no te sirven?

Con las cartas sobre la mesa (I)

Renata acaba de irse, cuando anoche llegó luciendo el famoso vestido, y me dijo: “quiero estrenarlo con vos”. Creo que mi débil beso, que mi débil abrazo me delataron: “¿Qué te pasa?”, me preguntó. Le dije que nada, que sólo cansancio; que no esperaba verla así, tan producida, más cosas dije que no vienen al caso, ya que terminamos curtiendo de todos modos. Por momentos me siento la Justine de Sade, que le daban por todos lados y ella ni se enteraba cómo, mezcla alucinada de inocencia y pelotudez, y locura moralista del Marqués, sin duda alguna.

Renata acaba de irse, ya han pasado unos minutos más. No sé si volveremos a vernos, la menos hoy. Renata se va y se lleva su misterio con ella, como dentro de una valijita para títeres.

Fue esta mañana cuando más que preguntarle le dije, o ambas cosas a la vez: “¿que papel juego yo en tu relación cordobesa?”. Me miró, se puso medio pálida, y esgrimió: “¿de qué relación me hablás?”.
- Eso no lo sé, sólo sé que existe y lo único que quiero saber es qué papel juegoyo.
- Me parece que estás muy convencida de algo que no es, Elvira.
- Digamosle ¿tu prima?.
- Estas loca! Primero porque no pasa nada con ella, y segundo porque cómo podría tener algo con ella, es una parienta.
- O así le ponemos a la relación para que no parezca que lo es, quizá, le dije yo levantándome de la cama.
- Elvira ¿qué me querés decir con todo esto? No entiendo nada.
- Que sé que la voy de amante de una relación que ya existía o bien tenés una amante que toma mi lugar de vez en cuando, la miré fijo; se largó a llorar. Nunca pensé ver a Renata llorando, no sé por qué, pero bueno, esa es la imagen que me daba.
Le alcancé un cajita de pañuelos, se sonó fuerte la nariz, y me dijo: “No sé cómo ni quien te dijo esto, que es una verdad a medias”.
- Renata, soy toda oidos, le dije sentándome en el borde de la cama.

Posted by tomas_e at 07:13:31 | Permalink | No Comments »

Historia de una pa sión

Termino de escribir el título de este post y ya me estoy riendo. Escribo este post como intento de pensar en voz alta qué es esto, qué es todo esto.
La línea pasional es simple, ellas son Elvira y Melisa. Somos nosotras desde siempre, desde el año pasado. Y somos de tal forma que nunca, pero nunca nos hemos “terminado” de separar. Recaemos, y recaemos como si siempre fuera la primera vez, como si siempre estuviéramos recomenzando. El mundo gira a nuestro alrededor, el mundo y sus consecuencias.
Ambas somos fieles de una forma que nadie podrá nunca comprender en su totalidad (tampoco nosotras estamos muy “aware of this”). Aquellas mujeres con las que hemos estado “mientras tanto” seguimos siendo línea pasional (por no llamar pareja), ellas han necesitado de nuestro amantazgo, y nosotras no lo sabíamos, no podíamos intuirlo de esta forma. Ellas iban y venían, y nosotras seguíamos, seguimos.
Lo que más me espanta es el desperdicio de tiempo; el desperdicio de nuestra imaginación en formas de hacernos creer que no nos importamos, cuando sabemos, que tarde o temprano volvemos a caer en nuestra propia trampa.

De vuelta

Renata apareció en casa a la nochecita de ayer. Se apareció con su sonrisa gigante, varias cajas de alfajores cordobeses, materiales para sus muñecos.
- Hoola! quería pasar directo por acá, no quería ir hasta casa!! No aguantaba para verte, me dijo con ese tonito serrano entre burlón y alegre. Terminaba de decir esto mientras metía todo en el zaguán cuando se dio cuenta de mi cambio:
- Oh, no! Te pelaste! No me dijiste nada cuando hablamos!!
Nos abrazamos largo, largo. Me quería contar todo a la vez, e iba dejando retazos de relatos tirados por el living, por la cocina donde tomamos mates, en la cama a la que me fue empujando: “Cuando me puse el vestido pensé en vos, y me acordaba de esa sala de pruebas de Rita”. Mi deseo era ambiguo, era como que estaba en otra parte o que quería poder mirar desde afuera la situación. Me dijo que nunca había hecho el amor con alguien que se había pelado, y eso la excitaba, mucho.

A eso de las 10 de la noche, después de una ducha me dijo que tenía que ir a su casa, dejar todo el paqueterío y que su directora la llamaría. No me sonaba nada raro, o no me hubiera sonado nada raro, pero algo sonó adentro.
- Y no la podés llamar desde acá? le dije
- No, no quiero gastar tu teléfono y prefiero estar en casa ya que mañana tengo que ir temprano para Rosario.

En todos los relatos apareció un nombre recurrente, que me sonó cada vez más fuerte; es el nombre de una prima, en donde suele parar cada vez que va a Córdoba. Me quedé pensando en eso, me quedé pensando en varias cosas cuando cerré la puerta y escuché que el remise se iba.

Posted by tomas_e at 07:12:27 | Permalink | No Comments »

“Sigue al conejo blanco”

Lo recuerdo muy bien, Trinity le dice a Neo: “¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estas soñando? (…) Es la pregunta la que nos da fuerza. Es la duda la que te ha traído aquí.”

Así me siento: pura duda; y no hay píldora ni roja ni azul que sirva para llevarme hacia el final de la guarida del conejo blanco. Pero sí siento que tengo una enorme zanahoria frente a mi nariz, y que voy babeando tras ella: Melisa; y por el otro lado, como la querida Alicia, voy encontrando otras personas que tienen unos carteles que dicen: “Pruébame”; “Amame”; “Olvídame”.

Como Neo me despierto frente a la compu, ya habiendo perdido el registro del tiempo. Como él me debato entre escapar por la ventana o dejarme atrapar por los agentes. El vértigo del salto, la invitación a lo salvaje es exquisita, pero no estoy muy segura de querer seguir ese camino.
Por el otro lado estaba esa mixtura Renata que llegó a seducirme, a prometerme un tiempo de paz. No me importaría mi lugar de amantazgo, pero sí me gustaría tenerlo en claro.

El conejo mueve el rabo, me hace señas casi lisérgicas, y mis ojos se despedazan contra este monitor intentando encontrar las palabras que puedam decir este proceso por el que estoy pasando.

Bitter Sweet symphony (II)

Salí del cuarto lo más rápido que pude. Tenía entre ganas de vomitar y de gritar. La sensación fue muy extraña.
- ¿Vos te das cuenta que estás cayendo muy bajo Melisa? ¿Te das cuenta?
- No creo Elvira, sentí que debía decírtelo, pero sí, la forma, sí. No creo que Silvia inventara nada, en realidad es bien directa, y me pareció…
- Basta!!! le grité; basta!! ¿Cómo sé que no mentís porque sabés que ella está allá? ¿Cómo puedo saber si no es una treta tuya? ¿Cómo te puedo creer?
Caí sentada en la misma silla de la cocina. Sentí que Melisa venía hacia mi y le dije: No te acerques.
- Elvira, quiero que sepas que yo estoy, que siempre voy a estar.
- Callate por favor; si, como decís, me querés, callate.

No fue fácil irme, no fue fácil cerrar la puerta, ya no escuchar lo que estaba diciendo. Yo por mi parte no pude decirle nada, esa bomba que tiró me dejó casi sin pensamientos.
Renata vuelve de Córdoba el 28 de septiembre, vuelve del supuesto casamiento o de un real casamiento familiar.
No la conozco tanto como para decir que ella no sería capaz de engañarme; no la conozco tanto para poder haber entendido por qué con toda su capacidad para lo de los títeres, se queda en esta ciudad que te ahoga; no la conozco tanta para sospechar que siempre vuelve a Córdoba para “actuar”.

La sensación es amarga, no por su posible engaño, sino por verla a Melisa actuar de esa forma. Me descolocó, no lo esperaba.

malisimocoleccioncoleccionescoleccionistacoleccionistascanciones castrospiedradolmendolmenesmegalitosmegalito menhirespetroglifopetroglifoscomico comicacomicoscomicasrotulomusicalesportada portadas telefonotelefonostelefonica

Posted by tomas_e at 07:11:40 | Permalink | No Comments »

Bitter sweet sym phony (I)

Fuimos hasta el baño y Melisa con una jarrita con agua tibia me lavó la cabeza. Era como una especie de bautismo. Nos volvimos a acostar, después de que ella preparara unos mates. Sentí una especie de vértigo, ya que seguro vendría el hablar, el explicar. Había venido para eso. Había venido para enterarme de cosas que no quiero saber, pero bueno, esto forma parte de lo nuevo que quiero hacer. Puedo pensar en este re-encuentro como una recaída, pero es/fue mucho más.
- ¿No parecemos una pareja cualquiera, así en la cama, tomando mate? preguntó Melisa.
- No realmente no. Creo que somos dos minas con mucha energía interna!
Nos reímos un rato, hasta que su cara cambió.
- Lo de Silvia es una especie de prueba que me impuse…
- No sigas, por favor, le dije.
- Necesito decírtelo, ya que necesito descargarme. Fue muy loco, fue con alcohol de por medio, fue todo mal, pero amanecí un día en su cama, en su casa, después de una reunión. Y ahora, no ha pasado mucho, sabés, no sé cómo cortarlo para no lastimarla.
- ¿Me estás pidiendo un consejo? le dije levantámdome de la cama, y vistiéndome.
- No te pongas así, pero es que, no sé Elvira, quiero que lo nuestro quede claro, para ambas. Me gustaría saber sobre vos y Renata.
- Ah, no! esas no, Melisa. No la metas a ella aquí. ¿Querés saber para qué vine?
- Sí, me dijo mirándome fijo.
- Para ver al diablo a los ojos, para poder ver bien de cerca aquello que me tienta y no me deja ir, aquello en vos que me tiene atada, ¿lo entendés?
-….
- Cómo no lo vas a entender… me tenés en la palma de tu mano, siempre fue así, y yo voy y vengo como una tonta, como boluda enferma de amor. No me importa saber cómo terminaste con esa mina, no me importa, sabés? Lo único que quiero es poder decirte: chau, adiós, no te acerques más, no me sigas haciendo mierda.
- Elvira, te amo.
- Si es así, desaparecé de mi vida, y dejá que sólo pueda seguir lo lindo, lo que vivimos en los comienzos.
- ¿Amás a Renata?
- ¿Y qué mierda te importa eso? Es cuestión mía y de ella.
- Sí me importa, porque me estás haciendo ir, es como si me echaras de tu vida, pero no me termina de quedar en claro por qué. ¿Soy peligrosa? ¿Me tenés miedo?
- ¿Vos me estás cargando?
- Para nada Elvira.
- Vos sos ese pedazo de una daga que queda en el corazón y allí se oxida y te recuerda lo que puedo haber sido y no fue.
- Eso, Elvira, yo te cité para ofrecerte/nos una nueva posibilidad. Yo quiero estar con vos.
- Sabés Melisa, sos una especie de vampira. No me había dado cuenta hasta ahora. Sos muy sutil, muy seductora, te vas metiendo, despacio. Mirá, le dije, lo que creo es que tenemos una “cosa” muy fuerte en la cama, el deseo nos puede, no lo voy a negar, pero yo quiero más, y debo ver de qué manera y con quién, y por el momento lo estoy intentando con Renata.
- ¿De verdad? Me dijo con tono irónico. Vos disculpame, pero sabías que “tu” Renata tiene su pareja en Córdoba? ¿Te lo había dicho?
Sentí un frío frío, sentí por primera vez en mi vida que quería pegarle a alguien, me contuve. La miré mal, como preguntándole. Como rogándole que no sea tan yegua.
- Me contó Silvia, viste, son amigas por parte de la familia.

Brilla tú diamante loco (II)

Melisa iba desde la base de la nuca hasta arriba de la cabeza dejando un leve rastro de saliva tibia. Yo estaba dura, sentada en la silla, acorralada por sus manos, pero le fui acariciando sus dedos, se los recorría. Apuré como pude el resto de vino que me quedaba en el vaso, tenía la garganta seca.
- ¿Vos querés? me preguntó desde atrás.
- Si quiero qué?
- ¿Querés hacerlo conmigo?
No podía ser tan yegua, preguntarme justo eso en ese momento; me moví en la silla, me di vuelta y sólo encontré sus labios. Me quedé allí, entre lenta y salvaje.
- ¿Qué querés de mí Melisa? le dije mientras le seguía besando las comisuras de los labios, mientras mi lengua luchaba con la de ella.
- ¿No te diste cuenta todavía? Todo, Elvira, todo.
Me levantó de la silla, me abrazó por la cintura, y a los tropezones nos fuimos moviendo, fuimos yendo hacia el cuarto.
Le saqué su remera y ella se fue deteniendo en los botones de la camisa, estaba ansiosa, y yo me imaginaba por qué.
- Ey, otra sorpresa, estás sin corpiño! me dijo
- Viste, soy una mujer nueva, desprejuiciada, loca, caliente.
- No lo digas de nuevo, Elvira, que te rapto.
Fue rápido a ver mis pechos, buscando el que supo tener el piercing. “Voy hacer de cuenta que aún está”, me dijo, y en seguida su lengua, con su piercing estaban en acción.
Me enloqueció con ese beso en el pezón, cómo me apretaba las nalgas con sus manos. Fuimos cayendo hacia la cama, ya desnudas, ya entregadas.
Melisa me puso boca abajo (odio que lo hagan conmigo, me siento que pierdo el control de todo).
- Elvira, me gusta tu espalda. Si supiera la tatuaría; te haría un águila, un dragón, y besaría cada poro.
- Meli, dejame darme vuelta!
Ella sentada encima mío, sobre mi cola, tipo reina del mundo me decía: “No. Mucha veces quise tenerte así. Hoy me doy el gusto, hoy, si esta fuera la última vez, quiero darme el gusto de ver tu espalda, de lamerla (pasaba su lengua, y mi excitación ya era demasiada).
Después de un rato que me pareció un siglo me dejó se hizo a un lado, y fue subiendo por mi costado. Yo no termina de entender qué quería hacer, era como que quería jugar con mi cuerpo, que quería abarcarlo por todos los flancos posibles.
- Elvira, decime por qué tuvimos que lastimarnos tanto? me dijo mientras me acariciaba todo el brazo izquierdo.
- No sé, Melisa, quizá no estábamos listas para lo que teníamos para ofrecernos.
- Y ¿ahora?, se me subió encima y me miraba fijo. Y ahora?
- Ay Melisa, no sé; la quité de encima, irguiéndome un poco en la cama. Casi grité: “No lo sé” y me caí hacia atrás, dejando las piernas que colgaran de la cama.
Melisa subió y también se puso de frente, pero por arriba de mi cabeza, y acomodó la mía sobre su pubis. Me la acariciaba, me acariciaba la cara. Noté que su pubis se movía un poco, y que mi cabeza, iba bajando de nivel. Ni me di cuenta de lo que pasó hasta que pasó. Melisa se vino en mi cabeza; se apretó hacia ella, y acabó. Apenas pude darme vuelta, subir, abrazarla. Apenas me doy cuenta que con ese gesto parecía que ella, me estaba dando a luz.
Posted by tomas_e at 07:10:51 | Permalink | No Comments »